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| IMPORTANTE
AVANCE HACIA LA CURACIÓN DEL CÁNCER. La "Nueva Medicina" de
Ryke Geerd Hamer. afrontando el cáncer y otras
patologias |
Mientras los investigadores
de medio mundo centran sus esfuerzos en descubrir
la manera de combatir el cáncer mediante ingeniería
genética, farmacología selectiva o radioterapia
otros investigadores buscan desde hace décadas
métodos distintos yendo al origen del conflicto.
Es el caso de las personas de las que hablamos
en este informe especial cuyo contenido es
-en muchos sentidos- revolucionario y polémico.
Aseguramos al lector -y muy especialmente
a los médicos- que su lectura merece la pena.
Y somos conscientes de que se trata de un
asunto complejo cuyo lenguaje no es asequible
a todo el mundo.
"La
enfermedad es un programa inteligente de la
naturaleza tendente a decirle al individuo
que está viviendo una situación que no le
conviene".
En este mundo donde las cosas parecen discurrir
por caminos trazados y donde todo aquello
que pudiera romper lo establecido es mirado
de reojo y condenado a la hoguera del descrédito
surgen de vez en cuando personajes que abren
rendijas en la creencia establecida, en lo
inamovible, permitiendo con ello que penetre
un poco de aire fresco y regenerador. Tal
es el caso del doctor Ryke Geerd Hamer,
médico alemán cuyos revolucionarios tratamientos
para la curación del cáncer basados en sus
descubrimientos sobre el origen de la enfermedad
le han llevado incluso a la cárcel, como muchos
otros de sus predecesores a los que el tiempo
terminó dando la razón y vieron su nombre
reivindicado. Aunque para conseguirlo, en
el caso de Hamer, el tribunal alemán que lo
sentenció tuviera que aplicar una ley de la
época nazi.
Pues bien, el pasado mes de Marzo tuvimos
ocasión de asistir en Alicante a un curso
sobre las teorías de Hamer que se impartió
por uno de los médicos españoles convencido
de la veracidad de los postulados de este
médico alemán. Y en él tuvimos la oportunidad
de compartir con profesionales de la salud
de diversos lugares de España nuestra sorpresa
por lo novedoso de los planteamientos expuestos,
algunos de los cuales son tan espectaculares
y sorprendentes que requerirán -a nuestro
juicio- ser corroborados con más protocolos
científicos elaborados por otros profesionales
antes de su aceptación general. De hecho,
creo que prácticamente en todas las cabezas
de los asistentes al curso rondaban pensamientos
similares: "Si lo que estamos oyendo aquí
es cierto tendremos que aprender todo de nuevo...".
Pero hagamos un poco de historia...
Ryke Geerd Hamer es doctor en Medicina y en
Física además de contar con varias especialidades
médicas entre las que destacan Pediatría,
Psiquiatría, Medicina Interna y Radiología.
Ha sido jefe del servicio de Medicina Interna
del Hospital Universitario Oncológico de Munich
y hasta el momento en que propugnó sus teorías
estaba considerado en Alemania una eminencia
científica.
METAMORFOSIS INTELECTUAL
Su metamorfosis
intelectual empezaría a fraguarse hace ya
algunos años con ocasión de un incidente ocurrido
en Córcega cuando una bala perdida disparada
por el Duque de Saboya, pretendiente
al trono de Italia, alcanzó en el cuello a
un muchacho que dormía en la cubierta de un
barco. Aquel muchacho se llamaba Dirk y
era el hijo del doctor Hamer. Como resultado
de aquel disparo, Dirk Hamer estuvo entre
la vida y la muerte durante seis meses al
término de los cuales falleció. A los dos
meses del óbito, tanto el doctor Hamer como
su esposa -también médico y colaboradora en
sus investigaciones- desarrollaron cáncer;
él en un testículo y ella en una mama. Lógicamente,
como profesionales de la Medicina, inmediatamente
se preguntaron qué había sucedido para que
dos personas jóvenes que nunca habían sufrido
enfermedades de importancia desarrollaran
simultánea e inesperadamente un cáncer coincidiendo
con el hecho más traumático de sus vidas.
Y como en ese momento Hamer se encontraba
en el lugar adecuado para realizar una investigación
seria y sin cortapisas ya que estaba trabajando
como jefe del servicio de Medicina Interna,
se puso a investigar no sin antes hacerse
una pregunta que le venía martilleando desde
hacía algún tiempo: ¿Qué relación tendrán
realmente las enfermedades con nuestra psique?
Aquellos que han estudiado Medicina saben
que todo lo relacionado con las llamadas "enfermedades
psicosomáticas" se encuentra al final del
libro de la asignatura correspondiente. Y
que si, por ejemplo, se trata del riñón, es
al final del libro, como un pariente pobre,
donde se encuentra el capítulo titulado
Enfermedades psicosomáticas del riñón.
Porque la Medicina ortodoxa sabe que hay enfermedades
que están relacionadas de una manera muy patente
con procesos mentales, fundamentalmente con
el estrés; baste recordar en ese sentido los
infartos de miocardio, las úlceras de duodeno
o la llamada "colitis del estudiante" que
se produce en vísperas de exámenes. Sin embargo,
tiene claramente delimitado lo que son "enfermedades"
-es decir, aquellos procesos que tienen una
causa orgánica- de aquellos otros cuyo origen
se sitúa fehacientemente en un proceso psicológico.
Así, si una persona tiene un problema de riñón
y se detecta que hay evidencia fisiológica
clara de algún tipo de patología entonces
el médico se centrará en el modo físico de
erradicarla sin entrar en disquisiciones acerca
del posible origen psicológico de la enfermedad.
Al fin y al cabo no ha sido instruido para
ello...
CUANDO LO PSICOSOMÁTICO
Y LO ORGÁNICO SE DICEN COSAS DISTINTAS
¿Y a dónde nos
ha llevado esto? Pues a la siguiente situación:
que a quienes trabajan en un hospital o en
una consulta de ambulatorio no se les ocurre
preguntar al paciente si ha tenido algún problema
o ha sufrido alguna situación emocional importante
poco tiempo antes de que aparecieran los primeros
síntomas de su "enfermedad".
Hamer, por el contrario, decidió preguntar
primero a sus pacientes si habían sufrido
algún tipo de shock traumático o problema
emocional importante en su vida antes de tratarles.
La sorpresa que se llevó desde que empezó
a hacerlo es que la totalidad de los pacientes
manifestaron haber sufrido algún tipo de problemática.
El paso posterior fue relacionar el tipo de
problema emocional con el órgano afectado.
Porque con el tiempo descubriría que, por
ejemplo, si había cincuenta pacientes hospitalizados
con problemas de riñón los cincuenta narraban
experiencias traumáticas relacionadas con
líquidos. Y que si uno narraba que estuvo
a punto de ahogarse, otro que era conductor
de un camión cisterna cargado de pesticida
que sufrió un vuelco y un tercero era jefe
de máquinas de un superpetrolero que al pararse
las máquinas estuvo a punto de encallar contra
los arrecifes de la costa africana, lo que
pudo evitar al volver a ponerlas en marcha
poco antes del choque... Y así hasta cincuenta.
A esta relación Hamer la denominó "colorido".
De la misma manera, comprobaría con otro tipo
de patologías su relación con conflictos psicoemocionales
-biológicos- previos descubriendo que, indefectiblemente,
a cada patología le corresponde un tipo de
trauma psíquico o emocional. Ha llegado para
ello a computar más de 20.000 casos.
LA TECNOLOGÍA ENTRA
EN JUEGO
Sabiendo que nuestro
organismo está regulado por el cerebro y que
cada órgano tiene su correspondiente "relé"
relacionado con una zona del cerebro, Hamer
se preguntaría si en esta era del TAC (Tomógrafo
Axial Computerizado) no sería posible detectar
con los escáners cerebrales las señales dejadas
por la relación trauma psíquico/daño orgánico.
Y con esa premisa se dedica a hacer un escáner
cerebral a todos los pacientes a su cargo,
descubriendo con asombro que tiene en sus
manos lo que a su juicio es la prueba científica
que avala sus teorías. Pero, ¿qué es lo que
descubre? ¿En qué consiste la "prueba"? Pues
que en algunas zonas del escáner cerebral
(siempre las mismas para las mismas patologías)
aparecen unas marcas en forma de círculos
con un punto central. Marcas que son consideradas
hoy día por la Radiología clásica como
"artefactos", es decir, fallos atribuibles
al funcionamiento de la máquina ya que ésta,
al emitir su radiación, lo hace en forma de
círculos.
Hamer, por el contrario, opina que no todas
esas marcas son atribuibles a la máquina sino
que muchas corresponden a alteraciones del
campo electromagnético que ocurren sistemáticamente
en el "relé" cerebral que rige el órgano afectado.
A partir de ahí formula lo que él llama la
"Ley Férrea del Cáncer" -férrea porque
se cumple en el 100% de los casos- y que viene
a decir lo siguiente:
"Todo shock psíquico altamente traumático
que te pilla a contrapié y es vivido en aislamiento
produce una ruptura de campo electrofisiológico
o electromagnético de un área concreta del
cerebro y, como consecuencia, se altera el
órgano que esa parte del cerebro está regulando".
El "colorido" del conflicto, es decir,
el tipo de experiencia y la forma en que el
individuo la vive es la que determina el área
del cerebro que se afecta y ocurre simultáneamente
en los tres niveles: psíquico, cerebral y
orgánico. En realidad, estas marcas no sólo
se refieren al cáncer sino que suceden con
todas las enfermedades siendo el cáncer -según
los postulados de Hamer- el resultado de la
intensidad del conflicto biológico y de no
haber compartido el shock que lo puso en marcha.
Por tanto, la diferencia entre una amigdalitis
y un cáncer de amígdalas depende de esos dos
factores.
Cuando Hamer se da cuenta de la importancia
de ese hallazgo se pone en contacto con la
empresa alemana Siemens, fabricante de los
escáners, al objeto de determinar con los
técnicos la cuestión de los círculos que aparecen
en las placas radiográficas y que, a falta
de mejor explicación, siempre habían sido
atribuidos a fallos técnicos en el convencimiento
de que serían los primeros en querer solucionar
tales "fallos". El resultado fue que como
la empresa se negaba a aceptar la "responsabilidad"
de esos "fallos", accedió a realizar conjuntamente
con Hamer un protocolo de investigación de
una duración inicial de seis meses... que
se interrumpió a los dos ante la evidencia
de los resultados. El resultado del protocolo
de investigación -firmado por cinco ingenieros
de la empresa Siemens- avalaba totalmente
las teorías de Hamer certificando que los
llamados "artefactos" no eran fallos del aparato.
Luego se debían en realidad a alteraciones
electromagnéticas en el propio cerebro de
los pacientes.
Algunos detractores de los postulados de Hamer
argumentan que si todo esto fuera cierto las
"dianas" también aparecerían al realizar una
resonancia magnética nuclear (RMN), cosa que
no ocurre. Sin embargo, olvidan -o ignoran-
que la razón técnica para que ello sólo suceda
al efectuar un TAC es que en la alteración
de campo electromagnético no hay "momento
magnético del núcleo" y, por tanto, al no
haber vector de campo magnético no puede ser
captado por la resonancia magnética nuclear.
Y la razón para que no haya "momento magnético"
es que éste se produciría si el número de
protones y neutrones producidos en los núcleos
atómicos situados en el área enmarcada por
la diana fuera impar pero cuando se produce
un conflicto emocional la diana cerebral contiene
un número par de protones y electrones, razón
por la que no emite vector de campo magnético
que pueda ser captado por la RMN. Precisamente
en esa circunstancia se basa la RMN, en la
captación de esos momentos magnéticos.
HAMER SUFRE LA PERSECUCIÓN
DE SUS PROPIOS COMPAÑEROS
Mientras todo
esto sucede, Hamer es denunciado al Colegio
de Médicos acusado de prácticas contrarias
a lo ortodoxo pretendiendo que le retiren
su licencia de médico. Pero saliendo al paso
de la denuncia, Hamer propone que se nombre
una comisión científica que estudie su teoría
y asegura que él mismo renunciará a su profesión
si después de un análisis de los escáners
cerebrales que le presenten no diagnostica
correctamente el tipo de cáncer que muestran,
la fase en que se encuentra la enfermedad
y el tipo de conflicto psicobiológico que
la ha producido. Tras nueve horas y doscientos
escáners analizados, Hamer no falla en ninguno
por lo que la comisión científica decide no
inhabilitarle. A pesar de lo cual, es denunciado
ante la Justicia ordinaria. Increíblemente,
el juez encargado del caso decide inhabilitar
transitoriamente al doctor Hamer para ejercer
su profesión. La pregunta que surge es obvia:
¿cómo es posible que un juez, lego en cuestiones
científicas, pueda inhabilitar a un médico
que ha demostrado ante una comisión cualificada
la veracidad de sus planteamientos? Sólo se
nos ocurre pensar que se debe a un conflicto
de intereses porque no parece plausible otra
explicación...
Por otra parte, el doctor Hamer lo
primero que hizo cuando pudo recopilar la
suficiente información fue presentarla a la
Universidad de Tübingen ya que la ley alemana
obliga a las universidades a pronunciarse
respecto de los trabajos de los médicos doctorados
en ellas y Hamer se doctoró en Tübingen. Pues
bien, Hamer presentó el resultado de su trabajo
en 1981, tiene sentencia favorable del Tribunal
Supremo por la cual se insta a la universidad
a pronunciarse sobre el mismo y ésta nombró
a lo largo de estos años pasados a seis peritos,
los cuales fueron dimitiendo uno tras otro
y a día de hoy la Universidad sigue sin pronunciarse
incumpliendo la sentencia del Supremo. Y ya
han pasado ¡18 años!
HAMER SIGUE INVESTIGANDO
Siguiendo el curso
de sus investigaciones, Hamer descubre que
no solamente los escáners cerebrales muestran
señales en diana sino que también aparecen
otro tipo de marcas, también redondas pero
oscuras, que son identificadas como edemas
y que pueden verse en los focos en donde antes
estaban las dianas. Simultáneamente, se encuentra
con un dilema que parece echar por tierra
sus hipótesis. Y es que se da el caso de individuos
que relatan haber vivido un conflicto o incluso
estar viviéndolo en ese momento, el escáner
muestra la señal correspondiente pero la persona,
orgánicamente, no tiene sintomatología alguna.
Y al revés, es decir, individuos que refieren
haber vivido ya hace tiempo el conflicto y
haberlo resuelto, que durante el tiempo que
han tenido el conflicto activo no han tenido
ningún problema y que justo cuando lo resuelven
les sobreviene la enfermedad. A partir de
ese momento Hamer intenta encontrar una respuesta
que concilie el supuesto contrasentido y es
cuando postula su segunda ley o Ley del
carácter bifásico de las enfermedades:
"Toda enfermedad es un proceso bifásico
si la persona afectada resuelve el conflicto
biológico que la dio origen".
Dicho en otras palabras, cuando una persona
sufre un conflicto activo concreto, en el
escáner cerebral aparece una señal en forma
de diana justo en el lugar correspondiente
a ese tipo de conflicto y, simultáneamente,
se lesiona el órgano relacionado. Cuando la
persona resuelve el conflicto, es decir, cuando
se produce la "conflictolisis", la imagen
que estaba en diana se edematiza, lo que quiere
decir que el órgano se está regenerando. Pero,
¿qué ocurre con los casos antes citados en
los que parece no cumplirse esta ley? Para
encontrar una respuesta Hamer investiga dentro
del campo de la Embriología, donde es conocido
el hecho de que en el momento de la fecundación
se producen tres tipos de "células-madre"
que dan lugar a tres tipos de "tejidos-madre"
llamados hojas blastodérmicas y de las cuales
van a derivar todos los órganos del cuerpo.
Estas hojas blastodérmicas son endodermo,
mesodermo y ectodermo. Así, por ejemplo, todos
los órganos del cuerpo de procedencia endodérmica
tienen su "relé" cerebral -o zona del cerebro
que los rige- en el tronco cerebral (endodermo).
En el cerebro podríamos hablar de cerebro
antiguo y cerebro nuevo. El primero comprende
tronco cerebral y cerebelo (mesodermo cerebeloso).
El segundo, mesodermo cerebral (sustancia
blanca) y ectodermo. El cerebro antiguo -o
sea, la parte más primitiva- rige precisamente
la parte más primitiva del organismo como
es todo lo que refiere a la obtención de energía:
aire para respirar (alveolos pulmonares) y
alimento (ingesta, digestión y evacuación)
y la reproducción. Es decir, desde la boca
hasta el ano todo el tejido endodérmico situado
en los órganos necesarios para dichas funciones;
así como el útero y la próstata.
El cerebelo (mesodermo cerebral) también parte
del cerebro antiguo y rige las glándulas mamarias,
la dermis y las capas protectoras de los órganos
como son la pleura, el pericardio y el peritoneo.
Los huesos, músculos y ganglios linfáticos
-que son tejidos mesodérmicos- están regidos
por relés que están situados en el mesodermo
cerebral, es decir, en la sustancia blanca
cerebral que, junto con las arterias y venas
coronarias, epidermis, etc. (tejidos ectodérmicos
regidos por el córtex cerebral), pertenecen
al cerebro nuevo.
Pues bien, a raíz de sus investigaciones en
Embriología Hamer llega a la siguiente conclusión:
una persona en conflicto activo cuyo "colorido"
compromete -por ejemplo- un "relé" situado
en el tronco cerebral (endodermo) alterará
a su vez un órgano de procedencia endodérmica
produciéndose un crecimiento tisular (de tejidos),
es decir, un tumor. Si la persona afectada
resuelve el conflicto se produce inmediatamente
la "conflictolisis" con el consiguiente encapsulamiento
del tumor, primero, y luego necrosis tisular
y caseificación del mismo en caso de haber
en el organismo presencia de micobacterias.
Es el caso de una persona que generó un tumor
en el colon a raíz de un problema familiar
sin que el mismo fuese detectado al no producir
molestias. Cuando el problema se resolvió
y se produjo la "conflictolisis" esa persona
empezó a sangrar por el ano. Realizada la
correspondiente colonoscopia se detectó la
presencia de un tumor con zonas necrosadas
y que estaba sangrando, lo cual supone -según
Hamer- que está en proceso de curación pues
si se necrosa significa que se está produciendo
su eliminación.
Sin embargo, en el cerebro nuevo pasa justamente
lo contrario. Cuando el colorido del
conflicto lesiona un relé situado en el mesodermo
cerebral lo que se produce a nivel orgánico
es una úlcera o pérdida de sustancia. Por
ejemplo, si una persona está sufriendo un
conflicto de desvalorización lo que se produce
es una osteolisis, es decir, descalcificación
de los huesos. Cuando la persona resuelve
el conflicto lo que se produce es un crecimiento
tisular o relleno del hueso afectado. Los
problemas de artrosis están referidos pues
a conflictos de desvalorización y según la
zona ósea afectada se puede determinar cuál
es el origen psicobiológico que la ha producido.
Así, una artrosis de rodilla viene producida
por una desvalorización deportiva, nombre
genérico que se aplica a la incapacidad que
experimenta una persona al comprobar que no
puede realizar físicamente las cosas que por
su edad y condición debería poder hacer, como
cruzar la calle sin esperar a que los coches
estén a doscientos metros de distancia. La
desvalorización sexual, por su parte, produce
alteraciones en los huesos de la pelvis, del
sacro y de las lumbares.
Las arterias coronarias pertenecen al ectodermo
cerebral. En la fase de conflicto activo se
producen úlceras en las arterias. Cuando la
presión sanguínea que pasa por esas úlceras
pone en grave riesgo la rotura de la pared
arterial se desencadena un mecanismo reflejo
que es la angina de pecho; es decir, el cerebro
envía una orden a la zona muscular que afecta
a la arteria produciendo un espasmo de tal
manera que provoca el acercamiento de las
paredes de la arteria impidiendo que pase
flujo sanguíneo por ella y evitando así su
ruptura. Según lo anterior, en la fase activa
de un conflicto de pérdida de territorio directo
la persona puede morir de angina de pecho
pero nunca de infarto de miocardio porque
éste se produce en la fase de solución o de
regeneración, cuando las células del borde
de las úlceras empiezan a crecer, a proliferar,
con lo cual esa zona se edematiza. Para ello,
el colesterol viene a depositarse sobre las
úlceras a fin de ir tapizándolas. Durante
ese proceso y dado que por la arteria está
fluyendo la sangre a alta presión es posible
que una parte de ese tapiz o costra cicatrizante
se desprenda y, dependiendo de su tamaño así
como el del edema cerebral correspondiente,
obstruya la arteria produciendo un infarto.
En este sentido -y siempre según los postulados
de Hamer-, en conflictos activos de "pérdida
de territorio" de duración superior a ocho
meses el infarto producido por la crisis en
la fase regenerativa es de tal calibre que
se convierte en mortal.
En cuanto al ducto de la mama, por ejemplo
-que también corresponde al ectodermo- en
fase de conflicto activo se forman pequeñas
úlceras que la mujer apenas percibe como un
"pinchacito". Cuando se resuelve el conflicto,
se produce un edema que aporta las sustancias
necesarias para que las úlceras puedan regenerarse
mediante mitosis o multiplicación celular
en la zona. El problema es que ese edema y
la mitosis subsiguiente se manifiestan como
un bulto, lo que lleva a la mujer a acudir
inmediatamente al ginecólogo, quien después
de la consiguiente biopsia puede llegar a
diagnosticar que esa mujer padece cáncer.
Curiosamente, las estadísticas de la OMS (Organización
Mundial de la Salud) indicaban que en 1978
los cánceres de mama en Estados Unidos ascendían
a 140.000 casos. En esa época se desarrolló
la campaña de detección precoz del cáncer
de mama y a los dos años el número de casos
había ascendido a 1.400.000. ¿Hay alguna explicación?
Nadie la ha dado hasta la fecha.
En el tratamiento del cáncer de mama puede
llegarse a la extirpación total o parcial
para posteriormente aplicar radioterapia y
quimioterapia al objeto de eliminar toda posibilidad
de existencia de alguna célula cancerosa que
pudiera reproducir la dolencia. Es comúnmente
aceptado que de quedar alguna célula cancerosa
viva es posible que ésta se desplace por el
torrente sanguíneo y finalmente, quizás al
cabo de muchos años, ir a producir, por ejemplo,
un cáncer de cadera. Según el planteamiento
de Hamer eso es imposible por cuanto ninguna
célula que corresponda a una hoja embrionaria
puede reproducirse en otra hoja diferente.
Sería tanto como aceptar que un chino se lance
al mar para ir nadando hasta Canadá y al cabo
de veinte años llegue a sus costas convertido
en un hombre de casi dos metros de altura,
rubio y con los ojos azules. Más lógico parece
que cada aparición de un cáncer corresponda
a un conflicto psicobiológico independiente.
En el mismo sentido, una pregunta que hoy
día está sin contestar es cómo es posible
que una célula cancerígena en la mama provoque
un crecimiento tumoral y ocho o diez años
después de haber sido extirpada la misma,
radiado el lecho operatorio y sometida a quimioterapia
para acabar con cualquier célula que se haya
escapado al resto del organismo, aparezca
en un hueso de la pelvis y allí no produzca
crecimiento tisular sino que, por el contrario,
ocasione una destrucción del tejido óseo (osteolisis).
Antes bien, deberíamos encontrar en ese hueso
una tremenda proliferación de células mamarias
capaces de destruirlo; sin embargo, eso nunca
se ha encontrado.
LAS CONSTELACIONES
ESQUIZOFRÉNICAS
Podría argüirse
-y así se ha hecho- que en tal caso una persona
que en lugar de tener un conflicto emocional
tenga varios debería tener lesiones orgánicas
correspondientes a los relés cerebrales afectados.
Sin embargo, cuando se producen conflictos
en la corteza cerebral en los dos hemisferios
la orden de lesión no llega al órgano, generándose
en su lugar una defensa del organismo en forma
de sintomatología psíquica. A este hecho Hamer
le denomina "constelación esquizofrénica".
Para que se produzca una constelación es necesario
pues que se generen al menos dos conflictos,
de tal manera que cuando se da el segundo
de ellos ya haya previamente otro conflicto
activo en el hemisferio dominante del paciente.
Expliquémoslo con el siguiente caso. Un hombre
diestro que llevaba treinta años trabajando
con su hermano de socio sin problema alguno
descubre un día que en las diferentes ampliaciones
de capital que fueron haciendo su hermano
ha terminado quedándose con toda la empresa.
Pues bien, en el momento en que hace tal descubrimiento
sufre un conflicto que vive como "pérdida
de territorio" ("colorido" del conflicto),
impacto traumático que lesiona el relé cerebral
de su hemisferio dominante, el derecho (el
masculino). Abatido, se siente tan mal que
decide irse antes de tiempo a casa y al llegar
a ella se encuentra a su mujer en la cama
con otro hombre. Sólo que como ya tiene bloqueado
el relé correspondiente a la "pérdida de territorio"
no puede vivir ese nuevo conflicto como "pérdida
de territorio" y entonces lo vive desde el
hemisferio izquierdo (el femenino) como "frustración
sexual", por lo que se genera una "constelación"
que da como resultado una situación de depresión.
De ahí que el hombre se vaya a la cocina,
se siente en un taburete y se ponga a llorar
cuando en circunstancias normales, si no hubiera
tenido ese problema en el trabajo, al llegar
a casa y encontrarse a su mujer con otro la
reacción hubiera sido probablemente muy distinta.
Hay que decir que el hemisferio derecho recoge
los conflictos emocionales masculinos mientras
que en el izquierdo se sitúan los femeninos.
En el caso que nos ocupa, la "pérdida de territorio"
relacionada con su mujer que experimenta el
hombre, éste no la puede vivir en su aspecto
masculino al tener bloqueado el relé por lo
que la vive en su aspecto femenino o de "frustración
sexual".
Por otra parte -y según los postulados de
Hamer-, todas las depresiones tienen su origen
en una "pérdida de territorio" directo unido
a una frustración de carácter sexual que incluye,
obviamente, todo tipo de problemas con la
pareja ("No tengo la pareja que me gustaría
tener", "No tengo una relación de pareja satisfactoria",
"No me entiendo sexualmente con mi pareja",
etc.).
Curiosamente, si atendemos a este postulado
llegaríamos a la conclusión de que las depresiones
son una defensa contra el cáncer puesto que
la alternativa al daño físico, cuando se producen
dos o más conflictos, es el daño psíquico.
Sería interesante conocer en este sentido
las estadísticas sobre la incidencia del cáncer
en pacientes internados en hospitales psiquiátricos.
En el tema de las constelaciones, mientras
están ambos conflictos activos no se daña
ningún órgano pero siempre está el "peligro"
latente de que se resuelva sólo uno de los
dos, en cuyo momento deja de existir la constelación
y entonces sí quda dañado el órgano regido
por el relé que aún mantiene el conflicto
activo; es decir, se vuelve a entrar en
simpaticotonía.
Entre los muchos tipos de constelaciones que
pueden darse en las diferentes partes del
cerebro podemos encontrar una llamada "post
mortem" cuyo resultado es un proceso psicológico
tendente a buscar la trascendencia, el más
allá, lo que hay después de la muerte. La
persona que lo sufre es un candidato idóneo
para ingresar en una secta, necesita "biológicamente"
entrar en contacto con grupos o instituciones
que le permitan acercarse al más allá,
pero no de una forma profunda sino en lo externo,
en la parafernalia; por eso suelen ser personas
que van de una secta a otra, de un guru a
otro.
LA RESPUESTA ESTÁ
EN LA CÉLULA
En suma, el doctor
Hamer ha descubierto algo muy importante al
relacionar la psique con el órgano dañado
ya que -según afirma- todo esto implica que
solucionando el conflicto que lesionó el órgano
éste se recupera. La dificultad estriba en
que hay muchos pacientes que, aún queriendo,
no son capaces de solucionar ese conflicto
psíquico. Pues bien, médicos conocedores de
los descubrimientos de Hamer plantean (y en
esta hipótesis Hamer no tiene nada que ver)
que en tales casos se debe centrar la atención
en la célula, el último sustrato donde recae
finalmente la enfermedad. Lugar en que, por
un camino u otro, acaban incidiendo todas
las causas desencadenantes de enfermedad,
sean éstas psíquicas, químicas, físicas o
traumáticas.
La célula tiene una característica básica
muy importante y que apenas es tenida en cuenta
por la Medicina clásica: su polaridad, el
equilibrio bioeléctrico establecido en su
membrana. La célula enferma cuando se produce
un desequilibrio en su polaridad, es decir,
una despolarización. Todo proceso patológico
lleva siempre inherente una despolarización
celular y, por consiguiente, todo proceso
curativo lleva siempre implícita una repolarización
celular (Ver recuadro).
En este sentido, si una célula sufre una despolarización
en una zona de su membrana puede, por ejemplo,
sufrir un error al decodificar una determinada
enzima, tal vez la que metaboliza la grasa.
Pues bien, ateniéndonos a la primera ley férrea
del cáncer propugnada por Hamer que dice que
"todo shock psíquico altamente traumático
que pilla por sorpresa y es vivido en aislamiento
produce una ruptura de campo electrofisiológico
o electromagnético de un área concreta del
cerebro y, como consecuencia, se lesiona el
órgano que esa parte del cerebro está regulando",
a nivel del sustrato íntimo del órgano esto
se traduce en una despolarización celular.
Siendo la intensidad y particularidad del
conflicto lo que hará que sea mayor o menor
esa despolarización y, por tanto, mayor o
menor el daño producido en los tejidos del
órgano afectado. El médico alópata lo que
determina es el nombre técnico que se debe
aplicar a esa patología.
Pero, ¿qué mantiene realmente el equilibrio
bioeléctrico de las células? El organismo
tiene un mecanismo que es el siguiente: mediante
el ión potasio dentro de la célula y el ión
sodio fuera de ella se establece un equilibrio
eléctrico en el interior de la membrana celular.
Cuando el sodio entra dentro de la célula
la despolariza; por tanto, una dieta rica
en potasio y pobre en sodio permite una constante
repolarización celular. Este principio fue
aplicado hace cincuenta años por el doctor
Demetrio Sodi Pallarés para el tratamiento
de afecciones cardíacas con resultados sorprendentes
pero no tuvo demasiado eco quizás porque una
dieta pobre en sodio y rica en potasio se
escribe en un papel y cuesta poco dinero...
El doctor Demetrio Sodi Pallarés
es doctor Honoris Causa por la
Universidad de Alcalá de Henares y fue presidente
del Instituto Mexicano de Cardiología, cargo
que tuvo que abandonar a raíz de sus investigaciones
"atípicas" sobre la terapia post infarto de
miocardio.
Sin embargo, hace menos de un año la Universidad
de Boston ha reconocido su trabajo y el hecho
de que su método reduce en un 90% la mortalidad
de quienes han sufrido un infarto de miocardio.
El método de repolarización celular del doctor
Sodi Pallarés se basa en una dieta pobre en
sodio y rica en potasio como antes indicábamos,
a la que se añade una solución polarizante
en forma de suero especial glucosado al 10%
que se inyecta en vena, así como aplicaciones
de magnetoterapia. Este doctor aplica su método
no sólo en patologías cardiacas sino también
en otro tipo de afecciones, incluido el cáncer.
Pues bien, a lo largo de sus tratamientos
se encontraba, por ejemplo, que ante un cáncer
con metástasis de huesos conseguía que el
paciente se recuperase y volviesen los huesos
a recalcificarse... pero dos meses más tarde
volvía a presentarse la metástasis. Volvía
a aplicar el tratamiento y la metástasis desaparecía
para volver a aparecer pasado un cierto tiempo.
Sin embargo, en otros pacientes no sucedía
esto y se recuperaban satisfactoriamente.
Sería bueno comprobar en estos casos que el
doctor Sodi Pallarés relata en su libro "Magnetoterapia
y tratamiento metabólico" hasta qué punto
tener o no resuelto el conflicto emocional
influía en el desenlace final al retirar la
terapia polarizante. Autores mundialmente
conocidos en la psicoterapia del cáncer como
el oncólogo norteamericano O. Carl Simonton
vienen demostrando desde hace años la influencia
de los conflictos emocionales en la génesis
y tratamiento del cáncer, que la despolarización
celular es lo que, en definitiva, mantiene
la enfermedad, que un conflicto es capaz de
producir -a través del cerebro- una despolarización
celular y que las técnicas repolarizantes
como la de Sodi Pallarés invierten en lo posible
esa despolarización y, en la medida en que
lo consiguen, curan. Podríamos comprender
así que cada técnica repolarizante unida a
la ausencia de la orden cerebral de despolarización
que se produce en la solución del conflicto
va encaminada a la resolución definitiva de
la enfermedad. Sin embargo, toda técnica repolarizante
que no tenga en cuenta la orden de despolarización
que provoca el conflicto activo sería eficaz
en la medida en que su acción repolarizante
supera a la despolarizante del conflicto,
pero ineficaz si no la supera y si, retirada
la técnica, el conflicto continúa activo.
LOS "BARRENDEROS"
DEL ORGANISMO
Según Hamer, los
virus, bacterias y hongos aparecen en el proceso
de limpieza y reconstrucción del organismo.
Unos son los reconstructores y otros
los barrenderos que van a comerse los
tejidos necrosados, detritus, etc., para permitir
que el organismo realice una reestructuración
total del órgano dañado. Por ejemplo, los
tumores endodérmicos producidos en fase activa
de los conflictos son eliminados en la fase
de resolución por estos microorganismos.
Todos los microorganismos que existen en nuestro
cuerpo son simbióticos con nosotros y pueden
sufrir todo tipo de transformaciones tanto
a formas más evolucionadas -y, por tanto,
más dañinas- como a formas más primitivas
o menos dañinas. Los seres humanos nacemos
con lo que a alguien le dio por llamar "la
gran plaga oculta" y que son esos millones
de "bichitos" que heredamos de nuestros padres
vía sangre materna. Ingente cantidad de microorganismos
a la que se añade a lo largo de la vida otra
no menos apreciable cantidad procedente del
medio ambiente, de la alimentación, del agua
o del aire, con lo cual podemos decir que
los seres humanos somos casi un "gran estanque
acuoso" lleno de millones de seres vivos que
se mantienen en equilibrio simbiótico gracias
a multitud de sistemas orgánicos que podríamos
resumir en dos grandes grupos:
1) Aquellos que mantienen un "estado del
terreno" adecuado; es decir, mantienen
la polaridad celular y el funcionamiento correcto
de los tejidos, con lo cual se mentiene a
raya la penetración patógena de los microorganismos.
Y,
2) Aquellos sistemas que impiden las mutaciones
de los microorganismos simbióticos que
los convierten en patógenos pudiendo invadir
y degenerar los tejidos.
VISUALIZACIÓN CON
EL MICROSCOPIO
El método para
visualizar al microscopio estos microorganismos
fue descubierto hace muchos años por el doctor
Juan Prada Pascual, profesor de Fisiología
en la Facultad de Medicina de la Universidad
Complutense. Método que permitió descubrir
no sólo la prevención de estos microorganismos
sino también las formas en que mutan y emigran
de unos tejidos a otros. Muchos de ellos son
intraeritrocitarios, es decir, viven dentro
de los glóbulos rojos de la sangre, con lo
que eso implica en cuanto a su capacidad de
diseminación por el organismo.
Pues bien, en los estudios llevados a cabo
por el Dr. Prada se comprueba que la
alteración del estado simbiótico de estos
microorganismos conlleva la aparición de muchas
enfermedades hasta ahora consideradas de etiología
desconocida. De ahí que el tratamiento encaminado
a mantener su simbiotismo sea esencial para
la curación de muchas enfermedades. Por otro
lado, se demuestra cómo la presencia de sustancias
químicas en el organismo -entre ellas muchos
fármacos de síntesis habitualmente utilizados-
provocan mutaciones patógenas causantes de
multitud de enfermedades.
Excuso decir que la naturaleza de estos descubrimientos
pone en entredicho muchos de los diagnósticos
y tratamientos actuales por lo que se entiende
fácilmente la resistencia a aceptarlos por
parte de la clase médica y los laboratorios
farmacológicos.
¿Y cómo encaja todo esto con la polaridad
celular? Pues porque una de las razones por
la que esos "bichitos" se vuelven patógenos
no es otra que la alteración de los tejidos
que se produce por la orden de despolarización
celular que a través del cerebro se produce
como consecuencia de un conflicto emocional
de las características que ya se han relatado.
En la línea de una terapia encaminada a combatir
las causas de la enfermedad en todas sus fuentes
-tanto la psicoemocional en la resolución
de los conflictos como el control de los organismos
una vez que se han convertido en patógenos-
hay que reseñar los trabajos de la doctora
norteamericana Ula Clark, quien lejos
de la terapia antibiótica clásica, capaz de
acabar con gérmenes tanto patógenos como simbióticos
y provocar mutaciones progresivas, planteó
una terapia totalmente inocua y dirigida en
exclusiva a las mutaciones patógenas. Para
lo cual, junto con su hijo, ingeniero de telecomunicaciones,
desarrolló un aparato -15.000 pesetas de coste-
que funciona con una pila de 9 voltios y emite
la frecuencia de resonancia de todos y cada
uno de los microorganismos patógenos, a los
que elimina con sólo emitir esa misma frecuencia
pero invertida. La doctora Clark publicó dos
libros titulados "Cien casos de cáncer
curados" y "Cien casos de SIDA curados"
en los que expone cómo consiguió esos
resultados usando el aparato... pero, como
suele ocurrir en estos casos, no está "oficialmente"
aceptado. Así que incluyó el diseño en Internet
y hoy día son ya muchos los médicos que han
desarrollado el prototipo.
En resumen, a la luz de los nuevos enfoques
médicos relatados la terapia multidisciplinar
que se deriva de ellos es, por un lado, identificar
qué tipo de bacterias están proliferando y
en qué órganos lo están haciendo. A continuación,
se trata de reubicar a esas bacterias en su
ámbito natural haciendo que muten a una forma
primitiva no patógena mediante la creación
de un ambiente poco propicio como puede ser
la aplicación de frecuencias de resonancia
contrarias a la suya. Por otro lado, se intenta
repolarizar las células de los órganos dañados
a través de terapias energéticas complementadas
con una alimentación rica en potasio y pobre
en sodio, además de la aplicación intravenosa
de una solución polarizante en suero glucosado
al 10% acompañada de magnetoterapia. Todo
esto además puede ser complementado con la
alineación con el canal energético específico
derivado del campo magnético terrestre y que
se corresponda con los órganos o sistemas
afectados. Y, por supuesto, no se ha de olvidar
lo más importante: solucionar el conflicto
emocional causante de todo el proceso.
La conclusión a la que podemos llegar es que
estamos ante un paradigma que nunca ha dejado
de modificarse, como es el de la salud. Querer
ponerle puertas al campo no conduce a nada
y pensar que los caminos para hallar el equilibrio
y la salud son sólo los oficialmente admitidos
es ponerse una venda en los ojos. Ni el poder
ni el dinero podrán evitar que las nuevas
tendencias médicas, basadas a veces en descubrimientos
alejados de lo ortodoxo, se apliquen en beneficio
de la humanidad.
Finalmente, también llegamos a la conclusión
de que aquellos que se han jugado su prestigio
profesional y personal en busca de métodos
que ayuden al ser humano en su lucha contra
la enfermedad, como el doctor Hamer o los
doctores Sodi y Prada, merecen nuestro reconocimiento
más sincero independientemente de lo acertados
o no que finalmente se consideren sus procedimientos.
Ellos, como tantos otros a lo largo de la
historia, son los pioneros que nos hacen seguir
teniendo fe en el ser humano.
Luis Arribas
¿QUIÉN PUEDE DIAGNOSTICAR
UN CÁNCER?
Según la OMS el
diagnóstico de certeza del cáncer sólo lo puede
dar un comité formado por tres servicios, ninguno
de los cuales aisladamente puede dar diagnóstico
de certeza, sólo de presunción. Estos servicios
son: Radiología, Oncología o Medicina Interna
(cuando en el centro médico no haya Oncología)
y servicio de Anatomía Patológica. Pues bien,
al parecer en este país -y prácticamente en
todo occidente- el diagnóstico de certeza de
un cáncer recae única y exclusivamente en el
servicio de Anatomía Patológica, de tal manera
que en ese servicio, a través de un examen microscópico
y sin conocer al paciente ni sus circunstancias,
determinan si una persona tiene o no un cáncer.
CÓMO REPOLARIZAR LAS
CÉLULAS
Hay muchas terapias
que ayudan a repolarizar las células. Desde
el Método Silva pasando por la visualización
creativa de Simonton hasta la meditación
transcendental, todas aquellas que estén dirigiendo
a nuestro organismo la orden de salud estarán
enviando ondas potentes con la orden de repolarización
celular. Por eso es muy importante el apoyo
psicológico en los pacientes, hacerles partícipes
de la solución a su problema.
No obstante, no hay que olvidar que en todo
proceso patológico están implicados tres elementos:
cerebro, órgano y psique, por lo que la terapia
a aplicar siempre debe ser en los tres niveles.
De ahí que sea aconsejable hacer consciente
a la persona del origen del conflicto emocional
que generó la enfermedad, llevándole si es necesario
mediante terapia regresiva al momento en que
se produjo. En el ámbito orgánico se proponen
soluciones a través de la Homeopatía pues esta
forma de terapia permite al organismo encontrar
sus propias fuentes de respuesta a la enfermedad
como, por ejemplo, la producción de endorfinas,
capaces de disminuir el dolor en sustitución
de la clásica aspirina. Por último, es aconsejable
la administración de vitaminas, sobre todo las
del grupo B -dirigidas al sistema nervioso-,
pero no debe administrarse por separado la vitamina
B6, por ejemplo, y luego la B12, porque se arrastran
unas a otras; por tanto, es necesario que se
administre un complejo vitamínico que incorpore
a todo el grupo B.
De la importancia de mantener repolarizadas
las células da fe el hecho de que en ausencia
de campos magnéticos -como ocurre con los astronautas
que están largos periodos de tiempo lejos de
la influencia magnética terrestre- los tejidos
orgánicos se deterioran de forma general; no
sólo los huesos, también el corazón, el hígado,
los pulmones, etc., sufren un deterioro importante
que hace necesaria la repolarización al llegar
nuevamente a la Tierra.
En este sentido, se ha podido detectar que,
situándonos en cualquier parte de la superficie
terrestre, estamos rodeados de un campo magnético
en forma de circunferencia. De los infinitos
radios que contiene esa circunferencia hay doce
cuya intensidad de campo está especialmente
dirigida a mantener constante la polaridad de
los diferentes sistemas y órganos de nuestro
cuerpo. Dicho de otra forma: cada uno de nuestros
órganos y sistemas está regido por un canal
energético que mantiene nuestra polaridad celular,
nuestro equilibrio eléctrico dentro de los tejidos
que ese canal rige. Lo que intenta la Acupuntura
a escala sintomática es desviar la energía de
unos canales a otros que estén en un momento
determinado dejando de polarizar un tejido u
órgano concreto. De igual manera, las terapias
destinadas a eliminar bloqueos energéticos no
tienen otro objetivo que repolarizar las células
que ese bloqueo había despolarizado.
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