Tratamientos naturales antivíricos

Las enfermedades infecciosas fueron durante siglos las principales causas de muerte no naturales y se superaron cuando se instauraron a mediados del siglo XIX medidas higiénicas masivas en todas las grandes poblaciones y la gente empezó a beber agua limpia potable, a ingerir alimentos de calidad frescos y las calles dejaron de ser auténticas pocilgas. No fueron las vacunas las que acabaron con las pandemias o redujeron su incidencia y mortalidad como ya hemos explicado ampliamente en la revista. Y dicho esto debe saberse además que existen muchas alternativas naturales e inocuas para afrontar posibles contagios. Citamos pues someramente algunas posibilidades como mero recordatorio.

TRATAMIENTOS NATURALES

El ayuno. Los humanos aprendimos de los animales que basta ayunar, beber agua pura, respirar aire no contaminado, desintoxicar el cuerpo y descansar suficientemente para que el propio organismo se recupere de la mayor parte de las dolencias; al punto de que el ayuno terapéutico pasó a formar parte de la práctica ritual de casi todas las religiones. Pues bien, hoy sabemos que hace bajar los niveles de colesterol total así como el del llamado “malo” aumentando el del “bueno”, reduce el nivel de triglicéridos, baja la glucemia, la insulinemia y la resistencia a la insulina, disminuye la hipertensión y el ritmo cardiaco, hay menos probabilidad de sufrir ateroesclerosis, mejora el sistema inmune, disminuye la cantidad de tejido adiposo y aumenta la resistencia neuronal a las toxinas además de aumentar la longevidad y combatir las infecciones. 

Una dieta alcalina y cetogénica. Reducir la ingesta diaria de calorías y eliminar a la vez la de alimentos acidificantes alarga la vida retrasando el envejecimiento y evita en buena medida la hipertensión, la ateroesclerosis, los accidentes cardiovasculares, la diabetes, los problemas renales, las complicaciones respiratorias, las patologías autoinmunes, las neurodegenerativas y el cáncer. Además permite adelgazar, aumentar la esperanza de vida, reducir la posible aparición de tumores, protege el corazón y además es una ayuda eficaz en casos de hipertensión, ateroesclerosis, artritis, enfermedades inflamatorias intestinales, anorexia, bulimia, asma, lesiones medulares, diabetes, lumbalgia, cáncer y trastornos mentales. Hasta aumenta la segregación de dos hormonas del crecimiento -la somatotropina y la somatomedina- que desempeñan un papel fundamental en la regeneración tanto de las neuronas como de las envolturas de mielina. 

El carbón activado. Cuando se elabora a partir de fibra vegetal fina carbonizada a muy alta temperatura sin apenas presencia de oxígeno a fin de garantizar tanto la ausencia de sales de nitratos y sulfatos perjudiciales como de metales tóxicos el carbón vegetal activado en polvo es antivírico, bactericida, antiinflamatorio, carminativo, hipocolesterolemiante, uricosúrico y nefroprotector y ayuda a deshacerse hasta del exceso patológico de leucocitos. Además es desintoxicante tanto cuando se ingieren alimentos en mal estado como contaminados que provocan inflamación intestinal, disbiosis y diarrea. En todo caso su cualidad más destacable es su capacidad para neutralizar gran número de sustancias tóxicas, medicamentos incluidos, sean estos ingeridos accidentalmente o no. Y lo más importante en el caso que nos ocupa: es capaz de inactivar virus y bacterias patógenas así como de neutralizar el exceso de citoquinas proinflamatorias y leucocitos. Lo aconsejable es comprarlo a granel en forma de polvo, no en cápsulas. 

La plata coloidal. Se sabe desde principios del pasado siglo XX que ninguna bacteria, virus, hongo, levadura o microbio puede vivir en un líquido en el que haya partículas coloidales de plata. Los aniquila en minutos. De ahí que la plata coloidal obtenida por electrolisis de plata pura en agua destilada se considere uno de los más potentes y eficaces germicidas naturales conocidos. Sin efectos secundarios adversos a las dosis adecuadas, sin interaccionar con otros medicamentos y sin provocar reacciones de rechazo o alérgicas. 

Prebióticos y Probióticos. La ingesta de probióticos y prebióticos ayuda a potenciar el sistema inmune así como al adecuado equilibrio del microbioma por lo que es una de la medidas más eficaces para afrontar cualquier infección microbiana, sea vírica, bacteriana o fúngica. Los probióticos son principalmente bacterias acidolácticas -lactobacilos y bifidobacterias- y levaduras que logran llegar vivas al intestino delgado donde interaccionan con las bacterias de la microflora endógena, colonizan el intestino grueso y estabilizan la flora intestinal al adherirse a la mucosa del intestino para impedir la actividad de los microorganismos dañinos. Y los prebióticos son sustancias -mayoritariamente de origen vegetal- que estimulan el crecimiento y la actividad de las especies bacterianas beneficiosas. No son digeribles por los jugos gástricos por lo que llegan intactas al intestino grueso donde potencian la absorción de los probióticos, mejoran las funciones de la flora intestinal, regulan sus funciones y hacen aumentar el número de bifidobacterias útiles. En suma, aliados inestimables para la salud. 

Los interferones alfa-2b. Los interferones son glicoproteínas de la clase de las citocinas, moléculas que entre otras funciones desencadenan las defensas del sistema inmune y deben el nombre a su capacidad para “interferir” la replicación viral en las células. Han sido utilizadas en las fases iniciales en China para atajar la pandemia en forma de fármaco. En Cuba se comercializan con el nombre Heberon Alfa R. Pues bien, hay sustancias vegetales que los contienen por lo que es posible obtenerlas tomando infusiones de té verde, manzanilla, cola de caballo y artemisa, entre otras. 

Las pepitas de pomelo. El extracto de pepitas de pomelo es eficaz para combatir unos 800 tipos de bacterias y virus así como un centenar de hongos además de gran número de parásitos unicelulares incluidos microorganismos tan temibles como la escherichia coli, el helicobacter, la salmonella, el staphylococcus, el clostridium y el aspergilus. 

El limón. Antioxidante, alcalinizante, antibacteriano, antiviral, antifúngico, cardioprotector, estimulante del hígado y el páncreas, astringente, antianémico, antiescorbútico, antihemorrágico, antihistamínico, analgésico, antipirético, expectorante, hidratante, cicatrizante, hipocolesterolemiante, hipotensor, remineralizante y tónico el limón potencia además el sistema inmune, beneficia el sistema digestivo y ayuda al sistema respiratorio además de ayudar a desintoxicarse, regenerar el cuerpo y adelgazar. 

El ajo. Sus aminoácidos sulfúreos -entre ellos la alicina– tienen un marcado efecto antibacteriano y antivírico. Contribuye a aumentar los leucocitos y los macrófagos, reduce la presión sanguínea, alivia el asma y la bronquitis, mejora la función cardiaca y la circulación de la sangre y ayuda a eliminar toxinas.

La cebolla. Antibiótico, viricida, fungicida, depurativo, laxante, diurético, regulador del azúcar en sangre, expectorante, febrífugo, sedante, cardioprotector, inmunoestimulante, antioxidante y digestivo purifica la sangre, mejora la circulación, estimula la producción de colesterol bueno y favorece la eliminación de líquidos así como la actividad excretora de los riñones. Propiedades que en buena medida se deben a su riqueza en antioxidantes destacando entre ellos los flavonoides. En caso de infección ayuda colocar media cebolla cortada en la mesilla de noche al dormir y tirarla al despertar. 

El zinc. Actúa contra 40 virus distintos e interviene en más de 300 reacciones enzimáticas. Es pues imprescindible para disponer de un sistema inmune fuerte y de ahí que sea tan eficaz en numerosos dolencias.

El cobre. Aunque se encuentra en nuestro organismo a nivel de trazas es indispensable en la fabricación de numerosas enzimas que controlan el metabolismo y es un potente y eficaz antibiótico y antiviral.

La espirulina. Primitiva alga unicelular inocua que ayuda a combatir la anemia, protege de infecciones, estimula el sistema inmune, facilita la eliminación de toxinas y reduce el riesgo de desarrollar cáncer. Asimismo multiplica la población de lactobacilos y facilita la recuperación tras periodos de malnutrición. 

La artemisinina. Principio activo de la Artemisia annua -planta muy usada por la Medicina Tradicional China– es un potente antivírico cuya eficacia ante el virus de la malaria o paludismo nadie discute. Se trata una lactona sesquiterpénica que contiene un puente peróxido no presente en ningún otro componente natural. El fármaco que se ha desarrollado con artemisinina genera resistencia lo que no ocurre si se ingiere directamente la planta. 

La equinácea. Es de gran efectividad en el tratamiento de enfermedades de tipo infeccioso y casos de envenenamiento. Estimula la producción de macrófagos, linfocitos T y células asesinas naturales encargadas de combatir las infecciones -ya sean por hongos, virus, bacterias, parásitos y sustancias químicas tóxicas- entre un 20 y un 30% más que los fármacos diseñados específicamente para ello. 

El saúco. Una de sus variedades -el sambucus nigra- es muy eficaz en dolencias tan distintas como las respiratorias, las digestivas, las dermatológicas, las ginecológicas y hasta las oculares. Alivia la tos y combate las infecciones. Rico en fitoesteroles, flavonoides, mucílagos, ácidos fenilcarboxílicos, sambunigrósidos, ácidos triterpénicos, vitaminas A, B y C y sales potásicas potencia el sistema inmune. 

Las especias. Algunas, como la canela, la pimienta, el cardamomo y el clavo entre otras, estimulan los sistemas nervioso, circulatorio, respiratorio y gastrointestinal. 

El jengibre. Eficaz en el tratamiento de las náuseas, las indigestiones, la fiebre y las infecciones así como para aumentar la vitalidad y envejecer mejor. 

La clorofila. Este pigmento vegetal activa el metabolismo celular, desintoxica el organismo y mejora la defensa, resistencia y capacidad regeneradora de las células así como su respiración, potencia los procesos naturales de curación, estimula la formación de glóbulos rojos, ayuda a cicatrizar las heridas, depura la sangre, frena las infecciones, equilibra la relación ácido-base y previene el cáncer. Está presente en las acelgas, la alfalfa, las algas (especialmente chlorella y espirulina), el apio, los berros, el brócoli, los canónigos, los cereales verdes (de manera especial el trigo y la cebada), la col, las coles de Bruselas, la coliflor, los espárragos verdes, las espinacas, los germinados, los guisantes, las judías verdes, la lechuga, los nabos, el pepino, el perejil, el pimiento y los rábanos. 

El aloe vera. Tiene acción antivírica, antibiótica, fungicida, analgésica, antiinflamatoria y tónica entre otras muchas propiedades. Posee más de 200 componentes fundamentales para el organismo humano y se ha contrastado que favorece la función hepática, aumenta las defensas, neutraliza los efectos de las toxinas microbianas y acelera los procesos de reproducción de células nuevas y la eliminación de células muertas 

El Viusid. Se trata de un preparado para potenciar el sistema inmune en todos los procesos que provocan inmunodeficiencia y es útil en las infecciones virales reduciendo tanto los efectos destructivos de los virus como de los radicales libres producidos por el estrés oxidativo al inducir al sistema inmune a resolver la infección viral. El ácido glicirricínico activado que contiene es antiinflamatorio, antiulceroso y antioxidante e incrementa la síntesis de interferones al estimular su actividad.

El Renovén. Científicamente denominado FR-91 -antes comercializado como Bio-Bac– es un producto inocuo natural inmunoestimulante, inmunomodulador, citotóxico selectivo y condroprotector que estimula la producción de linfocitos T (células CD4 y CD8) e interleuquinas 2. Como ayuda a potenciar el sistema inmune es idóneo en casos de inmunodeficiencia, malestar crónico, debilidad general, tratamientos agresivos y problemas osteoarticulares. Se obtiene a partir de la lisis de biomasa proveniente de cepas bacterianas apatógenas caracterizadas y custodiadas en bancos celulares.

El Varizapper. Aparato desarrollado por la finada Dra. Hulda Clark que según aseveraba permite a través de un barrido de frecuencias eliminar del organismo bacterias, virus y hongos y además ayuda a restablecer la polaridad de los órganos enfermos.

El Par Biomagnético. Método terapéutico de indudable eficacia cuando quien lo maneja está bien y suficientemente formado permite inactivar con unos simples imanes de 1.000 gauss cualquier microbio patógeno.

Jose Antonio Campoy

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