Los secretos de su larga vida

El médico japonés Shigeaki Hinohara falleció a la longeva edad de 105 años -el 18 de julio de 2017- habiendo dejado de trabajar apenas unos meses antes. Fue uno de los médicos personales de la emperatriz Michiko, formó parte de varios comités gubernamentales, publicó más de ciento cincuenta libros y centenares de artículos y apareció con frecuencia en la televisión nipona explicando que para estar sano y disfrutar de una larga vida hay ante todo que divertirse y hacer constantemente proyectos de futuro. De hecho en el 2000 fundó un grupo de ancianos de más de 75 años para que contribuyeran a la sociedad con su sabiduría y experiencia planteándose objetivos a diez años vista. Fue sin duda uno de los médicos más conocidos de Oriente y, sin embargo, poca gente sabe en Occidente algo de su vida. Hemos decidido por ello hablar de su persona y postulados.

HINOHARA

Nacido el 4 de octubre de 1911 en Yamaguchi -ciudad sita en Honshu, la isla más grande del archipiélago japonés- Shigeaki Hinohara falleció el 18 de julio de 2017 a los 105 años tras haber sido ejemplo vivo de cómo una persona puede estar dotada -incluso en la ancianidad- de una inusual energía, optimismo y capacidad de entrega. Hablamos de alguien que escribió más de centenar y medio de libros, dio conferencias tanto en escuelas de primaria como en destacadas instituciones médicas y científicas, publicó centenares de artículos en revistas japonesas e internacionales sobre gran número de temas, escribió sobre multitud de dolencias, estudió diversas medicinas alternativas -entre ellas Medicina Psicosomática, Inmunidad y Autoinmunidad, Gerontología y Musicoterapia- y trabajó como médico hasta pocos meses antes de fallecer.

Su longevidad podría asentarse en el hecho constatado de que los japoneses se encuentran entre los pueblos más longevos del mundo -de hecho se han efectuado numerosos estudios para intentar comprenderlo buscando las razones en el clima, la alimentación, los hábitos de vida, las costumbres ancestrales, un ritmo de vida relajado y un espíritu optimista- pero Shigeaki Hinohara aseguraba que solo es imprescindible para disfrutar de una larga vida divertirse, seguir una serie de sencillas normas de las que luego hablaremos y tener siempre proyectos de futuro. Normas que puso en práctica con excelentes resultados pues superó ampliamente los 100 años trabajando casi hasta el final de su existencia.

Hinohara tuvo que interrumpir a una edad temprana sus estudios debido a una tuberculosis -algo que sin duda marcó su actitud hacia los enfermos- no graduándose en Medicina hasta 1937 tras estudiar en la Universidad Imperial de Kyoto. Posteriormente se doctoraría en Cardiología y comenzaría a trabajar durante la II Guerra Mundial en el St. Luke International Hospital del centro de Tokio donde trataría a las víctimas de los intensos bombardeos aliados de marzo de 1945.

Su segunda experiencia con catástrofes sanitarias llegaría en los años noventa cuando siendo ya director del hospital se produjo un atentado con gas sarín en el metro de Tokio, acontecimiento extraordinario con cientos de víctimas a las que sin embargo se pudo atender en su centro porque estaba preparado incluso para algo tan inesperado: “Los hospitales -declararía en su momento- deben estar diseñados y preparados para afrontar las más duras catástrofes y aceptar a todo paciente que aparezca en sus puertas. El Hospital St. Luke’s está diseñado de manera que pueda funcionar en cualquier parte, sea en el sótano, en los pasillos o en la capilla. Muchas personas creían que estaba loco cuando decidimos prepararnos para cualquier posible catástrofe pero por desgracia el 20 de marzo de 1995 el destino nos dio la razón cuando miembros del culto Aum Shinrikyu perpetraron un ataque terrorista en el subterráneo de Tokio. Ese día atendimos a 740 víctimas y en solo dos horas logramos descubrir que habían sido atacadas con gas sarín. Lamentablemente perdimos la vida de una persona pero salvamos a las otras 739”.

Cabe agregar que Hinohara crearía en su hospital el primer departamento de cuidados paliativos, el primer programa de prácticas para médicos jóvenes y un departamento de Medicina Psicosocial. 

LA IMPORTANCIA DE LOS HÁBITOS DE VIDA

Y es que Hinohara fue un auténtico pionero en el ámbito de la Medicina de su país. Fue de hecho quien en 1954 introdujo en Japón un nuevo sistema de chequeos médicos denominado Ningen Dock (Dique seco humano), considerado una contribución relevante para la longevidad de la población de Japón. El método se basa en realizar al paciente una amplia serie de análisis y mantener luego con él una larga charla en la que el médico le explica los hábitos de vida que debe cambiar o introducir para mejorar su calidad de vida y prevenir enfermedades. Método simple pero eficaz que se ha convertido en Japón en parte esencial de las políticas de salud pues se introdujo en más de 1.500 instituciones médicas que tratan así anualmente a unos tres millones de personas contribuyendo a convertir a la sociedad japonesa en una de las que tiene mayor consciencia sobre la salud y los factores que la determinan. De hecho se creó la Sociedad Japonesa de Ningen Dock, entidad que desde hace 34 años publica en japonés -y desde 2014 también en inglés- un diario: el Official Journal of Japan Society of Ningen Dock.

Hinohara fue asimismo pionero de la llamada Medicina Social estando su carrera marcada por el humanismo, algo que según reconocería le inspiró el médico estadounidense Sir William Osler de quien tuvo conocimiento gracias a un amigo cirujano que le regaló uno de sus ensayos más famosos: Aequanimitas (se trata del discurso que Osler dio en 1889 en la Escuela de Medicina de Pensilvania cuando se marchó de ella). Fue eso lo que haría que Hinohara contribuyera a fundar en 1983 la Japan Osler Society y posteriormente se le nombrara miembro de honor del Club Osler de Londres y de la Sociedad Americana Osler. Ese mismo año traduciría una veintena de conferencias del médico estadounidense para su publicación en un libro en japonés y escribiría varios artículos sobre su vida y logros, entre ellos uno dedicado a su visión sobre la muerte que se publicó en abril de 1993 en History of Medicine con el título Sir William Osler´s Philosphy on Death. En cuanto a William Osler debemos decir que entre otras muchas novedosas propuestas para la época propugnó la necesidad de que los médicos compartieran sentimientos con los pacientes y sus familiares.

UNA VIDA LARGA Y BUENA

Padre de tres hijos y abuelo de seis nietos Hinohara mantuvo siempre una actitud vital constructiva y fructífera que reflejaría en su ingente obra, tanto científica como social, personal y artística. De hecho vivió algunos episodios que le marcarían, como el secuestro de un Boeing 727 de Japan Airlines cuyo registro era JA8315 YODOGO por 9 miembros de la facción comunista japonesa Liga Roja sobre el que escribiría: “La vida está llena de incidentes. El 31 de marzo de 1970, cuando tenía 59 años, embarqué en el Yodogo, un vuelo de Tokio a Fukuoka. Era una hermosa mañana soleada y cuando se empezaba a divisar el Monte Fuji el avión fue secuestrado por un grupo del Ejército Rojo Japonés. Los siguientes cuatro días los pasé esposado a mi asiento bajo una temperatura de 40 grados. Decidí entonces vivir la situación como un experimento y me sorprendí al ver cómo mi organismo lograba mantenerse en calma durante toda la crisis”.

Buena prueba de que su discurso era auténtico es que tenía ya 88 años cuando escribió el guión de un musical titulado The Fall of Freddie the Leaf (El otoño de Freddie la hoja) basado en una novela de Leo Buscaglia en el que participó él mismo ¡bailando con un grupo de niños! Se estrenó el año 2000 y pocos años después se representaría en Nueva York, actuación a la que asistió el propio Hinohara cuando contaba ya 98 años. Es más, grabó discos recitando poemas acompañado de piano y violín; a fin de cuentas fue un hombre polifacético que fue premiado con la Orden de la Cultura de Japón.

Por lo que a la longevidad se refiere debemos decir que escribió un singular artículo titulado Sobre el estilo de vida de los ancianos desde el punto de vista de la Medicina Holística. Publicado en japonés en 2002 en la revista Seishin Shinkeigaku Zasshi puede leerse un resumen del mismo en inglés en el enlace https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12649885. Se trata de un texto en el que Hinohara propuso la creación de un peculiar movimiento: el de «los nuevos ciudadanos ancianos de 75 años”. Hinohara lo justificó diciendo que en Japón la población anciana estaba creciendo rápidamente debido a la cada vez mayor esperanza de vida y la baja tasa de natalidad y entendía que las personas mayores no debían ser dependientes y debían ocuparse de sus propias necesidades y actividades sociales. De hecho quiso que se cambiara la definición de “anciano” proponiendo que no se considerase así a la persona de más de 65 años sino a la que supera los 75; añadiendo que, en cualquier caso, a las personas de más edad no hay que evaluarlas por meros criterios cronológicos sino teniendo en cuenta sus capacidades físicas y mentales. Como a menudo repetía, el término japonés para salud es a fin de cuentas kenko, concepto que en chino se escribe con dos caracteres el primero de los cuales significa “fuerza y plenitud” y el segundo “tranquilidad, serenidad de mente”. Según explicaba está constatado que cuando las capacidades físicas declinan las personas mayores acceden a un estado de espiritualidad que les ayuda a mantenerse serenos y, por ende, más sanos al alterarse normalmente menos por las vicisitudes de la vida. 

LAS CUALIDADES DE UN BUEN MÉDICO 

Hinohara incluso propuso un nuevo sistema educativo para los estudiantes de Medicina partiendo de las cualidades que entendía debe reunir todo buen médico siendo lo principal entender que está al servicio de los demás. Lo explicó en el artículo Introducción de un nuevo sistema de escuelas médicas en Japón que apareció publicado en septiembre de 2008 en Annals of Academy of Medicine in Singapore y puede leerse íntegramente en www.annals.edu.sg/pdf/37VolNo9Sep2008/V37N9p800.pdf. En él explica que la mayoría de los estudiantes de Medicina estudiaron en el instituto disciplinas de «ciencias» -donde se enseña sobre todo Matemáticas, Física y Química- y muy pocos de «letras» -humanidades o ciencias sociales- por lo que la educación médica debía incluir materias de humanismo y ética ya que es una profesión que exige -o debería exigir- altruismo, servicio, honor, deber, integridad y respeto por los demás. Para Hinohara el humanismo médico es especialmente fundamental para poder cuidar de modo empático a ancianos, enfermos terminales y pacientes pobres. Y agregaría que los médicos deben ser personas en las que confiar, benevolentes, sinceros, compasivos, corajudos y honestos profesional e intelectualmente, cualidades de las que a su juicio carecen las nuevas generaciones de estudiantes.

Hinohara recordaría asimismo en un artículo titulado Medicina y religión: la dimensión espiritual del cuidado de la salud -se publicaría en 2001 en Human Health Care y puede accederse a su resumen en www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14986626– que la religión siempre ha jugado un papel esencial en las antiguas medicinas de Oriente y Occidente y que la espiritualidad es algo que no debe obviarse. Argumento que apoyaría con casos como el del Hospice movement (Movimiento de los hospicios) que pondría en marcha en 1967 la médico y enfermera Cicely Saunders. 

UNA INGENTE OBRA CIENTÍFICA Y FILOSÓFICA

Hinohara tenía ya 102 años cuando se planteó escribir un libro para niños inspirándose en una experiencia de su juventud. Se trata de una obra titulada Daisuki na Obachan y versa sobre la muerte de un ser querido vista desde la perspectiva de un niño pequeño. El protagonista es un chico que vive con una abuela a la que tiene mucho cariño, un día enferma y a pesar de los cuidados de la madre -que es enfermera- fallece. “Es triste y da miedo hablar de la muerte -diría- pero quiero que la gente hable de ello y se prepare para el fallecimiento de cualquier miembro de su familia porque haciéndolo así se tendrá en ese momento más tranquilidad mental”.

Entre el centenar y medio de libros que escribió -muy pocos traducidos al inglés y ninguno al español- destacan el best-seller Ikikata jozu (Saber vivir) -una guía para tener una vida sana y larga de la que se han vendido más de 1.200.000 ejemplares- y otros cuyos títulos en español vienen a ser Serendipity, Para mis viejos amigos de diez años de uno de 95, ¿Es cáncer?, La nueva idea de cuidado y equilibrio, Vivir las cuatro estaciones de la vida y un volumen con traducciones comentadas de las principales conferencias de William Osler.

En cuanto a su ingente publicación científica ha sido autor principal o colaborador de cientos de artículos sobre multitud de patologías: infartos, ictus, hipertensión, diabetes, trastornos gastrointestinales y cardiovasculares, cáncer, estrés psicológico, síndrome de fragilidad, inmunidad, autoinmunidad… Y por si fuera poco publicó asimismo estudios sobre Musicoterapia y otras medicinas complementarias y alternativas, ecología del cuidado médico, las relaciones trabajo-salud, la dimensión espiritual de los cuidados médicos, la bioética, la filosofía de la muerte y las atrocidades médicas japonesas durante la II Guerra Mundial.

Terminamos indicando que Hinohara fue hospitalizado a los 105 años por un problema cardiaco y aunque no podía ni comer se negó a que lo alimentaran entubándole decidiendo regresar a casa para pasar en ella sus últimos días muriendo finalmente por fallo respiratorio.

LAS CLAVES DE UNA VIDA LARGA Y PLENA

La verdad es que es difícil hacer siquiera un mero resumen de lo aportado por Shigeaki Hinohara ya que, como hemos dicho, publicó más de 150 libros y cientos de artículos en revistas científicas sobre multitud de temas aunque la mayor dificultad estriba en que la inmensa mayoría no ha sido siquiera traducida al inglés y solo puede leerse en japonés. No obstante vamos a terminar este texto con algunos de sus principales postulados:

-Para tener energía y buena salud es necesario alimentarse bien y descansar suficientemente pero es especialmente importante una sensación interna de bienestar. Hinohara recordaba a menudo que en la niñez todos nos olvidábamos de comer y dormir cuando nos estábamos divirtiendo y animó a la gente a mantener esa misma actitud -sin saturar el cuerpo- y a no mantener reglas y comportamientos estrictos u horarios fijos.

No existen enfermedades sino enfermos. “La medicina actual -aseveraba- no trata personas, trata enfermedades cuando cada persona es única y sus dolencias están conectadas a sus corazones. Para poder ayudar a los enfermos necesitamos conocerlos y no darles solo fármacos paliativos”.

La risa y el cariño son curativos y menguan hasta el dolor. Hinohara consideraba que los hospitales deberían atender a los pacientes haciéndoles sentirse queridos, procurándoles diversión e introduciendo terapias como la Musicoterapia o talleres de arte.

-Es vital evitar el sobrepeso. Es la característica más importante que comparten todas las personas longevas del mundo independientemente de su raza, género, cultura o nacionalidad. Hinohara explicaba así su dieta habitual: “De desayuno me tomo una taza de café, un vaso de leche, un jugo de naranja y una cucharada de aceite de oliva ya que este producto es excelente para la salud de las arterias y la piel. En el almuerzo tomo un vaso de leche con algunas galletitas o nada si no tengo tiempo. De hecho nunca tengo hambre cuando estoy concentrado en el trabajo. Y la cena consiste en vegetales, un poco de pescado o arroz y dos veces por semana 100 gramos de carne magra”.

Es preciso hacer ejercicio moderado a diario. Para mantenerse en forma y sano bastan acciones sencillas como caminar a diario a buen paso y utilizar las escaleras en lugar del ascensor. Hinohara aseguraba subir las escaleras de dos en dos escalones incluso a una edad ya avanzada.

Hay que buscar siempre alternativas a los tratamientos farmacológicos y a la cirugía. “Cuando un médico te recomiende un tratamiento farmacológico o una operación quirúrgica pregúntate antes de aceptar si le sugeriría lo mismo a su pareja o a sus hijos. A diferencia de lo que la gente cree los médicos no pueden curar a todo el mundo y a menudo no se justifica someter al cuerpo a innecesarias y dolorosas operaciones quirúrgicas. Los médicos deben aprender terapias  alternativas. La música y la terapia con animales, por ejemplo, permiten lograr cosas que mis colegas ni se imaginan”.

No hay que jubilarse a los 65 años. “La jubilación a los 65 años se estableció hace medio siglo cuando la esperanza de vida en Japón era de 68 y solo 125 japoneses superaban los cien años de edad –escribió-. Hoy las mujeres japonesas viven 86 y los hombres 80, tenemos 36.000 centenarios y en los próximos veinte años podríamos llegar a tener 50.000 personas de más de 100”.

Hay que mantener siempre la curiosidad e interesarse por todo. Hinohara dice que su padre solía leerle de pequeño el poema Abt Vogler de Robert Browning que inspira y anima a realizar grandes obras de arte. “Sus palabras -explicaba- nos invitan a dibujar un círculo vital tan grande que sea imposible completarlo mientras estamos vivos. Todo lo que veremos es un arco pero sabremos que el resto, aunque no esté al alcance de la vista, seguirá allí, en la distancia”.

Debemos tener proyectos de futuro a largo plazo. Hinohara aconsejaba hacer planes con anticipación y a largo plazo; él mismo tuvo siempre una agenda con las fechas de sus siguientes conferencias y tareas, a veces programadas con años de antelación.

Evidentemente Shigeaki Hinohara propuso muchísimas más cosas y escribió textos sobre cómo afrontar casi todas las dolencias que nos aquejan pero no es posible en estas breves líneas hacer un resumen de ello y además no podemos hacerlo con rigor porque la mayoría de sus trabajos solo pueden leerse en su idioma natal. Habrá pues que esperar a que alguien se interese en traducir sus escritos.

Jesús García Blanca

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