Temas destacados del año 2012

ntermedia_155_04¡El fraude científico es cada vez mayor!

Las llamadas “revistas científicas” han tenido que retractarse hasta mayo de 2012 de lo dicho en ¡2.047 artículos! En el 67% de los casos porque se detectó “mala conducta”, en el 21% porque se detectaron “errores” y en un 10% porque se trataba de simples plagios. Uno de los autores del trabajo que lo ha constatado es el Dr. Arturo Casadevall -inmunólogo de la Universidad Yeshiva (EEUU)- quien asegura que la cantidad de retractaciones se ha multiplicado por diez desde 1975. Asimismo se han detectado otros trabajos que no fueron retirados a pesar de detectarse errores o engaños con lo que otros investigadores los siguen dando por buenos y los valoran -o citan- para sus investigaciones. Lamentable y significativo. Lo sorprendente es que ha sido en las publicaciones más prestigiosas y de mayor impacto en las que se han detectado más casos de fraude. Y los más de dos mil artículos en los que se ha detectado mala conducta, plagio o errores no son más que la “punta del iceberg” según los autores del estudio para los que todo indica que hay muchos más casos. Luego un porcentaje significativo de la literatura científica es incorrecta. “Muchos estudios –denuncia el investigador especializado en metaanálisis John Ioannidis- afirman que una droga o un tratamiento son beneficiosos cuando no es cierto (…) Y mucha investigación se lleva a cabo por razones distintas a la búsqueda de la verdad; los conflictos de intereses abundan e influyen en los resultados”.
(El reportaje se publicó en el nº 155)

 

ntermedia_154_06El exceso de ácido úrico se debe también ¡a la fructosa!

La relación entre la gota, los altos niveles de ácido úrico en sangre y la ingesta de alimentos ricos en purinas se conoce desde hace un siglo pero ahora sabemos que hay otro nuevo e insospechado factor de riesgo: ¡la fructosa! Sí, el azúcar natural de las frutas y la miel que además constituye el 50% del azúcar común o sacarosa. Y el problema es que la fructosa está hoy presente de forma masiva en tartas, dulces, pasteles, bollería, helados y, sobre todo, en zumos, refrescos y gaseosas. Cuando ahora se sabe -desde no hace mucho, es cierto- que un consumo elevado de fructosa sube rápidamente el nivel de ácido úrico en sangre y que su ingesta habitual puede tener consecuencias más serias que la gota pues se ha revelado una de las principales causas de las enfermedades metabólicas. Cabe agregar que es un grave error tratar la gota con antiinflamatorios no esteroideos (AINES) o corticoides ya que alivian el dolor resultante de la inflamación provocada por los cristales de uratos sin ayudar a evitar o eliminar ni éstos ni el exceso de acido úrico. En cambio la ingesta de grandes dosis de vitamina C disminuye la cantidad de ácido úrico en sangre aumentando la excreción de uratos a través de la orina; y lo mismo logra la apigenina.
(El reportaje se publicó en el nº 154)

 

ntermedia_153_02Férreo control de la salud mundial por la gran industria farmacéutica

Las multinacionales farmacéuticas llevan años aceptando pagar grandes sumas de dinero para no tener que afrontar juicios que pudieran terminar llevando a sus directivos a la cárcel. Y es que faltan a la verdad, ocultan información, manipulan ensayos, alquilan voluntades, financian cursos y entidades, hacen regalos indecentes, sobornan a médicos, crean falsos “líderes de opinión”, condicionan a las organizaciones de profesionales sanitarios y de pacientes así como a las principales publicaciones científicas, financian discretamente a los partidos políticos o a sus dirigentes, promocionan parlamentarios, controlan las agencias de control y la OMS y hasta deciden los planes de estudio de las facultades de Medicina. De ahí que no les importe pagar multas de vez en cuando. De hecho en 2012 GlaxoSmithKline pagó 3.000 millones de dólares para evitar llegar a los tribunales, Abbot 1.600 millones por promocionar para usos no aprobados su fármaco Depakote, Roche fue investigada por ocultar 80.000 informes y los fallecimientos de 15.161 personas tras consumir algunos de sus fármacos y Merck fue acusada de ocultar resultados y falsificar estudios para poder afirmar que su vacuna contra las paperas -que forma parte de la triple vírica- tiene un 95% de eficacia. Y la mejor prueba de que las meras multas no sirven para impedir sus prácticas ilegales es que sus comportamientos se repiten una y otra vez. Entre 1991 y 2010 las multinacionales firmaron en Estados Unidos 165 acuerdos para eludir los tribunales por un monto de 19.800 millones de dólares. El resto del mundo apenas les preocupa porque nadie les exige cuentas de sus actos. Realmente deleznable.
(El reportaje se publicó en el nº 153)

 

ntermedia_152_01Buena parte de las “enfermedades” las provocan los alimentos industriales

Son numerosas las web y blogs que ofrecen en internet fotografías que muestran hamburguesas que se han mantenido intactas a pesar de los meses o años transcurridos desde el día de su adquisición… y es cierto, no se trata de un fraude. Solo que ese fenómeno no es excepcional y se debe a los mismos factores que permiten que una pata de jamón, un bacalao o un pescado ahumado se conserven inalterados largo tiempo. De hecho tanto la “comida rápida” como la “comida basura” no son sino la punta de iceberg de la gran masa de alimentos industrializados que consumimos a diario y no son sino víveres desprovistos de nutrientes, carencias que llevan en muchos casos a la obesidad y a padecer gran número de patologías que desaparecerían simplemente cambiando la dieta y aumentando la cantidad de alimentos naturales y frescos. Es pues cierto que las hamburguesas, patatas y otros productos de los McDonald’s, Burger King, Kentucky Fry Chicken y otras cadenas de comida rápida se mantienen intactas y con el mismo aspecto no ya meses sino hasta veinte años después de haberlas preparado… pero a los perros no les seduce comérselas a partir del segundo día. Entiéndase pues: todos los alimentos que se preparan en las hamburgueserías -hasta las ensaladas- vienen congelados, enlatados o deshidratados y, por lo general, cocinados o semicocinados; se trata pues de comestibles, no de «alimentos».
(El reportaje se publicó en el nº 152)

 

ntermedia_152_04Psiquiatras: policías del pensamiento

¿Son los psiquiatras profesionales especializados de prestigio que merecen respeto o unos simples charlatanes peligrosos? La mera pregunta se le antojará a los psiquiatras insultante pero la respuesta es obvia: la mayoría son unos charlatanes. Claro que basta conocer el origen de la Psiquiatría y de sus tratamientos para que un escalofrío de terror recorra las espaldas de cualquiera. La cruda verdad es que la Psiquiatría no es más que otro engranaje de la enorme máquina de hacer dinero que se sustenta en la falsa idea imperante de que todo se puede arreglar con fármacos. Cuando lo cierto es que ni las llamadas enfermedades psiquiátricas ni los tratamientos que se usan hoy con quienes tienen la desgracia de ser etiquetados con una de ellas están científicamente fundamentados. Saber cómo nació esta pseudociencia ayuda a entenderlo. Y es que las bases de la “moderna” Psiquiatría se pusieron en marcha con financiación de la Fundación Rockefeller, la Asociación Alemana de Industrias Químicas y los oligarcas Krupp y Loeb, entre otros poderosos grupos de presión. E inventaron el concepto de “higiene mental” con objetivos muy concretos: la creación arbitraria de definiciones sobre lo que es normal, anormal, sano y enfermo, la aprobación de leyes que regulen los tratamientos psiquiátricos, la asunción por los estados de que los psiquiatras deben ser considerados agentes gubernamentales y la ampliación de la definición de “enfermedad mental” para incluir a más personas que tratar psiquiátricamente. Vomitivo.
(El reportaje se publicó en el nº 152)

 

ntermedia_152_05¿Ayuda el MMS a recuperar niños autistas?

El MMS -producto que elimina todo agente patógeno anaeróbico que vive en terreno ácido sin afectar ni a las bacterias benéficas ni a las células sanas- podría ayudar a recuperar a buena parte de los niños autistas -incluso a muchos considerados incurables- cuando se administra de forma adecuada a la vez que se realiza una completa desparasitación y desintoxicación, se sigue el protocolo DAN! -del que hablamos en el nº 146- y se ingiere agua de mar. Así lo aseguran al menos Kerri Rivera -colaboradora de Bernard Rimland, promotor del protocolo DAN!- y Andreas Kalcker -uno de los más estrechos colaboradores de Jim V. Humble, el investigador que desarrolló el MMS- con quienes hablamos de los sorprendentes resultados obtenidos en decenas de niños autistas. Ambos aseguran que detrás de esta patología -y de otras- se halla básicamente una infección parasitaria que combaten además de con el MMS con dos productos: el Pamoato de Pirantel y el Mebendazol. Por primera vez en la historia –aseguró el Dr. Rimland en el Congreso de Estados Unidos-, hay niños autistas tratados con éxito viviendo entre nosotros y disfrutando de sus vidas. Niños integrados que ya no llevan la terrible etiqueta de autista y deben su liberación a tratamientos que fueron -y siguen siendo- ridiculizados, ultrajados y rechazados por la mayoría de las autoridades reconocidas en el ámbito educativo y los establecimientos de atención médica del autismo”.
(El reportaje se publicó en el nº 152)

 

ntermedia_151_02Nuestros alimentos están repletos de peligrosos glutamatos

¿Es la masiva e innecesaria adición de glutamatos a los alimentos la principal causa de la epidemia de obesidad que asola a la sociedad moderna así como del deterioro del sistema nervioso y de patologías tan dispares como el alzheimer, el parkinson, el autismo, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, las migrañas, la hipertensión, la pérdida de visión, la diabetes, el tinnitus o las arritmias? Pues hay suficientes investigaciones como para sospechar que sí o que, al menos, contribuye a su aparición y/o desarrollo. Y aclaremos que con el término de glutamatos nos estamos refiriendo a las cinco sales del ácido glutámico autorizadas para su uso alimentario como aditivos: el glutamato monosódico (E-621), el glutamato monopotásico (E-622), el glutamato cálcico (E-623), el glutamato monoamónico (E-624) y el glutamato magnésico (E-625). No estará pues de más que leamos las etiquetas de los alimentos que compramos para abstenernos de ingerir todos los que contengan esas nomenclaturas, algo complicado hoy porque están presentes en casi todos los alimentos industriales y comidas preparadas para realzar su sabor, desde las pizzas hasta los cubitos de caldo concentrado. Además son utilizados con frecuencia en los restaurantes; no ya en los de “comida rápida” y “comida basura” sino hasta en los más elitistas. Están, inadmisiblemente, ¡hasta en algunas marcas de papillas para bebés!
(El reportaje se publicó en el nº 151)

 

ntermedia_151_04La constatada eficacia de los probióticos

A primeros de 2012 apareció de forma reiterativa en numerosas web afirmaciones falaces que argüían que los probióticos carecen de virtudes terapéuticas e incluso pueden ser la causa de la actual pandemia de obesidad infantil. Injustificado ataque que se vinculó de forma tendenciosa a las advertencias hechas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA) a los fabricantes de yogures sobre lo que dicen de sus propiedades al considerarlo “publicidad engañosa”. Pues bien, lo cierto es que el Dr. Didier Raoult constató que en la flora intestinal de muchas personas obesas las bacterias Gram-positivas de la familia de las Firmicutes son notablemente más que las Gram-negativas de la familia de las Bacteroidetes y como las bacterias de los yogures y otros productos lácteos son de la familia de los Firmicuteslactobacillus, bifidobacterias y enterococos– concluyó absurdamente que esos productos pueden causar obesidad ¡cuando todo apunta a lo contrario! Asimismo llegó a la falsa conclusión de que los antibióticos usados por los criadores de animales hace que los mismos crezcan y pesen más en sus primeros años cuando si eso ocurre probablemente se deba a que evitan las infecciones y las subsiguientes diarreas por lo que se nutren mejor. La eficacia de los probióticos en la salud está demostrada porque los seres humanos llevamos más de 8.000 años ingiriéndolos y sus propiedades terapéuticas están documentadas en miles de libros. Que las autoridades de la FDA y la AESA nieguen validez a ese conocimiento sólo demuestra que su único propósito es proteger los intereses de la gran industria farmacéutica.
(El reportaje se publicó en el nº 151)

 

ntermedia_145_02¿Es la mala salud intestinal la causa del autismo y otras patologías neurológicas?

Actualmente hay sólidos argumentos para mantener que muchas de las patologías neurológicas se deben a un sistema digestivo en malas condiciones siendo vital la flora bacteriana y su frágil equilibrio dadas las agresiones dietéticas y los compuestos químicos tóxicos que constantemente ingerimos. Es el caso del autismo donde la relación con lo que comemos parece evidente pero también pasa en la esquizofrenia, la depresión, la hiperactividad, el trastorno bipolar, la epilepsia, la dislexia… La doctora N. Campbell-McBride, autora del libro El Síndrome Intestinal y la Psicología, atendió a centenares de autistas y nunca encontró un solo caso en el que no hubiera problemas digestivos. De hecho los autistas suelen sufrir cólicos, diarreas, gases, estreñimiento, alternancia de diarreas y estreñimiento -acompañadas de heces con alimentos sin digerir-, anorexia, etc. Algo que muchos otros médicos e investigadores comprobarían después: siempre hay anomalías intestinales cuando se sufre autismo. Stephen Collins, profesor de la Michael G. DeGroote School of Medicine en la Universidad McMaster (Canadá), afirma por su parte que las bacterias intestinales influyen en la química del cerebro y, por tanto, en nuestro comportamiento. Al autista hay que someterle pues a una dieta que excluya los cereales y los lácteos y administrarle grandes dosis de probióticos ricos en bacterias beneficiosas para regularizar su flora intestinal.
(El reportaje se publicó en el nº 145)

Este reportaje aparece en
200
Enero 2017
Ver número