Calefacción sana

Cuando el invierno llega y la temperatura ambiental desciende varios grados alejándose de lo que percibimos como confortable solemos vernos obligados a recurrir a sistemas de calefacción. Sin embargo, si nuestras viviendas y lugares de trabajo se hubiesen concebido y construido según los criterios de la Bioconstrucción o la Arquitectura Bioclimática posiblemente apenas necesitaríamos recurrir a energías externas para caldear el ambiente hogareño. Pero como tales casos son minoritarios, en la gran mayoría de las viviendas se debe recurrir a sistemas de calefacción que las templen y las hagan mínimamente habitables en invierno.

Ahora bien, el problema es que la mayoría de los sistemas de calefacción convencionales despilfarran energía y la mayoría de las fuentes energéticas empleadas para producir calor son contaminantes; a veces incluso inducen trastornos de salud, especialmente problemas respiratorios y alergias.

Consecuentemente, si nos preocupa nuestra salud y la del entorno debemos interesarnos en conocer los pros y contras del sistema de calefacción que elijamos procurando que además de ofrecernos el confort buscado sea saludable y lo más respetuoso posible con el medio ambiente.

SISTEMAS DE CALEFACCIÓN 

Básicamente –aparte del diseño bioclimático de la vivienda-, los sistemas de calefacción más habituales pueden catalogarse en dos grandes grupos: los de calefacción centralizada –o central- en los que una caldera calefactora colectiva (de gas, gasóleo, carbón u otra fuente de calor) se encarga de calentar agua –no aire- haciéndola circular por circuitos hacia los radiadores o difusores que pueden abarcar el ámbito de un apartamento, una vivienda unifamiliar e incluso varias plantas de un edificio; y, por otro lado, los sistemas individuales de calefacción: radiadores o convectores eléctricos, estufas de gas, leña, petróleo, queroseno, chimeneas de leña, etc.

CALEFACCIÓN CENTRAL 

En cuanto a la calefacción central hay que decir que muy a menudo se eligen las calderas o el sistema completo basándose principalmente en criterios económicos o estéticos e ignorando –como ya mencionamos- las cuestiones relacionadas con la salud o la ecología. Las calderas más económicas suelen funcionar con gasóleo C o carbón y son también las que mayor contaminación ambiental producen. Empero, más contaminantes resultan los sistemas eléctricos de calefacción central dado el gran gasto energético que supone la producción de transporte y distribución de la electricidad, sobre todo a partir de centrales térmicas de carbón o petróleo de gran impacto ecológico. En las centrales nucleares los problemas ecológicos deben evaluarse a largo plazo. Además, los sistemas eléctricos de calefacción suelen ser, por lo general, los que resultan más caros en cuanto a factura mensual, a excepción de las bombas de calor y de los acumuladores cerámicos que funcionan con tarifa nocturna (atención a la contaminación eléctrica).

Dentro de los sistemas más ecológicos hallamos las calderas de gas, sobre todo las modernas de condensación de alto rendimiento que reducen un 40% el consumo energético con respecto a las calderas antiguas. Son de baja emisión de contaminantes atmosféricos aunque su coste de instalación y funcionamiento sea superior al de las calderas de gasóleo C o de carbón.

Una alternativa menos contaminante y más ecológica a las clásicas calderas de carbón es hacerlas funcionar con “pellets” de madera prensada procedente de podas forestales y restos de la gestión de empresas madereras.

Los suelos, zócalos o paredes radiantes mediante tubos de agua caliente suelen crear gran confort térmico y resultan interesantes combinados con calderas de gas por condensación o bombas de calor y, mucho mejor aún, con conectados a placas solares de agua caliente que permiten en las viviendas con buena exposición solar un ahorro casi total de consumo energético externo. Si se combinan con un buen aislamiento térmico y el diseño bioclimático de la vivienda el ahorro en facturas energéticas es completo.
Aunque resultan casi desconocidos en nuestro país los sistemas de zócalos y paredes radiantes resultan más confortables y saludables que los suelos radiantes, a los que se les achaca el incrementar los problemas circulatorios y las varices en personas propensas a ello.

Totalmente desaconsejados son los sistemas de calefacción eléctricos de suelo o techo radiante. Consisten en cables de baja tensión empotrados que transforman la electricidad en radiación térmica. Sus ventajas se centran en la facilidad de instalación y en la gran limpieza que suponen respecto a los radiadores externos pero la gran contaminación eléctrica que generan –similar a vivir justo debajo de una línea de alta tensión- los proscribe de cualquier casa que quiera preciarse de sana. Y eso sin hablar de las facturas eléctricas –incluso con las tarifas nocturnas-, abultadísimas y ruinosas.

SISTEMAS INDIVIDUALES DE CALEFACCIÓN 

Cuando necesitamos caldear espacios reducidos o no es posible la instalación de calefacción centralizada recurrimos a sistemas individuales. Pues bien, en tales casos resultan poco aconsejables las estufas de gas sin toma de aire y salida de humos al exterior de la casa ya que resecan el aire interno y desprenden tóxicos óxidos de nitrógeno que a tantas personas les producen mareos o intensos dolores de cabeza.

Hoy se están popularizando las estufas de leña –o “pellets” de madera prensada- con regulación de tiro y bajo consumo de aire para la combustión, con buenos resultados y gran rendimiento; en cambio, las chimeneas abiertas y las estufas de leña de mala calidad despilfarran del 60% al 80% de la energía que consumen –se escapa el calor junto al humo de la chimenea- y su deficiente combustión genera gran cantidad de gases contaminantes pudiendo incluso ser causa de intoxicaciones graves por monóxido de carbono.

Los radiadores eléctricos con tubos infrarrojos son una buena alternativa para caldear espacios de reducidas dimensiones y poca permanencia –cuartos de baño, vestidores, etc.- pero en habitaciones más grandes donde sólo pueda usarse la electricidad conviene hacer uso de los radiadores eléctricos de aceite que, aunque son más lentos en caldear el ambiente, a largo plazo crean mejor confort térmico; además, si aparte de su termostato disponen de un programador horario permiten controlar mejor el consumo eléctrico.

Están totalmente desaconsejados los convectores eléctricos compuestos de resistencias eléctricas y ventiladores. Son poco eficientes, ruidosos, resecan el ambiente y al quemar el aire las partículas de polvo y otros compuestos químicos presentes en la atmósfera de la casa -que pasan a través de sus resistencias- producen sustancias tóxicas, contaminantes o alergénicas.

En suma, insistimos en que si en nuestra casa sólo podemos recurrir a sistemas aislados –no centralizados- conviene decantarse por los acumuladores cerámicos con tarifa nocturna.

AISLAMIENTO Y AHORRO ENERGÉTICO  

Queda claro pues que una buena calefacción debe ir a la par con un correcto aislamiento térmico del edificio. Las casas mal aisladas pierden -por paredes, techos y ventanas- entre un 30% y un 50% de la energía calórica empleada para caldearlas por lo que un buen aislamiento puede reducir fácilmente las facturas energéticas entre un 20% y un 40%.

Conviene ser conscientes de que cada grado que aumentamos el termostato el consumo energético se incrementa notablemente. En definitiva, es necesario caldear las casas pero como hacerlo para andar en manga corta o bañador por ella en pleno invierno es antiecológico, más vale abrigarse un poco más y reducir el consumo energético. Los edredones nórdicos son una buena inversión puesto que aprovechan nuestro calor corporal e incluso permiten prescindir de calefacción en las habitaciones; bastaría instalar un radiador con programador horario que se ponga en marcha un poco antes de levantarnos y de ir a acostarnos.

La típica bolsa de agua caliente para los pies es, así mismo, otro recurso sencillo y barato con que sustituir las poco saludables mantas o esterillas eléctricas.

En fin, aprendamos a ser conscientes de que podemos contribuir a mejorar nuestra salud y la del entorno controlando algo tan corriente como la calefacción en invierno. Y recordemos que el frío –cuando no es excesivo- es estimulante, energetizante y potenciador del sistema de defensa inmunológico. Aprendamos a disfrutar también de él y no a verlo como un enemigo a combatir.



Ejemplo de Bioclimática 

Uno de los mejores ejemplos de vivienda bioclimática lo tenemos en Crevillente (Alicante), en donde la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo) construyó en 1985 un aula de naturaleza diseñada por el arquitecto Ignacio Blanco, lugar donde gracias a su original diseño y al correcto aislamiento externo se consigue mantener una temperatura media de entre 21 y 23ºC -tanto en invierno como en verano- sin necesidad de recurrir a ningún sistema energético externo. El seguimiento de rendimiento térmico fue realizado por el CIEMAT.



Confort térmico 

Mecanismos de percepción del frío y el calor.

  1. En una habitación con una temperatura media en el aire de 24ºC y unas paredes a 14ºC la sensación corporal es de frío debido a que el cuerpo percibe con más facilidad las radiaciones térmicas de las paredes que la temperatura del aire.

  2. En una habitación cuyo aire esté a 14ºC y sus paredes a 24ºC la sensación es confortable ya que la radiación captada a través de toda la superficie corporal es percibida con mucha más facilidad que la temperatura del aire circundante.

Para un correcto confort térmico también conviene disponer de un higrómetro que nos indique la humedad relativa del interior de la casa, siendo lo ideal entre un 50% y un 70%. Con ambientes secos o demasiado húmedos las percepciones térmicas y de confort resultan desagradables.

Este reportaje aparece en
10
Noviembre 1999
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