Las grandes posibilidades de la vitamina C según el Dr. Robert Frederick Klenner

Entre 1945 y 1949 Estados Unidos sufrió una epidemia de poliomielitis, enfermedad infecciosa que se achaca a un virus que ataca la médula espinal y provoca atrofia muscular y parálisis sin que los médicos supieran qué hacer. Pues bien, el Dr. Robert Frederick Klenner, que ya había logrado curar a muchos pacientes de neumonía viral inyectándoles en vena grandes dosis de vitamina C, decidió dar a 60 enfermos de poliomielitis temprana más de 2 gramos diarios durante 14 días y ninguno de ellos sufrió parálisis. Entusiasmado lo daría a conocer en una de las reuniones anuales de la Asociación Médica Americana pero su trabajo fue ignorado. Klenner lograría luego curar de la misma manera si bien con dosis mucho mayores casos de neumonía, meningitis, encefalitis, sarampión y otras enfermedades y además explicó que ello permite prevenir las hemorragias postparto, el sufrimiento cardíaco fetal y el dolor del parto. Su trabajo fue absurdamente desechado y es hora pues de darlo de nuevo a conocer.

Las grandes posibilidades de la vitamina C según el Dr. Robert Frederick Klenner

Si uno consulta en la web de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la página dedicada a Preguntas frecuentes sobre la poliomielitis (www.who.int/topics/poliomyelitis/faq/es) encontrará que a la pregunta de si se puede curar la respuesta es taxativa: “No, la poliomielitis no tiene cura”; para después añadir: “La poliomielitis solo se puede prevenir mediante inmunización. Se dispone de una vacuna segura y eficaz, la Vacuna Antipoliomielítica Oral (OPV). Ofrece a los niños una protección fundamental frente a la poliomielitis. Si se administra repetidamente protege a los niños de por vida”.

Pues bien, en un artículo titulado The folly in the continued use of a killed polio virus vaccine (La locura del uso continuo de una vacuna con el virus muerto de la polio) publicado en 1959 en Tri-State Medical Journal -órgano de la Tri-State Medical Society of Louisiana, Arkansas and Texas– el doctor Frederick Robert Klenner, cansado de ser ignorado por sus colegas, escribió: “En caso de enfermedad aguda el ácido ascórbico, en cantidades adecuadas durante todo el día, tanto por vía oral como inyectado, da lugar a una rápida recuperación. Creemos que el ácido ascórbico debe inyectarse en cantidades de entre 250 y 400 mg por kilo de peso cada 4-6 horas durante 48 horas. Y después cada 8-12 horas. La dosis por vía oral es la que pueda ser tolerada. A los que dicen que la polio no tiene cura les digo pues que mienten. La polio, en su fase aguda, se puede curar en 96 horas o menos. Ruego a alguien con autoridad que lo constate”. De más está decir que nadie se tomó la molestia de constatarlo.

¿Y quién fue Frederick R Klenner? ¿Cuál era la base de su convencimiento en la eficacia de la vitamina C tanto ingerida como inyectada por vía intravenosa en la curación de la polio y otras muchas patologías? ¿Qué fue de su investigación? Pues alguien cuyas vicisitudes deberían ocupar varias páginas en los libros de Historia de la Medicina junto a tantos y tantos otros que habiendo propuesto soluciones terapéuticas naturales a graves enfermedades fueron ignorados -cuando no vilipendiados e injuriados- a pesar de que con el tiempo se demostraría que tenían razón. Como Ignacio F. Smmelweis que murió despreciado por sugerir la necesidad de lavarse las manos para evitar infecciones antes de intervenir en los partos. O el mismísimo Alexander Fleming que descubrió la penicilina 1929 y tuvo que esperar hasta 1943 para que empezara a usarse y solo porque la II Guerra Mundial exigía tratamientos masivos dada la enorme cantidad de soldados cuyas heridas se infectaban y se optó por probar con ella.

Obviamente no todos los médicos e investigadores de otras disciplinas ignoraron a Klenner y fueron muchos los que la usaron. De hecho aunque su enorme eficacia sigue sin querer reconocerse hay quienes hoy la reivindican con trabajos serios y rigurosos. Como prueba léase el artículo que con el título Oscar Aguilera: «La vitamina C es anticancerígena» publicamos en el nº 195 en el que se da cuenta de cómo un experimentado investigador español, a pesar de los numerosos obstáculos que hubo de superar, consiguió recientemente publicar en Oncotarget un importante estudio que demuestra la eficacia antitumoral de la vitamina C en cáncer colorrectal quimiorresistente con el gen KRAS. Un descubrimiento trascendente porque avala y explica en buena medida los numerosos estudios realizados sobre la eficacia anticancerígena de la vitamina C -tanto ingerida como inyectada- pero también porque el gen KRAS mutado está igualmente presente en otros tumores, como los de pulmón, páncreas y tiroides. Trascendente y vital pero de nuevo ignorado porque se trata de un producto natural no patentable. Y sin embargo hace pocas semanas Newsweek publicó en su número de septiembre un artículo avalado por la Asociación Japonesa de Terapia Intravenosa titulado Altas dosis de vitamina C intravenosa cuyo subtítulo agregaba: ¿En qué consiste esta terapia de la que todo el mundo habla? Un trabajo en el que Atsuo Yanagisawa, presidente de la Asociación Japonesa de Terapia Intravenosa, asegura tajante: “A excepción de algunos tipos de cáncer extremadamente raros la vitamina C a altas dosis es muy eficaz en casi todos los tipos de cáncer».

Ha llegado pues el momento de reivindicar al doctor Klenner ya que fue el primero en establecer un protocolo contra el cáncer basado en esta vitamina.

LA GRAN EPIDEMIA DE POLIO

 Frederick Robert Klenner (22 de octubre de 1907 – 20 de mayo de 1984) se graduó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke de Durham (Carolina del Norte, EEUU) en 1936, hizo en él tres años de formación hospitalaria y se trasladó a ejercer la carrera a su ciudad natal, Reidsville, localidad del mismo estado. Se trataba de una época en la que ya había empezado a mostrarse cierto interés por la vitamina C a raíz de algunos experimentos con monos habiendo publicado el propio Departamento de Agricultura de Estados Unidos en su Food and Life Yearbook de 1939 un texto en el que se decía: “Aunque no haya síntoma externo alguno que denote problemas de salud una persona puede tener un peligroso déficit de vitamina C sin padecer escorbuto. Problema que si no se detecta y corrige a tiempo puede dañar dientes y huesos y -lo que es aún más grave- debilitar a la persona hasta el punto de no poder resistir y luchar contra infecciones no tan fácilmente curables como el escorbuto. Se necesitan cantidades infinitesimales pero sin ellas numerosos procesos corporales se deterioran con resultados que pueden llegar a ser fatales”. Pues bien, aquello llevaría a investigadores como Noel W. Jungeblut y William J. McCormick a barajar por primera vez la idea de utilizar grandes dosis de vitamina C para tratar diversas patologías pero sería Frederick Robert Klenner -que sepamos- el primero en atreverse a usarla en humanos.

Fue entonces cuando entre 1948 y 1949 Estados Unidos vivió una brutal epidemia de poliomielitis y Klenner presentó durante la reunión anual de la American Medical Association celebrada el 10 de junio de 1949 un estudio -que luego se publicaría JAMA en su edición del 3 de septiembre de ese año- detallando la curación completa de todos los pacientes con poliomielitis que trató mediante inyección intravenosa de vitamina C en forma de ascorbato sódico. Sin embargo, a pesar de haber obtenido el 100% de éxito en los 60 enfermos de poliomielitis tratados ninguno de los grandes especialistas presentes mostró el más mínimo interés. Era un producto eficaz, barato e inocuo… pero no patentable. Y además un conocido médico que luego saltaría a la fama, Albert B. Sabin, había publicado diez años antes -en 1939- los resultados de un estudio con monos Rhesus según el cual la vitamina C no es eficaz frente al virus de la polio. Así que se le dio a él más crédito por tener más fama y ser Klennet un médico local sin apoyos ni laboratorios que le apoyaran. Lo que nadie quiso entender es que Sabin no había utilizado las megadosis de vitamina C empleadas por Klenner y los trabajos no eran comparables. ¿El resultado? En el curso de las décadas siguientes millones de niños de todo el mundo sufrirían poliomielitis muriendo muchos y quedando otros con dramáticas secuelas a pesar de que en 1955 apareció la primera vacuna contra la polio -la intramuscular de Salk- y dos años después la vacuna oral, precisamente de Albert B Sabin. Ambas con carácter preventivo y no curativo como la vitamina C de Klenner.

Apenas un mes después de la comunicación dando cuenta de su éxito Klenner desvelaría altruistamente su protocolo en un artículo que con el título The Treatment of Poliomyelitis and Other Virus Diseases with Vitamin C (Tratamiento de la poliomielitis y otras enfermedades víricas con vitamina C) se publicaría en la edición de julio de 1949 del Journal of Southern Medicine and Surgery, texto en el que puede leerse: Durante la epidemia de poliomielitis de 1948 atendimos en Carolina del Norte 60 casos, pacientes que en todos o casi todos los casos presentaron estos signos y síntomas: fiebre superior a 38º -en algunos casos de más de 40º-, dolores de cabeza y de la zona posterior de los ojos, conjuntivitis, garganta escarlata, dolores en hombros, la parte posterior del cuello y una o más extremidades, la zona lumbar de la espalda, náuseas, vómitos y estreñimiento (…) El tratamiento empleado fue el de alta dosis de vitamina C cada 2 a 4 horas, como con cualquier otro antibiótico. Inicialmente de 1.000 a 2.000 mg según la edad. Los niños menores de 4 años recibieron las inyecciones por vía intramuscular (…) El protocolo se siguió durante 24 horas, tiempo tras el cual la fiebre descendió de forma consistente y partir de ese momento se les administró de 1.000 a 2.000 mg cada seis horas durante las siguientes 48 horas. A las 72 horas todos los pacientes estaban clínicamente bien aunque recayeron tres a los que se volvió a dar durante otras 48 horas de 1.000 a 2.000 mg cada 8-12 horas. Las punciones lumbares subsiguientes verificarían la recuperación tras la segunda ronda de tratamiento”. Cabe añadir que a los pacientes tratados en sus casas se les inyectó 2.000 mg de vitamina C cada seis horas e ingerir de 1.000 a 2.000 mg cada dos disolviendo la tableta en algún zumo de fruta.

¿Y cómo llegó Klennet a todo esto siendo un mero médico privado? Pues como en tantos otros casos por una experiencia personal: en 1942 su esposa sufrió un fuerte sangrado en las encías y el dentista le recomendó extraerse todos los dientes. Klenner recordó entonces haber leído que el uso de vitamina C en chimpancés con el mismo problema había dado buenos resultados así que antes de recurrir a la tortura de una extracción tan brutal le aplicó varias inyecciones de vitamina C y la hemorragia se detuvo. Animado por el resultado decidió probar un año después en un hombre a punto de morir de una neumonía viral, experiencia que publicaría en 1953 en The Journal of Applied Nutrition en un artículo titulado The use of Vitami C as a antibiotic (El uso de la vitamina C como antibiótico).

Nuestro interés en el uso como antibiótico de la vitamina C–escribió Klenner- comenzó hace diez años en una modesta casa rural. Allí un paciente que estaba recibiendo un tratamiento sintomático para la neumonía vírica había desarrollado repentinamente cianosis y ante su negativa a ser hospitalizado para recibir oxígeno como terapia de apoyo y el hecho de que los rayos-X se consideraban de dudoso valor terapéutico y además el departamento más cercano con tal equipo estaba a 69 millas le inyectamos dos gramos de vitamina C por vía intramuscular en la esperanza de que la condición anaeróbica de sus tejidos pudiera ser modificada por la acción catalítica de la vitamina C y ello ayudara a lograr una mejor respiración celular. Era una idea muy antigua pero funcionó. A los 30 minutos de administrársela -llevo siempre en mi maletín médico para tratar la diarrea de los niños- la respiración y el color característico pizarroso habían desaparecido. Seis horas más tarde encontré al paciente sentado en el borde de la cama disfrutando de la cena. Eran las 8 y su fiebre era tres grados menor de la que tenía a las 2 de la tarde. El cambio positivo fue tan rápido que nos hizo pensar que la vitamina C había jugado un papel mucho más importante que el de simple catalizador respiratorio. Le administré una segunda inyección de un gramo por la misma vía y luego cada seis horas durante los tres días siguientes. A las 36 horas el paciente estaba ya clínicamente bien. Y a partir de esa observación casual reunimos suficiente evidencia clínica como para probar inequívocamente que la vitamina C es un antibiótico eficaz en todo tipo de enfermedades víricas. Y además un adyuvante importante en el tratamiento de todas las demás enfermedades infecciosas”.

Entre 1943 y 1947 el Dr. Klenner informaría del éxito de su tratamiento en 41 casos más de neumonía viral usando dosis masivas de vitamina C. Y lógicamente, animado por su primera experiencia, siguió probando la eficacia de la vitamina C en otras enfermedades víricas, sobre todo en las infantiles. Especialmente cuando en la primavera de 1948 una epidemia de sarampión asoló su ciudad. Tan convencido estaba de que funcionaría que no dudó en utilizar de «cobayas» a sus dos hijas dejando que jugaran con niños que él sabía estaban en fase de contagio. Y luego, cuando comenzaron a desarrollar la enfermedad, les dio vitamina C. Así lo cuenta el propio Klenner: “Gracias a este experimento pude ver que la ingesta oral de 1.000 mg cada cuatro horas detiene el ataque y que eso no se logra con dosis inferiores. En cuanto les dimos cada 2 horas 1.000 mg la infección desapareció en apenas 48 horas. Asimismo vimos que si el tratamiento se interrumpe en ese momento durante un período similar -48 horas- el síndrome regresa. Observamos este ir y venir durante 30 días, momento en el cual les administramos durante cuatro días 1.000 mg cada 2 horas –a lo largo de las 24 horas- y la enfermedad desapareció sin recidiva”.

Experiencia que le sirvió para valorar la eficacia de la vitamina C y sus dosis y permitirle ese mismo año, cuando la poliomielitis asoló Carolina del Norte afectando a 2.518 personas, curar a los 60 pacientes que trató con inyecciones de la vitamina.

LA HISTORIA DE UNA INFAMIA

Robert Landwehr cuenta en un artículo titulado The Origin of the 42-Year Stonewall of Vitamin C (El origen de los 42 años de silenciamiento de la vitamina C) que se publicó en 1991 en Journal of Orthomolecular Medicine que durante la década de los cincuenta algunos médicos trataron a título personal sus casos de polio con el protocolo de Klenner y mientras los que utilizaron la vitamina C a dosis inferiores a las recomendadas no consiguieron generalmente el beneficio esperado los que siguieron el protocolo informaron de buenos resultados. El doctor de la Universidad de Suiza H. Bauer, por ejemplo, dio a conocer en 1952 que había logrado buenos resultados en sus pacientes de polio con inyecciones de entre 10 y 20 gramos de vitamina C diarios. Y lo mismo consiguió en 1955 el Dr. Edward Greer en cinco casos graves de polio. Y el Dr. Abram Hoffer sobre el que Landwehr escribe: «Hoffer recuerda que en un estudio controlado llevado a cabo en Gran Bretaña a finales de los años cincuenta con 70 jóvenes víctimas de la polio se confirmó la cura de Klenner. Todos los tratados con vitamina C se recuperaron por completo mientras un número significativo de los que no la recibieron sufrieron algún daño permanente. (Este estudio no fue publicado por cierto debido al éxito de las vacunas contra la polio). El mismo Dr. Klenner explicaría que había recibido decenas de cartas de médicos de Estados Unidos y Canadá corroborando sus sorprendentes resultados. Algunas de las cartas describen cómo curaron a sus propios hijos y otras cómo los médicos se habían curado a sí mismos”.

De hecho aún se conserva una carta de Klenner a M. G. Farnsworth –de los Laboratorios Farnsworth de Chicago- en la que decía: “Desde mi última comunicación he visto cuatro nuevos casos de poliomielitis. Todos se han recuperado por completo. Tres fueron atendidos en la etapa febril aguda utilizando 65 mg por kg de peso corporal (mediante inyección) cada 2 a 4 horas y la recuperación fue total en 48”.

Pero todos sus intentos fueron inútiles. Los organismos sanitarios de Estados Unidos ignoraron su trabajo no molestándose siquiera en constatar o refutar sus hallazgos. Ni siquiera se interesó la entonces todopoderosa The National Foundation for Infantile Paralysis fundada en 1938 por la víctima más famosa de la poliomielitis, el presidente Franklin Delano Roosevelt, que manejó millones de dólares en la búsqueda de una cura pero no invirtió un solo dólar en la investigación de Klenner.

Algo similar a lo que ocurre hoy con la Asociación Española contra el Cáncer que en realidad no dedica más que una ínfima parte de lo mucho que recauda a investigación y las pocas ayudas que da se entregan solo a quienes se mantienen en las líneas establecidas por la Oncología oficial. En su informe anual de 2015 la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) reconoce haber pasado de los 6’6 millones de euros destinados a investigación en 2014 a 7 millones en 2015. Y si tenemos en cuenta que según datos del informe de 2014 tuvo ese año unos ingresos de 43.720.000 euros la conclusión es que dedica solo un 15% de los ingresos a buscar soluciones contra el cáncer. Es pues inaudito que ningún representante político ni periodista español -excepción hecha de quienes trabajamos en esta revista- haya denunciando aun lo que está pasando.

En el caso de Klenner el resultado del silencio de las instituciones fue que después de 1949 las epidemias de polio continuaron cobrándose su terrible peaje. El peor año en Estados Unidos fue 1952 con 57.628 casos. Y por inexplicable que resulte teniendo en cuenta que logró curar a todos los enfermos que trató en ninguno de los cinco congresos internacionales sobre poliomielitis convocados cada tres años desde 1948 hasta 1960 para hacer frente a las epidemias de poliomielitis en el mundo se dedicó un solo minuto o una sola línea a la vitamina C y a su propuesta. Ni siquiera para rebatirla.

Y no solo quedaron sin atender los millones de niños afectados por la polio pues son muchas más las enfermedades infecciosas que igualmente pueden tratarse con vitamina C. Algunas de ellas se citan en el trabajo The Treatment of Poliomyelitis and Other Virus Diseases with Vitamin C. En él se habla de ocho casos de herpes zóster de los que en siete el dolor cesó en solo dos horas, las vesículas se secaron en 24 y las lesiones desaparecieron a las 72. Se cuenta asimismo el caso de un enfermo de varicela cuyas vesículas se secaron y las costras cayeron en apenas 24 horas restableciéndose por completo el paciente en cuatro días. También se da cuenta de 33 casos de paperas tratados con ácido ascórbico consiguiéndose hacer desaparecer la fiebre en 24 horas, el dolor a las 36 y la inflamación entre 48 y 72. Es más, cuando durante una epidemia de sarampión se utilizó vitamina C de forma profiláctica ninguno de los niños que recibió 1.000 mg. cada seis horas -por vena o inyectada- se contagió. Y especialmente significativos fueron los resultados frente al virus de la encefalitis: los seis casos tratados se curaron. Los datos y dosis utilizadas en cada caso se encuentran en los artículos citados y ya va siendo hora de que los investigadores actuales se atrevan a confrontarlos.

USOS INDEFINIDOS

Klenner moriría en 1984 defendiendo el gran potencial de la vitamina C, triste sin duda al comprobar que sus esfuerzos y descubrimientos no habían sido valorados. A nuestro juicio uno de sus más significativos trabajos fue el que con el título Observations On the Dose and Administration of Ascorbic Acid When Employed Beyond the Range of A Vitamin In Human Pathology (Observaciones sobre las dosis en la administración de ácido ascórbico cuando se emplea más allá de su uso como vitamina en las patologías humanas) publicó en The Journal of Applied Nutrition. Texto en el que escribió lo siguiente: “El ácido ascórbico tiene muchas e importantes funciones. Administrado para determinadas condiciones patológicas por vía intravenosa con una aguja de calibre 20 en grandes cantidades -de 50 a 150 gramos- actúa como un ‘oxidante inmediato’ corrigiendo a menudo la enfermedad en cuestión de minutos. El ácido ascórbico es además un potente agente reductor; neutraliza toxinas, exotoxinas, endotoxinas, virus e histaminas ajustando su cantidad a la del factor patógeno involucrado. A veces se necesita también inyectar vitamina C por vía intramuscular pero se debe administrar al mismo tiempo por vía oral”.

Al lector tales cantidades de vitamina C le parecerán enormes ya que nuestras autoridades nos dicen que la Ingesta Diaria Recomendada (IDR) -establecida por la FDA- es de 60 mg si se está sano y de hasta 90 mg si se está enfermo -75 mg en el caso de las mujeres- salvo que haya peligro de escorbuto o se den otras circunstancias como el tabaquismo, el consumo de alcohol, una recuperación quirúrgica, problemas renales, estrés fisiológico, pérdida de vitamina C a través de las heces, etc. Algo con lo que Klenner –al igual que el dos veces Premio Nobel Linus Pauling– discrepaba: “Los requerimientos -explicó en El uso de la vitamina C como antibiótico- dependen del peso de la persona pero también de la actividad metabólica en la que el crecimiento juega un papel importante. La falta de higiene, el hacinamiento, la humedad y el trabajo físico intenso -incluido el juego- favorecen su escasez (…) Es pues necesario hacer hincapié en la importancia de prevenir eso mediante una dieta adecuada. Y los padres deben saber que las bebidas comerciales de naranja que no contienen zumo recién exprimido están prácticamente libres de ácido ascórbico. Hay que alejarse de las bebidas gaseosas y volver a los días de la ‘vieja moda’ de los zumos cítricos”. Klenner recomendó de hecho a los padres que acostumbraran a sus hijos a tomar muchos zumos de frutas… sin duda porque los trabajos que demuestran que el exceso puede producir acidificación, obesidad, diabetes y acumulación de ácido úrico aun no se habían publicado.

En fin, la investigación de Klenner ha quedado reflejada en 28 trabajos en los que aborda la curación con vitamina C de prácticamente todo tipo de patologías: infecciosas, cardiovasculares, gastrointestinales, fiebre reumática, escarlatina, poliomielitis aguda, pancreatitis crónica, tosferina, tuberculosis, daños relacionados con el embarazo y el parto, esclerosis múltiple y muchas otras. Recomendando asimismo su uso tanto en el pre como en el post-operatorio, tras la ingesta de venenos y de las picaduras de serpientes -excepto en los casos de la cobra y la serpiente coral- e incluso para revertir los daños provocados por las radiaciones. Y es que ya en diciembre de 1957 aseguraría -en un artículo publicado en Tri-State Medical Journal- cómo afrontar el envenenamiento causado por la viuda negra, araña venenosa cuya picadura puede ser mortal. Lo constató cuando a una paciente suya de tres años y medio que se encontraba cada vez peor y llevaba 24 horas sufriendo calambres abdominales que los padres achacaban a una posible intoxicación alimentaria le subió aun más la fiebre y empezó a padecer fuertes dolores en el abdomen. Examinada concienzudamente por el doctor Klenner éste localizaría en su cuerpo dos pequeños puntos en el abdomen -marcas características de la picadura de la viuda negra- e inmediatamente le inyectó por vía intravenosa un gramo de gluconato de calcio y 4 de vitamina C. Seis horas después la fiebre había bajado y se la inyectaron otros cuatro gramos de vitamina C. Y poco a poco, en las siguientes seis horas, la temperatura bajó a 37º y comenzó a poder tragar líquidos. Al día siguiente estaba activa y el 50% de la decoloración había desaparecido. Volvió a recibir otros 4 gramos de vitamina C por vía intravenosa y 3 gramos por vía intramuscular. Luego, ya en casa, continuó tomando un gramo cada tres o cuatro horas hasta que se recuperó totalmente. Klenner trataría así con éxito otros casos de picaduras presuntamente mortales y pidió entonces que los servicios de emergencia se dotaran de los elementos necesarios para poder poner a las personas que recibieran picaduras venenosas potencialmente mortales 7’5 gramos de ascorbato de sodio por vía intravenosa. No se le hizo caso y ello le llevó a escribir: “Hay médicos que prefieren mantenerse al margen y ver a su paciente morir antes que utilizar ácido ascórbico porque en sus limitadas mentes no se trata más que de una vitamina”.

Incluso estableció un protocolo para quemaduras graves que incluía entre otros elementos terapéuticos una solución al 3% de ácido ascórbico para pulverizar el área quemada cada 2 o 4 horas durante unos cinco días y paralelamente administrarle por vía oral e intravenosa vitamina C. Y es que según aseveraba la vitamina C destruye las exotoxinas tanto a nivel local como sistémico eliminando incluso el dolor y ayudando a las células viables a multiplicarse para configurar nuevos tejidos.

SOLUCIÓN NATURAL PARA EL CÁNCER

 Klenner también desarrollaría un protocolo para el tratamiento del cáncer que se incluyó en el artículo Clinical Guide to the Use of Vitamin C, The Clinical Experiences of Frederick R. Klenner, M.D (Guía clínica para el uso de la vitamina C. Las experiencias clínicas del Dr. Frederick R. Klenner) escrito por el doctor Lendon H. Smith. Su protocolo, disponible en internet para quienes deseen consultar el artículo, recoge cómo usar la vitamina C a nivel intravenoso y otras propuestas que sorprenden por su capacidad para anticipar conocimientos muy posteriores. Con carácter genérico el núcleo central de su propuesta es dar al paciente 45 gramos de ascorbato de sodio por vía intravenosa cada doce horas durante un mes. Después utiliza de 60 a 65 gramos en 500 cc de solución salina normal durante cinco días a la semana hasta la cura final que, por lo general, puede llevar un mínimo de cinco meses. Y completa el tratamiento con la ingesta de ascorbato sódico -5, 10 o 20 gramos diarios dependiendo de la tolerancia del paciente- junto con vitaminas de los grupos A y B.

Lo llamativo es que también incide en los aspectos emocionales y nutricionales, tan poco valorados aún hoy por los oncólogos. “Debe seguirse -diría- una dieta alta en proteínas de carne blanca e hígado de pollo, pescado fresco y huevos sin cáscara marrón; la carne de vaca puede tomarse una vez a la semana. Nada de azúcar ni de almidones. Se permiten las frutas y los zumos de fruta. Las almendras son excelentes”. Afirmación llamativa porque resulta que éstas son ricas en vitamina B17, potente anticancerígeno (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Sorprendente tratamiento del cáncer con vitamina B17 y un compuesto de plantas publicamos en el nº 64). ”Deben masticarse diariamente entre 30 y 40 almendras de albaricoque -en pequeñas dosis- hasta que en cada ocasión la boca tenga sabor a almendra amarga. En ese momento hay que reducir la dosis a la mitad. Al entrar en contacto con el ácido estomacal se formará cianuro y éste matará las células cancerosas mien tras la vitamina C protege las células sanas de sus efectos letales. Es el antídoto. Además hay disponibles comprimidos de 500 mg de vitamina B17 por lo que también puede optarse por tomarse uno tras cada comida y otro antes de ir a dormir”.

De más está decir que al igual que ocurrió con la polio su tratamiento para el cáncer fue ignorado durante décadas aunque investigadores como el ya citado Linus Pauling, Edward Cameron, Mark Levin, Hugh Riordan y otros trataran luego de convencer a la comunidad médica de las grandes posibilidades del uso de la vitamina C por vía intravenosa (si quiere saber más sobre ello lea en nuestra web los artículos La vitamina C, enormemente eficaz en el tratamiento del cáncer, Incuestionable eficacia de la vitamina C intravenosa en el tratamiento del cáncer y Óscar Aguilera: «La vitamina C es anticancerígena aparecidos en los números 77, 118 y 195 respectivamente.

Afortunadamente las cosas -al menos fuera de España- parecen empezar a cambiar. Buena prueba de ello es el artículo aparecido en el número de septiembre de Newsweek que en su edición de Japón aparece con el título Altas dosis de vitamina C intravenosa y el subtítulo ¿En qué consiste esta terapia de la que todo el mundo habla? Texto que comienza con un llamativo dato: “El tratamiento mínimamente invasivo del cáncer se ha convertido en un tema candente en Estados Unidos y el tratamiento que más se está extendiendo por todo el continente se conoce como ‘Terapia a dosis altas de vitamina C intravenosa’. Se trata de inyectar megadosis de vitamina C (ácido ascórbico) en vena para tratar de matar así las células cancerosas. Ya se utiliza en combinación con los tratamientos oncológicos en etapas tempranas, el seguimiento de tratamientos preoperatorios y postoperatorios, la quimioterapia y la radioterapia. Y en los casos avanzados en los que no parece haber ya ningún tratamiento disponible la terapia de la vitamina C está abriéndose hueco como tratamiento para diversas circunstancias. No es necesaria cirugía ni afrontar los efectos secundarios de los medicamentos contra el cáncer; solo tienes que relajarte en una cama o en una silla reclinable durante aproximadamente una hora y dejar que entre la infusión intravenosa. Un tratamiento mínimamente invasivo para afrontar el cáncer”.

Klenner estaría encantado porque el artículo lo avala el ya citado doctor japonés Atsuo Yanagisawa, presidente de la Asociación Japonesa de Terapia Intravenosa y de la Sociedad Internacional de Medicina Ortomolecular además de miembro del Colegio Americano de Cardiología y director del Centro International de Educación sobre Medicina Integrativa. Y es que el Dr. Yanagisawa afirma que salvo en algunos tipos de cáncer muy raros la vitamina C a altas dosis es eficaz en todos los demás y debiera usarse tan pronto se le diagnostica cáncer a alguien. Asegurando que de hecho ya se está utilizando en muchos sitios antes y después de aplicar quimioterapia y radioterapia. Eso sí, matiza lo siguiente: “En las enfermedades de progresión rápida -como el cáncer de páncreas- debe administrarse en días consecutivos mientras en los cánceres de progresión lenta -como el cáncer de próstata- la regla básica es administrar la vitamina C una vez por semana. La frecuencia y cantidad de la terapia deben ajustarse además al grado de progresión y estadio alcanzado por el tumor”.

En fin, como sabemos que habrá quien dude de todo esto terminamos indicando que en el artículo antes citado se incluye un recuadro en el que se da cuenta de los centros estadounidenses en los que actualmente se está realizando investigación clínica sobre la aplicación intravenosa de vitamina C en cánceres de pulmón, colorrectal, páncreas, hígado, pecho, ovario, próstata, linfoma maligno, cerebro, cánceres resistentes a la quimioterapia y cánceres en sus estadios finales. Parece pues que la semilla plantada por Klenner empieza fructificar. ¿Ocurrirá lo mismo en España o tendremos aquí que esperar otros cincuenta años para que nuestros oncólogos apuesten por la terapia intravenosa con vitamina C?

Terminamos este texto advirtiendo que aunque en los escritos de Klenner se dice que utilizaba ácido ascórbico tanto por vía oral como intramuscular e intravenosa no es en modo alguno apropiado hacerlo en estos dos últimos casos. De forma intramuscular e intravenosa debe usarse solo vitamina C en forma de ascorbato sódico. El doctor Robert F. Cathcart, quien trató personalmente a Klenner y a su mujer, Annie, que trabajaba con él como enfermera, explica en su web que en realidad éste usaba en ambos casos ascorbato sódico (pinche si desea comprobarlo en www.doctoryourself.com/klennerpaper.html)

Antonio F. Muro

 

BIBLIOGRAFÍA CIENTÍFICA SOBRE LA UTILIDAD DE LA VITAMINA C EN CÁNCER

1. Ensayo clínico en diversos tipos de tumores. Pacientes terminales tratados con quimioterapia. Autores Linus Paulind y Ewan cameron
http://www.pnas.org/content/73/10/3685.full.pdf
2-.Ensayo de vitamona C intravenosa en tres casos clínicos.
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1405876/
3. Efecto de la vitamiona C en Melanoma maligno. Publicado en Nature
http://www.nature.com/nature/journal/v284/n5757/abs/284629a0.html
4.Acción selectiva de la vitamina C en cáncer-. Publicado en PNAS
http://www.pnas.org/content/102/38/13604.full.pdf
5 Ensayo clínico con vitamina C en pacientes de cáncer de mama tratados con quimio
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22021693
6 IMPORTANTÍSIMO: LISTA DE ENSAYOS CLÍNICPOS CON VITAMINA C TERMINADOS Y EN FASE DE RECLUTAMIENTO DE PACIENTES
https://www.clinicaltrials.gov/ct2/results?term=intravenous+vitamin+C+cancer
7. Efecto de la vitamina c en líneas tumorales d ediverso origen
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18678913
8. Vitamina C frente a células quimiorresistentes de colon. Publicado este año en science
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26541605
9. Efectos de la vitamina C en cáncer de ovario. Publicado en Cancer Discovery
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24706666
10. Nuevamente en pacientes: vitamina C y cáncer de Ovario
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24500406

Este reportaje aparece en
Portada Numero 199 Diciembre 2016 Discovery Dsalud
199
Diciembre 2016
Ver número