¿Puede detectarse con nanotecnología el “virus del SIDA” cuando nunca se ha aislado?

SIDA

El pasado 15 de febrero el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) anunció que un equipo integrado por los investigadores Javier Tamayo, Monserrat Calleja, Priscila Kosaka y el doctorando Valerio Pini habían desarrollado “un biosensor que puede llegar a detectar el VIH tipo 1 durante la primera semana después de la infección”. Precisando a continuación que “los experimentos, realizados con suero humano detectan el antígeno p24, una proteína presente en el virus del VIH-1” y que el método -que han patentado la detecta en concentraciones cien mil veces inferiores a los sistemas actuales en menos de cinco horas. “Existen dos formas para detectar el VIH en sangre -añaden en su nota-. La infección puede ser diagnosticada mediante la detección de ARN viral por las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos o al detectar p24 con los inmunoensayos de cuarta generación”. Es decir, se trata de dos formas de detectar la p24 (las proteínas reciben su denominación según su peso molecular medido en daltons) aseverando que se trata de una proteína específica del VIH…. algo completamente falso.

Para empezar, la amplificación de ácidos nucleicos requiere para ser plausible una concentración de entre 20 y 35 copias de ARN por mililitro de sangre y ello implica que deben haber pasado unas dos semanas desde la presunta infección por el retrovirus. Y el segundo método se basa en reacciones inmunológicas que precisan de una concentración de anticuerpos que según los propios expertos en SIDA no se da hasta al menos la tercera o cuarta semana desde la infección. ¿Cómo va pues a poderse detectar una supuesta infección en menos de una semana como afirman? Pues según aseveran porque son capaces de “detectar p24 en concentraciones cien mil veces inferiores que la última generación de inmunoensayos aprobados y cien veces inferiores que los métodos de detección en sangre de ARN viral”. Algo que afirman es posible porque su técnica combina la resonancia óptica de nanopartículas de oro con sensores mecánicos ultrasensibles capaces de detectar interacciones entre fuerzas intermoleculares. Ahora bien, ¿cómo es posible detectar las proteínas de un virus que nunca ha sido aislado? Pues de ninguna forma: es imposible. ¿Y cómo afirman que la p24 es una proteína específica del VIH cuando existe documentación científica que lo contradice? ¿Estamos pues ante un nuevo método para diagnosticar personas infectadas por el VIH -seropositivas- de credibilidad tan nula como los test Elisa y Western Blot actualmente utilizados?

Analicémoslo en detalle y empecemos recordando que la mayoría de los virus estudiados tienen un diámetro de entre 10 y 300 nanómetros -el nanómetro es la milmillonésima parte de un metro-, que una nanopartícula mide entre 1 y 100 nanómetros y que las propiedades de la materia cambian a medida que se reduce su dimensión -especialmente entre 1 y 10 nanómetros- abriendo ello enormes posibilidades al poder modificarse su estabilidad -física y química- y biodisponibilidad solo que con consecuencias aún imprevisibles. Por eso se está pidiendo una regulación que garantice la seguridad de su uso, especialmente en las aplicaciones biológicas y médicas.

Dicho esto cabe ante todo preguntarse si las reacciones del organismo ante un antígeno son realmente específicas; es decir, si a cada antígeno concreto el cuerpo reacciona con un anticuerpo concreto. Y ello no está claro aunque la reacción anticuerpo-antígeno se considere “una de las piedras angulares de la respuesta inmunitaria” hasta el punto de que se utiliza habitualmente para ilustrarlo la imagen de una llave con su cerradura. De hecho ya en 1969 el prestigioso inmunólogo australiano Gustav Nossal afirmó que “la molécula de anticuerpo que se forma al inyectarse un antígeno puede a menudo combinarse con un segundo antígeno (…) Es decir, el anticuerpo produce una reacción cruzada con el segundo antígeno”. Y eso implica que la reacción no es específica como se alega

Algo que igualmente asevera el inmunólogo John Marchalonis: “Durante muchos años se asumió que un anticuerpo liga solo con el antígeno que dio lugar a su creación (…) Surgió así el concepto de anticuerpos monoclonales, entendidos éstos como anticuerpos específicos producidos por un mismo tipo de célula del sistema inmune que solo reaccionan ante un antígeno concreto. De ahí que la comunidad de inmunólogos se escandalizara al saber que las células B -que cuentan en su superficie con anticuerpos adheridos – podían ser polirreactivas y ligar con múltiples antígenos aparentemente no relacionados”.

Por si fuera poco un equipo coordinado por el Dr. Predki publicó en el nº 14 de Human Antibodies –correspondiente a 2005- un artículo en el que aseveraba que la literatura científica está llena de ejemplos de anticuerpos que producen reacciones cruzadas. Añadiendo: “Ignorar tal reactividad cruzada puede tener consecuencias adversas. La capacidad de evaluar e identificar la reactividad cruzada de los anticuerpos es un requisito importante tanto para la investigación como para las aplicaciones clínicas pero a menudo no se aborda adecuadamente”. Y es que el equipo de Predki analizó un presunto anticuerpo monoclonal y comprobó que en realidad reaccionaba ¡con 40 antígenos diferentes! Ligándose a 16 de ellos con más fuerza que con el antígeno por el que se había formado.

En definitiva, a pesar de lo que se afirma no existen anticuerpos específicos para antígenos concretos. Y ello pone en entredicho las “detecciones indirectas” y por tanto el método del CSIC.

Es más, los inmunólogos dan por asumido que la reacción anticuerpo-antígeno que se produce in vitro se desarrolla exactamente igual en el interior de un organismo vivo… pero tal cosa no solo no se ha demostrado sino que es altísimamente improbable debido a la extraordinaria complejidad de cualquier ser viviente y, en particular, del ser humano. Como no se ha demostrado que la reacción bioquímica in vitro actúe igual a escala nanométrica por las razones que antes dimos.

¿ES LA P24 UNA PROTEÍNA DEL VIH?

El equipo del CSIC afirma también que pretende diagnosticar una “infección por VIH” a partir de la detección de una de sus proteínas: la p24. Solo que, ¿cómo puede identificar la proteína de un virus que jamás ha sido aislado y cuya existencia ni siquiera está demostrada? ¿Han sido capaces los miembros de ese equipo de aislar el virus, secuenciarlo y obtener la proteína p24? Pues no: unos laboratorios comerciales les han vendido unas muestras, les han dicho que contienen la proteína p24 del VIH y ellos se lo han creído en un acientífico acto de fe.

Recordemos que aunque existe una enorme variedad de formas y tamaños se llama virus a todo ácido nucleico -ARN o ADN- que rodeado de una capa o cápside formada por constituyentes proteínicos y lipídicos puede alterar una célula al unirse a ella. Y se le atribuye que luego, al multiplicarse, provoca alteraciones orgánicas.

Pues bien, está comúnmente aceptado que para poder identificar un virus es necesario aislarlo y que sin hacerlo es imposible conocer sus proteínas. Y tal como en esta revista se ha explicado en varios artículos y videos eso no se ha producido en el caso del llamado VIH cuya existencia, pues, está sin demostrar. Como no ha sido jamás aislado el virus del sarampión según acaba de reconocer el Tribunal Superior de Alemania tras un largo pleito; lo dimos a conocer en el artículo que con el título La existencia del virus del sarampión no está científicamente demostrada apareció en el nº 202 y puede leer en nuestra web: www.dsalud.com. Auténtico escándalo científico del que casi nadie se ha hecho eco y que implica que las vacunas para el sarampión son una estafa que lleva perpetrándose décadas con absoluta impunidad.

A algún lector puede parecerle reiterativo pero es oportuno recordar nuevamente que hubo dos equipos de investigación que en su día afirmaron haber descubierto el VIH o “virus del SIDA”: uno liderado en el Instituto Pasteur de París por el hoy Premio Nobel de Medicina 2008 Luc Montagnier y otro del Laboratorio de Biología Celular de Tumores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos dirigido por Robert Gallo.

Montagnier publicaría su artículo describiendo el supuesto aislamiento de un virus -al que llamó LAV- en un trabajo que publicó en 1983 en Science pero en él no dijo que fuera el causante del SIDA; se limitó a manifestar que “el papel de este virus en la etiología del SIDA deberá ser determinado”. Catorce años después -en 1997- Montagnier concedería una entrevista al periodista francés Djamel Tahí en la que le diría: “El análisis de las proteínas del virus requiere producción masiva y purificación”. Interrogado entonces sobre si en 1983 había aislado el LAV -al que luego se llamaría VIH- dijo: “No, no lo purificamos”. El periodista le preguntó entonces si lo había hecho Robert Gallo y dijo: “No sé si realmente lo purificó; no creo”. En 2001 este mismo periodista entrevistaría en el Centro de Investigación Luminity al profesor Jean-Claude Chermann –segundo firmante tras Montagnier del artículo de Science- y le preguntó si para identificar el VIH y extraer su genoma y proteínas es imprescindible purificarlo respondiendo éste: “Absolutamente”. Tahí le preguntó entonces por qué no habían publicado las imágenes del virus purificado y la sorprendente respuesta de Chermann fue: “Porque no tenían interés”.

Acabamos tan sorprendentes confesiones con la de Charles Dauget -el especialista en microscopía electrónica del Instituto Pasteur que también participó en los trabajos de 1983 con Montagnier- quien a la pregunta del mismo periodista sobre por qué no habían publicado las micrografías del VIH purificado contestó: Nunca vimos partículas virales purificadas. Lo que vimos siempre fueron restos celulares, no partículas virales”. Sin comentarios.

Por lo que respecta a Robert Gallo solo queda decir que su presunto descubrimiento fue un simple fraude, algo hoy prácticamente admitido. Lo desveló inicialmente la periodista Janine Roberts en su libro Miedo a lo invisible (puede descargarlo gratuitamente en http://superandoelsida.ning.com/profiles/blogs/miedo-de-lo-invisible-de-janine-roberts-en-espanol) tras revisar la ingente documentación generada por las cinco investigaciones oficiales a las que fueron sometidos los trabajos de Gallo por agencias gubernamentales estadounidenses como nuestra revista ya contó en un amplio y detallado artículo titulado La versión oficial del Sida se basa en un fraude científico del Dr. Robert Gallo aparecido en el nº 115 que puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com. Texto en el que se dieron a conocer tres documentos que demuestran que Gallo mintió; uno revela cómo manipuló el borrador escrito por su jefe de laboratorio, otro que no había virus en sus cultivos celulares y el tercero que no es cierto que hubiera encontrado un virus nuevo.

Por ejemplo, Gallo hizo enviar al Laboratorio de Microscopía Electrónica muestras de los cultivos celulares que presuntamente contenían el virus HTLV-III- para que se obtuviesen las correspondientes imágenes e ilustrar los artículos que publicó en Science el 4 de mayo de 1984 respondiéndole el 26 de marzo de 1984 el director del laboratorio, Matthew A. Gonda, que en ellos no había partículas de ningún virus sino “desechos de células degeneradas”. Añadiendo: “No hemos visto en parte alguna del precipitado partículas libres entre las células ni ‘partículas semejantes-a-virus’ extracelulares. Las pequeñas vesículas extracelulares (…) son al menos un 50% más pequeñas que las partículas maduras de HTLV tipos I, II o III. Lo reitero: estas vesículas pueden ser encontradas en cualquier precipitado celular”.

De ahí que Gonda concluyese de forma rotunda: “No creo que ninguna de las partículas fotografiadas sea de HTLV I, II o III”. Pues bien, ¿sabe el lector qué hizo Gallo ante tan desazonadora respuesta? ¡Hacer caso omiso y adjuntar al artículo que había manipulado algunas de esas fotos!

LA FARSA VIH/SIDA

Debemos asimismo recordar -una vez más- la argumentación científica detallada, rigurosa y precisa que en su día elaboró el conocido Grupo de Perth integrado por la biofísica Eleni Papadopulos-Eleopulos -del Departamento de Física Médica del Hospital Royal Perth de Australia-, el Dr. Valendar F. Turner -exasesor de la Secretaría de Salud de Australia Occidental-, el Dr. John M. Papadimiriou -profesor de Patología de la Universidad de Australia Occidental- y otros colaboradores. Se trata de un grupo de investigadores que ha publicado numerosos artículos sobre el VIH y el SIDA cuyos argumentos básicos se exponen en el extenso, prolijo y riguroso trabajo nunca rebatido Isolation of HIV: Has it really been achieved? The case against (Aislamiento del VIH: ¿realmente se ha conseguido? Documentación en contra) según el cual:

1) Quienes defienden que el VIH es un retrovirus que causa el llamado Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA por sus siglas en inglés) entienden que éste puede detectarse por su ARN, por las proteínas de su cápside o porque aparece la enzima retro-transcriptasa pero para poder identificar eso hay que haber aislado el virus y aunque actualmente hay varios equipos de investigación que dicen haberlo hecho resulta que ¡sus genomas son diferentes! Difieren en composición y longitud. Y además ¡ninguno de ellos hizo la búsqueda a partir de linfocitos frescos de pacientes diagnosticados como enfermos de SIDA! Robert Gallo sí lo intentó… pero sin éxito.

2) La enzima retro-transcriptasa no es específica del VIH, ni de los retrovirus, ni de partícula alguna: la retrotranscripción pueden realizarla enzimas celulares corrientes. Detectar pues una reacción de retrotranscripción no demuestra la presencia de un retrovirus y menos aún la de uno en particular.

3) Montagnier no cree que Gallo purificara el VIH ni Gallo que lo hiciera Montagnier. Por otra parte, éste consiguió reacciones a tres proteínas -la p24, la p41 y la p80- pero solo consideró propia del VIH la p24 mientras Gallo consideró más específica la p41. Realmente kafkiano. De hecho los miembros de este grupo aseveran que todas las proteínas atribuidas al VIH son en realidad proteínas celulares humanas.

4) Uno de los criterios -poco usados- para afirmar que alguien está infectado por el VIH es detectarle un gen denominado GAG que se supone específico del virus pero la mayoría de los expertos asevera que los genes GAG de los retrovirus -exógenos y endógenos- son homólogos.

5) Hay quienes afirman haber clonado el VIH -como Fisher y Gallo en 1985, Levy en 1986 y Barnett en 1993- pero según el Grupo de Perth “ninguno satisfizo las condiciones imprescindibles mínimas que permitan afirmar que realmente clonaron el retrovirus VIH”. Y la razón es simple: para clonar un retrovirus hay que disponer del ARN original y eso solo es posible aislándolo. Lo que nadie he hecho.

La conclusión final de la investigación del Grupo de Perth es, en suma, sencilla y rotunda: nadie ha aislado el llamado VIH. Agregando que ni siquiera se ha dado el primer paso para ello porque ” el único método científicamente válido de aislamiento de un retrovirus es la demostración con microscopía electrónica de partículas con las características morfológicas de retrovirus que bandeen en gradientes de densidad de sacarosa a 1.16 gm/ml”.

 ¿QUÉ ES LA P24?

¿Y entonces por qué los autocalificados “expertos en SIDA” consideran la p24 “una proteína del VIH”? Pues llegaron a esa conclusión porque según ellos hay dos proteínas citoesqueletales -es decir, que forman parte del soporte interno de las células-, la actina y la miosina, que liberan la p24 de la membrana del VIH. Sin embargo existen evidencias de que esas dos proteínas y otras están implicadas en la salida de materiales de la membrana de células sanas no infectadas; luego su detección no demuestra que alguien esté infectado por el VIH como se alega.

Es más, la actina tiene el mismo peso molecular que la p41 -Montagnier cree de hecho que se trata de la misma proteína- y la miosina el mismo que la p24; luego, ¿cuando se asegura que se detecta la p24 no se estará detectando simplemente miosina?

Y hay muchos más argumentos expuestos en numerosas publicaciones científicas (destacamos en el recuadro adjunto solo algunas por razones de espacio). Hagamos pues un breve esbozo de las mismas:

-El propio Luc Montagnier añadió suero de un paciente “en riesgo de SIDA” a las proteínas que obtuvo por centrifugación en la considerada banda de densidad de los retrovirus -1,16 g/ml- y reaccionaron tres proteínas: la p25, la p45 y la p80. Pues bien, decidieron considerar que la p80 no era del virus sin explicar por qué, que la p45 era actina -una proteína humana corriente- y que la p25 -que pasó a llamarse luego p24- sí era una proteína propia del VIH. Sin una sola argumentación científica aceptable. De hecho la única manera de establecer con certeza que la p24 es una proteína específica del VIH es aislar el virus y analizar sus proteínas y eso no se ha hecho jamás. Aunque algunos, como antes hemos comentado, digan que ellos sí lo han hecho dando en cada caso resultados distintos. Todo apunta a que el material que se depositó en la banda de densidad 1,16 se trataba solo de restos celulares. Y que la proteína p24 está presente en otros microorganismos y no solo en el presunto VIH. Y siendo así su detección –directa o indirecta- no significa NADA. De hecho desde 1987 –hace ya 30 años- ningún laboratorio del mundo considera la reacción a la p24 prueba de infección por VIH. ¿Por qué sí el equipo del CSIC?

-El propio Robert Gallo ha mantenido siempre que los genes GAG del HTLV-I, el HTLV-II y el VIH así como otros muchos retrovirus humanos tienen en su cápside la p24.

-El Dr. Valendar Turner confirma que la p24 se detecta en tejidos no infectados. Y que el ADN extraído de glándulas tiroideas de pacientes con la Enfermedad de Graves reacciona con la región codificante de la p24.

-La p24 se ha encontrado en células de piel, plaquetas, timo y cerebro de personas sanas que dieron repetidamente negativo a los llamados “test de detección del VIH”.

-La p24 no se encontró en las placentas de 75 mujeres embarazadas seropositivas y sí en las placentas de 25 mujeres sanas seronegativas.

-La p24 se ha detectado en personas no infectadas a las que se trasplantaron riñones, corazón y médula ósea.

Jorg Shupbach, coautor de los cuatro artículos que Gallo publicó en 1984 afirmando haber aislado el VIH, explicó que 49 de 60 personas estudiadas no infectadas -o con resultado indeterminado- así como las 5 analizadas que dieron negativo reaccionaban a la p24.

-En 1989 el conocido experto en SIDA David Ho quiso determinar la viremia y carga viral de un grupo de personas y de las 53 que dieron positivo al VIH 14 dieron negativo a la p24.

-El AID Vaccine Clinical Trials Group reconoce que “la presencia de la banda p24 es habitual en voluntarios no infectados y complica la interpretación de resultados del test Western Blot”.

-La p24 ha aparecido -junto con otra proteína atribuida al VIH: la p17- en la sangre de pacientes seronegativos que recibieron transfusiones de sangre de personas igualmente seronegativas.

-En 1990 un equipo dirigido por el Dr. Jacson detectó la p24 en el 42% de pacientes seropositivos y en un 17% de seropositivos asintomáticos pero también en el 37% de personas seronegativas con alto riesgo cardiovascular.

-En 1991 Kion y Hoffman inyectaron linfocitos T de una cepa de ratones no infectados por VIH a otra cepa igualmente no infectada y los ratones que recibieron la inyección desarrollaron anticuerpos a las proteínas p24 y gp120 (otra supuesta proteína del VIH).

-En 1998 se constató en un trabajo con personas sanas que un 35% de los pacientes con cirrosis biliar primaria, un 39% de personas con otros desórdenes biliares, un 29% con lupus, un 60% con hepatitis B y un 35% con hepatitis C reaccionaban a la p24.

Philip Mortimer –considerado una de las máximas autoridades en los test de VIH y miembro del Public Health Laboratory Service de Reino Unido- reconoce hoy sin tapujos que la p24 no es específica del VIH. “La experiencia demuestra que ni los cultivos de VIH ni los test para la p24 tienen mucho valor diagnóstico; pueden ser insensibles y/o no específicos”.

Cabe agregar que ya en la presentación que Eleni Papadopulos y el Dr. Valendar Turner hicieron el 3 de julio de 2000 ante el entonces presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki se mostró la imagen adjunta que reproducimos en la que puede verse el resultado de realizar una electroforesis -que permite distribuir las proteínas según su densidad (la p24 aparece en el tercio medio inferior de la imagen)- y como puede verse la diferencia entre el grupo A –personas consideradas no infectadas por el VIH- y los grupos B y C –personas supuestamente infectadas- es meramente cuantitativa. Solo que esa diferencia de intensidad se debió a las condiciones de los cultivos: los dos últimos fueron fuertemente oxidados y químicamente estimulados. En cualquier caso como lo que se trataba era de establecer la presencia o ausencia del supuesto VIH lo lógico es que en la muestra de las personas no infectadas no aparecieran las supuestas “proteínas específicas del VIH”… ¡pero aparecían!

Agregaremos que durante la elaboración de este artículo nos pusimos en contacto con el Dr. Valendar Turner para preguntarle su opinión sobre el anuncio del equipo del CSIC y éste nos respondería por correo electrónico lo siguiente: “Esa tecnología se basa en anticuerpos específicos para la p24 y ya en 1997 Achim Kramer publicó información mostrando que el anticuerpo monoclonal de la proteína p24, supuestamente específica del denominado VIH, reacciona con proteínas encontradas en bacterias, hongos, amebas, conejos, monos y humanos. Estando entre los hongos la Cándida albicans, supuesta causa de una de las enfermedades indicadoras de SIDA. Así que mientras no se demuestre que el anticuerpo utilizado en ese test no reacciona con otros miles de proteínas, ¿cómo va a saberse con él qué proteína está detectando?” El artículo de 1997 al que el Dr. Valendar Turner se refiere y nos pasó es el titulado Molecular Basis for the Binding Promiscuity of an Anti-p24 (HIV-1) Monoclonal Antibody y se publicó en Cell firmado por Achim Kramer, Thomas Keitel, Karsten Winkler, Walter Stocklein, Wolfgang Hohne y Jens Schneider-Mergener (el lector lo tiene en www.cell.com/cell/pdf/S0092-8674(00)80468-7.pdf).

¿IGNORANTES O CÓMPLICES?

 En suma, la “nueva” tecnología de la que presume el CSIC se basa en supuestos falsos. Y la posible utilización de su novedoso test lo único que podría conseguir es que se etiquete a más personas como “seropositivas”, se las aterrorice diciéndolas que pueden sufrir SIDA y que se las trate con los costosísimos, ineficaces y tóxicos cócteles quimioterápicos presentados como antirretrovirales.

Obviamente quisimos hablar de todo lo aquí contado con los descubridores de la técnica y pudimos contactar telefónicamente con su coordinador, Javier Tamayo, quien accedió a ser entrevistado por correo electrónico comprometiéndose a enviarnos sus respuestas en unos diez días ya que antes tenía algunos compromisos profesionales que atender. Así que el pasado 24 de febrero le enviamos por correo electrónico un breve cuestionario en el que simplemente le preguntamos por el Instituto de Microelectrónica en el que desarrolla su labor, algunos detalles sobre el biosensor desarrollado, si conocía la profusa documentación publicada que cuestiona el aislamiento del VIH -y por tanto la especificidad de sus proteínas, muy en particular la de la p24- y, finalmente, si se habían asegurado -y cómo- de que los productos que les habían vendido las tres empresas que mencionan en su estudioCapricorn Immunoreagents Perfected, ZeptoMetrix y Virogencontenían realmente antígenos y anticuerpos específicos del VIH.

Dos semanas después seguíamos sin respuesta así que el 8 de marzo insistimos mediante un email enviado tanto a él como a su compañera investigadora y segunda firmante del trabajo, Montserrat Calleja. Tamayo respondería esa misma tarde de forma escueta: “Ahora estoy en otros asuntos que han surgido que necesitan toda mi atención. Lamento tener que declinar vuestra petición de entrevista. Creo que aun así el CSIC ha proporcionado toda la información relevante”.

En suma, se negaba a responder. Nuestra respuesta -que enviamos con copia a Montserrat Calleja- fue la siguiente: “Créame que lo lamento porque este asunto tiene una enorme relevancia y nuestro artículo no se limita a reproducir una mera nota de prensa. Estamos hablando de una técnica que debido a su bajo coste y rapidez puede comenzar a emplearse de forma masiva. Y puesto que existe documentación relevante (le copio abajo algunas referencias) no refutada hasta donde nosotros sabemos que plantea que el VIH no se ha aislado y que por tanto cuestiona los componentes que se le atribuyen, en particular la proteína ‘p24’ que esta técnica que ustedes han desarrollado afirma detectar, estaríamos hablando de un test no válido que sería responsable de muchos falsos diagnósticos con gravísimas y dramáticas consecuencias suficientemente conocidas. Es por esto que, entendiendo que usted disponga de poco tiempo, reduzco mis preguntas a una sola: ¿conocen ustedes y han contrastado la documentación a la que aludo y pueden por tanto asegurar que su técnica es capaz de detectar componentes del “VIH”?

Espero poder contar con su respuesta para el artículo. Muchas gracias por su tiempo. Un cordial saludo”.

Pues bien, en el momento de entregar este número a la imprenta -el 18 de abril- no había respondido por lo que para nosotros cualquier posible duda sobre lo que hemos explicado queda despejada. Y es que hay silencios muy significativos…

 

Jesús García Blanca

 

 

Recuadro

Referencias citadas

  1. Papadopulos-Eleopulos, Valendar F. Turner, J. Papadimitriou y D. Causer. The Isolation of HIV: Has it really been achieved? The Case Against. Continuum, 3, vol. 4, supl, sept.-oct. de 1996, pp. 1-24 y Evidence-based scientific responses to Jeanne Bergman re House of Numbers. December 2009. http://www.houseofnumbers.com/scientific-response/139-evidence-based-scientific-responses-to-jeanne-bergman-re-house-of-numbers.html.
  2. Papadopulos-Eleopulos, Valendar F. Turner y J. Papadimitriou. Review AIDS in Africa: distinguishing fact and fiction. World Journal of Microbiology and Biotechnology, march 1995, volume 11, issue 2, pp 135-143.
  3. Papadopulos-Eleopulos, Valendar F. Turner, J. Papadimitriou, G. Stewart, D. Causer y H. Bialy. HIV antibodies: further questions and a plea for clarification. Current Medical Research and Opinion, 1997;13(10):627-34.
  4. Papadopulos-Eleopulos y Valendar F. Turner. HIV testing and surveillance. Presentation Presidential AIDS Advisory Panel Meeting. 3 & 4 July 2000.
  5. Tahi. Did Luc Montagnier discover HIV? Text of video interview with Professor Luc Montagnier at the Pasteur Institute July 18th 1997.Continuum1998;5:30-34.

Valendar F. Turner y Andrew Mcintyre. A Great Future Behind It. The Yin and Yang of HIV. Nexus Magazine. January 1999. http://www.virusmyth.com/aids/hiv/vtyinyang.htm

Jesús García Blanca. La Sanidad contra la Salud. Una mirada global para la autogestión. Ediciones I. Madrid 2015.

Intercambio de correos electrónicos entre Valendar F.Turner y Robin Weiss. Feb/Aug 1999. http://www.virusmyth.com/aids/hiv/vtcorweiss.htm

Este reportaje aparece en
DISCOVERY DSALUD 2006
204
Mayo 2017
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