Aparece el libro “La Dieta Definitiva”

Quienes nos acompañan desde la creación de la revista ya conocen la “Dieta Definitiva” cuyas bases aparecieron en el primer número y se completaría en el segundo con la publicación de las normas de mantenimiento. Los miles de testimonios de sincero agradecimiento recibidos desde entonces son una muestra de su eficacia. Pues bien, tras una larga espera el libro que la complementa y explica sus fundamentos, escrito por nuestro director, José Antonio Campoy, ve la luz en Junio. Él mismo nos lo cuenta en este artículo.  

La Dieta Definitiva ha demostrado que funciona con todo el mundo y permite adelgazar sin pasar hambre, sin pesar o contar la comida, sin pastillas, sin diuréticos, sin laxantes, sin hormonas, sin ansiolíticos y sin hacer otro ejercicio que caminar media hora al día. Desde que en Enero de 1999 la diera a conocer en el primer número de la revista miles de personas la han seguido con éxito. Son numerosísimos los testimonios personales y las cartas, fax, e-mail y llamadas telefónicas de agradecimiento recibidos en tal sentido. Y muchos también los requerimientos que a partir de entonces tuvimos sobre ella con preguntas de muy distinto tipo pidiendo mayor información o aclaraciones. Ese hecho, junto al agotamiento de todos los ejemplares del primer número –a las casi 70.000 revistas que se vendieron en España y 50.000 en Iberoamérica hay que añadir las miles que se mandaron después por correo para cubrir las peticiones hasta qu edarnos sin existencias-, hacía necesario replantearse si volverla a publicar en la revista tal cual salió o afrontar la aventura de escribir un libro para poder dar cabida a todas las interrogantes planteadas a lo largo de estos tres años y medio. Pues bien, debo decir que hasta ese momento me había resistido a plantearme siquiera la opción porque aceptar el reto implicaba, entre otras cosas, dar a conocer que los fundamentos de la dieta son el resultado de una larga y profunda investigación personal, fruto de la lectura de algo más de doscientas obras sobre salud –fundamentalmente de Medicina, Psicología, Nutrición y Dietética-, de consultas de numerosos trabajos y ensayos científicos, de largas conversaciones a lo largo de más de doce años con numerosos expertos, de intercambios de opinión con una decena de médicos y, sobre todo, de mi propia experiencia porque tengo por costumbre comprobar -en la medida de mis posibilidades- lo que otros afirman.

Partícipe en cierta medida de la elaboración final de la Dieta Definitiva sería también un buen amigo, el doctor Andrés Rodríguez Alarcón, actual responsable de la sección de Alimentación de Discovery DSALUD y quien abandonó durante unos meses su puesto como responsable de la Unidad de Medicina Interna nº 4 del Hospital Gregorio Marañón de Madrid para incorporarse a la revista como Director Médico y hacer posible su lanzamiento con garantías y que es el único médico del mundo que conozco en posesión de los títulos de nada menos que ¡nueve especialidades! Nuestros intercambios de opinión e información a lo largo de estos doce años fueron vitales para mí ya que hicieron que aumentara de forma muy notable mi escepticismo ante muchas cosas que había leído hasta entonces y afrontara con espíritu abierto pero muy crítico todo lo que leería o escucharía después. Gracias a mis conversaciones con él y otras personas me replanteé algunas convicciones, estudié nuevas opciones y constaté que en el ámbito de la Nutrición aún seguimos ignorando muchas cosas. Muchísimas. Aunque los expertos lo omitan. Y que se dan por ciertas otras muchas que deberían ser puestas en entredicho. Dicho lo cual debo añadir que las conclusiones que dieron lugar a los fundamentos de la Dieta Definitiva que publicamos en el primer número de la revista  fueron, en cualquier caso, personales aunque el doctor Rodríguez Alarcón compartiera la mayor parte de ellas. No todas ya que, como es normal, él también tiene sus propias convicciones aunque las diferencias se deban más bien a cuestión de matices y gustos personales. De ahí que él se encargara en aquel primer número de elaborar los artículos explicando en qué se basan la mayor parte de las dietas conocidas, por qué no funcionan y cuáles son sus riesgos y peligros y, por mi parte, yo escribiera y asumiera, como director y autor de la Dieta Definitiva, el artículo que la dio a conocer. Texto que decidí no firmar haciendo que mucha gente le achacara erróneamente la autoría.

Y si hago hoy esta aclaración es porque, una vez he decidido publicar el libro, el lector tiene derecho a saber quién afirma lo que en él se dice. Y saber que quien asevera lo que en él aparece no es médico ni nutrólogo sino un periodista que no tiene otro título que apoye sus afirmaciones que sus 48 años de experiencia vital, 27 de ellos como profesional de la comunicación en muy distintos medios y países. Mi única presumible autoridad en el ámbito de la docencia es la de profesor de Relaciones Internacionales durante 11 años en la Universidad Complutense y tres en el Centro Español Universitario (CEU). Mi especialización en el ámbito de la Nutrición es, pues, autodidacta. Nadie me ha otorgado título que me califique de experto. Sea el lector consciente de ello a la hora de decidir si atender mis recomendaciones o sugerencias. En el tema de la alimentación y en cualquier otro en que de mi opinión sobre un tema de salud.

Aclarado lo cual, porque es de justicia, añadiré que en materia de Nutrición la confusión es tan grande que encontrar a dos “expertos” que coincidan en sus criterios es casi un milagro. Tanto en cuestión de matices como en asuntos de fondo. Y no hablemos ya de las contradicciones que uno encuentra en sus libros. Innumerables y de fondo. A veces se afirma exactamente lo contrario. Y en esos casos, ¿a quién dar crédito? Por otra parte, he observado algo muy interesante: los autores se copian unos a otros. La mayoría no investiga realmente muchas de las cosas sobre las que escribe. Dan por hecho que si otros lo han publicado debe ser verdad. Una actitud singular que explica muchas cosas –pero muchas- en el ámbito de la Medicina. Por ejemplo, que todos los médicos del mundo se pasaran décadas aconsejando a los pacientes con fiebre que se metieran en la cama tras tomarse un buen vaso de leche con un poco de licor (coñac generalmente) y se taparan muy bien con mantas “para sudarla”. Millones y millones de médicos, sin plantearse si aquello tenía sentido, recomendaban lo mismo. Cuando hoy uno les recuerda cosas como ésta –hay muchos más ejemplos del mismo tipo- se encorajinan. Pero lo cierto es que, aunque la mayoría no lo entienda ni acepte, son detalles significativos. Y es que muchos médicos no parecen asumir que lo que saben –o, mejor dicho, lo que creen saber- es lo que otros les han inculcado, lo que otros les han dicho que es verdad. No necesariamente la verdad. ¿Cuántos médicos, por ejemplo, se siguen riendo cuando se les habla de chakras, nadis o meridianos energéticos en el convencimiento de que todo eso son “paparruchas”? Médicos tan ignorantes que ni siquiera saben que hoy se pueden localizar los puntos de acupuntura con un sencillo electrotens o medir el estado de un meridiano -en amperios- con un simple aparato de electroacupuntura?

En fin, debo aclarar igualmente que en el ámbito de la Nutrición –como en otros muchos de la Medicina- las diferencias de criterio son enormes. En él he encontrado desde prestigiosos catedráticos con voluminosa obra escrita sobre el tema que afirman que adelgazar en la mayor parte de los casos es sencillamente imposible (¿tendrá que ver que algunos sean tan voluminosamente obesos como su obra?) hasta nutrólogos que plantean tal cantidad de constatados disparates que no albergo la más mínima duda sobre la calidad y veracidad de lo que les han enseñado. Claro que eso explica el fracaso de la mayoría a la hora de conseguir resultados positivos con sus pacientes. Como explica que casi todos terminen recurriendo a fármacos para lograr algo apreciable y los defiendan a pesar de sus efectos secundarios (muertes incluidas). Y es que hay quien no aprende siquiera de la experiencia porque son ya varios los fármacos para “tratar” la obesidad o el sobrepeso que en los últimos años han tenido que ser retirados. Siempre piensan que con el “nuevo” no va a haber problemas porque ese seguro que sí que está científicamente testado. Y quien dice un fármaco dice un remedio fitoterapéutico.

Por lo que a mí se refiere tengo claro que quien necesita recurrir a fármacos o plantas para que sus pacientes adelgacen lo hacen porque sin ellos no consiguen resultados. Es así de simple. Y son muchos –muchísimos- los médicos que piensan igual. Claro que los nutrólogos responden que sus colegas saben más bien poco de Nutrición porque en la Facultad de Medicina no se les da más allá de 30 o 40 horas lectivas sobre el tema. Argumento con el que dejan claro que si yo hubiera estudiado Medicina en la universidad no sabría por ello nada de Nutrición.

Hay además otra razón de peso para clarificar que el autor del libro es quien esto escribe: hay modificaciones y algunas novedades en ella. Y no me parece justo que la posible confusión se mantenga porque el doctor Rodríguez Alarcón puede ser considerado defensor de algo que no conoce ya que no ha leído el contenido del libro. Y si bien es posible que cuando lo lea esté de acuerdo no estoy en condiciones de afirmarlo.

En cuanto a la razón de que haya hecho los cambios es sencilla: poseo hoy mucha más información que antes. A cambio, tengo también  muchas más interrogantes. Es inevitable. Todo lo nuevo que se aprende comporta nuevos interrogantes hasta ese momento nunca planteados. Acaece siempre y en todos los ámbitos. En todo caso, lo importante es que la nueva información que el lector va a encontrar en el libro es interesante. Y, en algunas cosas, esclarecedora. Tanta que no albergo la más mínima duda de que voy a molestar a mucha gente que vive de la alimentación o del “negocio de la salud”. Y le aseguro al lector que no es mi intención hacerlo. Es, sencillamente, inevitable. Nuestra sociedad actual está llena de demasiadas sombras.

Sé también que mucha gente va a rechazar la Dieta Definitiva sin molestarse en comprobar si funciona y si salvaguarda además la salud de quien la sigue, que es lo importante. Es tal el número de dietas absurdas, inútiles e incluso peligrosas que circulan por ahí que muchos pensarán sin más, apriorísticamente, que ésta es otra de ellas. Otros la leerán y cuando vean que choca con lo que han leído o con sus convicciones se limitarán a rechazarla despreciativamente. Algunos más intentarán compararla con otras y colegirán con la suficiencia de quien se cree experto que “es una variante de…”. Y otros más intentarán clasificarla entre algunos de los grupos en que los expertos engloban todas las existentes -hipocalóricas, proteicas, disociadas, cetogénicas, etc.- y agregarán que no aporta nada. Lo asumo y lo espero.

Debo añadir también para quienes no la conocen -porque no la leyeron en el primer número de la revista- que no tiene nada que ver con la publicada a bombo y platillo por otra revista del sector el pasado mes de marzo con fuerte despliegue publicitario, campaña de televisión incluida. Lo publicado en ella con el reclamo de “la dieta definitiva” no es más un vulgar régimen hipocalórico que no sirve para nada. Lamento que haya empresas carentes de ética que, aun sabiendo que la Dieta Definitiva es una marca registrada hace años para protegerla, decidieran aprovecharse de la fama que en estos años se ha ganado a pulso, en su propio beneficio.

Claro que hoy existen hasta revistas dedicadas en exclusiva a “enseñar” a la gente a adelgazar que aparecen en los kioscos cada semana o cada mes. Y la verdad es que si supieran cómo hacerlo les bastaría sacar uno o dos números y explicarlo. Pero no saben o, si saben, les da igual porque lo que pretenden es ganar dinero publicitando productos que en la mayor parte de los casos tampoco sirven para nada.

Debo agregar que la Dieta Definitiva puede seguirla sin riesgo cualquier persona mayor de siete años. Incluso los enfermos de diabetes, las personas con problemas cardiovasculares o quienes se encuentran físicamente imposibilitados en una silla de ruedas o en cama. Lo que no obsta para que usted consulte primero a su médico tanto si su estado de salud le impide seguirla como si encuentra en ella algo que pueda perjudicarle. Hágalo aunque le aseguro que los diversos profesionales con los que he consultado entienden -unánimemente- que no hay problema en ese sentido. Eso sí, sepa que si usted toma determinados fármacos puede interferir en su efectividad.

En fin, sólo me resta afirmar que la Dieta Definitiva es nutritivamente equilibrada y aporta al organismo todas las vitaminas, minerales y demás oligoelementos que el organismo necesita, no se pasa hambre y es variada, no genera ansiedad, no hay que contar la comida ni las calorías, permite comer entre horas, no hay que tomar fármacos, infusiones adelgazantes, diuréticos, laxantes o ansiolíticos, no perjudica la salud, no requiere  esfuerzo físico y, encima, funciona con todo el mundo. ¿Conoce alguna otra siquiera parecida?
La decisión es suya.

José Antonio Campoy 

Este reportaje aparece en
40
Junio 2002
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