Los daños para la salud de la tecnología 5G y su relación con la pandemia

La tecnología 5G se llama así porque permite velocidades reales de 5 Gbps utilizando radiaciones electromagnéticas de frecuencia extremadamente alta además de las de radio de banda baja y media pero es aún más peligrosa para la salud que la 4G. Está constatado que provoca muchos problemas que la industria se ha ocupado de minimizar silenciando o descalificando a los científicos y expertos que desde hace años lo advierten y “convenciendo” a quienes toman las decisiones sobre su autorización de que no es peligrosa. Pues bien, hay motivos para afirmar que puede haber agravado la situación de las personas con el sistema inmune más debilitado habiendo incluso quienes postulan que ha sido la principal causa de la pandemia que asola al mundo y se achaca a un virus cuya existencia unos niegan y otros aceptan pero negando que sea tan patógeno.

5G

En septiembre de 2017 unos ciento ochenta científicos de 35 países -luego lo harían muchos más- firmaron un manifiesto pidiendo a las autoridades europeas que no permitieran implantar la tecnología 5G hasta que investigadores independientes indagaran a fondo sus potenciales riesgos para la salud y el medio ambiente. Y lo hicieron recordando que hay unos 2.000 artículos científicos revisados por pares que confirman que incluso las tecnologías 2G, 3G y 4G así como los Wi-Fi causan daños a la salud en humanos pero también en animales como las abejas y los pájaros, en los huevos y hasta en los árboles y otros vegetales.

Inicialmente se constató que las radiaciones electromagnéticas producen estrés celular y aumentan el riesgo de daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductor, trastornos neurológicos y cáncer. Posteriormente Martin Pall, Profesor Emérito de Bioquímica y Ciencias Médicas Básicas de la Washington State University, miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD y autor de siete estudios sobre el tema agregaría que los sensores de voltaje de cada célula -reguladores de la entrada del calcio- son muy sensibles a las radiofrecuencias y a las radiaciones electromagnéticas por lo que pueden impactar negativamente de forma masiva en la biología celular. De hecho asevera que pueden provocar ceguera al provocar cataratas, degeneración macular, glaucoma y desprendimiento de retina, pérdidas de audición, tinnitus, infertilidad masculina, disfunciones en los sistemas nervioso periférico y hormonal, melanomas, leucemias y otros tipos de cáncer y además deprimir el sistema inmune. Y otros investigadores que las radiofrecuencias de móviles y antenas pueden dar lugar a problemas conductuales, cognitivos y anímicos que ya están provocando en niños dificultad para conciliar el sueño, menor rendimiento escolar, aislamiento, depresión, déficit de atención, hiperactividad, pasividad, agresividad, fobias y hasta intentos de suicidio.

La Dra. Cindy Russell publicó por su parte un estudio en el que afirma que las ondas milimétricas de la tecnología 5G tienen profundos efectos en todos los sistemas biológicos, incluyendo células, bacterias, levaduras, animales y humanos. Algunos claramente térmicos pero otros no térmicos incluso a bajas intensidades; entre ellos cambios en el ritmo cardíaco, efectos teratogénicos (anomalías durante la gestación), infecciones bacterianas y resistencia a los antibióticos, cataratas, alteraciones del sistema inmune y alteraciones de la cromatina (complejo de ADN y proteínas que forma cromosomas dentro del núcleo de las células).

Pues bien, hemos contactado ahora con la ingeniera industrial, máster en Ingeniería Biomédica y doctora en Biomedicina Ana María Oliva que hizo su tesis doctoral sobre el efecto de los campos eléctricos en las células para saber si conocía esos trabajos y cómo es posible que aun se nieguen los potenciales efectos negativos de la tecnología 5G siendo mucho más potente que la anterior y fue contundente al respecto:

-Negar la evidencia científica de los efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas de las tecnologías inalámbricas solo lo hace alguien al que no le importa demostrar en público que es un ignorante. Afectan negativamente a los sistemas nervioso, neuronal, respiratorio, endocrino, hormonal y metabólico. Y producen daño por estrés oxidante afectando mucho en los casos de enfermedades crónicas. Se sabe incluso que dañan directamente el ADN de las células produciendo mutaciones genéticas.

-Luego también pueden provocar efectivamente cáncer…

-Hay relación directa con el aumento de tumores cerebrales, disminución de la fertilidad -masculina y femenina-, problemas en el embarazo -incluyendo abortos-, problemas en el desarrollo de niños, autismo, irritabilidad, disminución de la capacidad de pensar con claridad, aumento de la miopía y otros problemas en los ojos, disminución del sistema inmune, problemas en la piel, cansancio, dolor muscular… La lista es enorme.

-Es decir, pueden romper la homeostasis del organismo.

-Exacto. Pueden desequilibrarlo por completo. Las radiaciones electromagnéticas tienen un agravante: actúan de forma sinérgica con otros contaminantes. Los efectos sinérgicos de las radiaciones con las toxinas son mucho más dañinos que los que provocan por separado. Obviamente como cada persona es diferente ese desequilibrio se manifestará de forma distinta en función de cómo esté la persona. Una cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. Y los niños serán, lamentablemente, los que más se verán afectados.

-Hemos comprobado que la mayoría de los médicos no entiende que las radiaciones electromagnéticas puedan afectar al organismo.

-Porque en las facultades de Medicina no se enseña Física y tienen una visión del cuerpo puramente biológica y basada en procesos bioquímicos. Sin embargo nuestras células, tejidos y órganos se comunican electromagnéticamente. En esta otra visión se basan precisamente los electrocardiogramas, los electroencefalogramas, la resonancia magnética, las tomografías computarizadas y otros muchos aparatos médicos. El Premio Nobel Albert Szent-Györgyi demostró hace ya mucho tiempo que las proteínas son semiconductoras y son innumerables los científicos que utilizan ya al hablar de las disfunciones de nuestros organismos conceptos como voltaje, potencia, ondas, frecuencias, coherencia, resonancia…

-Se sigue alegando que la 5G -como las anteriores tecnologías- solo tienen un posible efecto perjudicial de tipo térmico.

-Porque es el único efecto negativo admitido por las entidades reguladoras, controladas por las grandes industrias. Alegan que los demás efectos no están suficientemente demostrados a nivel científico porque la demostración no es sencilla. Uno puede estudiar in vitro sus efectos en células y valorarlo en animales pero difícilmente en humanos porque exigiría someterlos a radiaciones utilizándolos como cobayas. Así que la legislación solo valora el calentamiento de los tejidos que provoca la exposición a las microondas e ignora todo lo demás. Las actuales regulaciones solo tienen en cuenta lo que decidió la Comisión Internacional para la Protección contra Radiaciones no Ionizantes de 1996. Luego aparecieron muchos trabajos sobre sus efectos adversos -los no térmicos- pero se desecharon injustificadamente sin argumentos científicamente serios. Y para no quedar en evidencia se niegan a hacer investigaciones y descalifican las que han hecho personas y grupos privados.

-¿Por ejemplo?

-Silencian e ignoran muchas investigaciones, algunas de las cuales son muy interesantes. Como las de Anirban Bandyopadhyay en Japón que explica cómo el funcionamiento del cerebro se basa en vibraciones coherentes de los microtúbulos -componentes de la célula que intervienen en numerosos procesos biológicos- y cómo cada frecuencia está anidada dentro de otras frecuencias formando un todo coherente. Hay además otros científicos -como Emilio del Giudice en Italia o Gerald Pollack en Estados Unidos- que recuerdan la importancia de la estructura del agua biológica para sostener esas radiaciones. Y son solo unos ejemplos porque ¡hay mucha ciencia sobre la fisiología electromagnética! Cuando la empiezas a conocer te das cuenta de que el ambiente electromagnético artificial que hemos creado genera muchas interferencias con nuestro propio sistema. Ahí está de hecho el problema de la electropolución. Cuando las radiaciones electromagnéticas interfieren con las de nuestro cuerpo perdemos la homeostasis y si estamos «fuertes» podemos volver a recuperar el equilibrio pero si no es así y además estamos muy intoxicados los daños pueden ser permanentes e incluso fatales.

-Cada vez hay de hecho más personas que padecen electrosensibilidad.

-Y es un problema grave que se está extendiendo.

-Algunos expertos empiezan a aseverar que la tecnología 5G puede transformar virus benignos en patógenos llegando algunos a decir que la puesta en marcha de esta tecnología es lo que ha hecho que la actual pandemia achacada al SARS-CoV-2 sea tan agresiva. De hecho los países más afectados son aquellos en los que antes se ha empezado a implantar la 5G: China, Corea del Sur, Irán, Estados Unidos, Italia, España, Alemania, Inglaterra y Francia.

-Desde luego es un asunto a estudiar seriamente. Los virus no son seres vivos sino fragmentos de ADN o ARN, códigos genéticos de información así que ¿cómo va a ser un «virus» maligno? Se trata de secuencias del código genético, de «mensajes» que se transmiten entre individuos de la misma especie. Permiten construir cadenas genéticas nuevas y modificar otras; y si un organismo los activa lo hace para recuperar el equilibrio perdido. Pues bien, esa «información» genética -que puede ser solo de ARN o de ADN- y que los biólogos llaman “virus” puede ser endógena -ya existente en tu propio ADN- o exógena -proveniente del exterior-; y si tu cuerpo la «lee» se producirán algunos cambios. Algo que solo puede provocar problemas en un organismo si está desequilibrado, muy intoxicado o con las defensas bajas. ¿Pueden además las ondas milimétricas de la tecnología 5G provocar por sí mismas las disfunciones que dicen provoca el SARS-CoV-2 o, al menos, agravarlas. Pues no puedo afirmarlo pero no es descartable. Sé que hay investigadores que afirman que a 60 GHz -la frecuencia de la 5G- se activan los virus Epstein-Barr latentes en la persona y que ello afecta además a la disponibilidad de oxígeno por el organismo pudiendo dar lugar a estrés oxidante e hiper-inflamación que exacerbaría las neumonías haciéndolas más letales. Es una tesis con fundamento que hay que investigar. Como hay que investigar el papel que en todo ello juega el microbioma. A fin de cuentas está constatado por ejemplo que puede estimularse la producción de diversos microorganismos emitiendo sobre ellos determinadas frecuencias. Algo que puede ser positivo… o negativo si se desequilibra la microbiota. Las bacterias son fundamentales para la vida porque de hecho tenemos diez veces más bacterias que células. Y si las radiaciones electromagnéticas les afectan negativamente perderemos antes o después la salud.

-Se dice que el SARS-Cov-2 provoca los mismos síntomas de una gripe y afecta gravemente solo a las personas mayores con un sistema inmune debilitado o con patologías previas. Oficialmente se reconoce que la inmensa mayoría de enfermos y muertos tiene -o tenía- más de 70-80 años. ¿Cuál es su parecer sobre lo que está pasando?

-Que si realmente la causa es un virus tiene que haber sido creado en laboratorio. Y que si las radiaciones de la tecnología 5G afectan a personas intoxicadas, asustadas, deprimidas y con inmunodeficiencia pueden causar por sí mismas problemas respiratorios al afectar al oxígeno o agravar los problemas ya existentes; especialmente entre quienes sufrían ya patologías previas.

RELACIÓN DE LA COVID-19 CON LA TECNOLOGÍA 5G

En nuestra revista se explicó hace ya muchos años que la exposición continua de un ser vivo a campos y radiaciones electromagnéticas puede hacer que el spin de muchas moléculas modifique su giro provocando bloqueos bioenergéticos que den lugar a muy diversos problemas en células, tejidos y órganos. Y a uno de los que más afecta es al spin de la molécula del hierro que se invierte y pasa de dextrógiro a levógiro afectando al correcto funcionamiento de la hemoglobina. De hecho eso puede detectarse desde hace tiempo con un aparato como el Mora que permite localizar y anular esas situaciones de bloqueo llegando a corregir incluso las modificaciones en el giro de los electrones como demostraron sus creadores, Franz Morell y Erich Rasche, pioneros en el uso de las frecuencias como herramientas terapéuticas.

Se trata de un conocimiento que ha sido inconcebiblemente ignorado a pesar de que sus fundamentos los explicó en detalle el finado físico alemán Fritz-Albert Popp -falleció en agosto de 2018-, doctor en Física Experimental y excatedrático de la germana Universidad de Marburgo que dirigió varios grupos de investigación tanto en el Instituto de Biología Celular como en el Centro de Tecnología de la Universidad de Kaiserslautern y fundó el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss (Alemania) tras especializarse en el estudio de los biofotones, conocimiento que plasmó en numerosos trabajos y en la obra que publicó en 1989 titulada Biología de la Luz.

Todos ellos explican que en nuestros cuerpos hay multitud de campos electromagnéticos que vibran a frecuencias concretas estando naturalmente interconectados y en equilibrio y pueden verse distorsionados por radiaciones externas alterando su funcionamiento bioenergético y, como consecuencia, el bioquímico y biológico. Alteraciones de las que puede recuperarse autorregulándose salvo que las interferencias sean continuas porque en tal caso empezarán a fallar tejidos y órganos. Y es que como bien dijo premio Nobel de Química de 1977 Ilia Prigoginela materia no es más que energía condensada rodeada de un campo magnético y cualquier modificación que se produzca en el campo físico del cuerpo humano modifica su campo electromagnético”.

Cabe agregar que las radiaciones electromagnéticas pueden provocar estrés oxidativo alterando el pH de los tejidos y ello dar lugar a problemas tanto para absorber nutrientes como para eliminar toxinas. Es más, se postula que podrían ser causa de la producción endógena masiva de especies reactivas derivadas del oxígeno (radicales libres) al cambiar el sentido de rotación de los electrones. Luego la tesis de que la tecnología 5G puede estar muy relacionada con la pandemia que dicen afecta al mundo no es en absoluto descartable. Todo lo contrario.

Terminamos este texto dando cuenta del trabajo dado a conocer a mediados de abril por el biólogo español especializado en Microbiología que trabajó e investigó en los laboratorios Hubber con bacterias y virus de la viruela Bartomeu Payeras i Cifre, profesor de Matemáticas, Física y Química y creador del Departamento de Microbiología Marina del Laboratorio Oceanográfico de Palma de Mallorca. Su trabajo se titula Estudio de la relación entre el número de casos de coronavirus/1000 h. y la localización antenas 5G y según sus conclusiones -iniciales- «los resultados obtenidos demuestran con toda rotundidad una clara y estrecha relación entre el índice de casos de coronavirus y la ubicación de antenas 5G«. Explica que San Marino fue el primer estado del mundo en implantar la 5G, es también el que más «contagiados» tiene y la probabilidad de que eso suceda por azar es de 1 entre 37.636. Destaca asimismo entre sus conclusiones una: que es muy significativo que en el continente africano, con escasos recursos sanitarios pero sin 5G, el índice de casos sea bajísimo excepto en la República de Sudáfrica que es donde hay más antenas instaladas

Jesús García Blanca

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