Algas marinas: extraordinaria fuente de nutrientes y sustancias terapéuticas

A pesar de ser esencial en el sustento diario de millones de personas de Extremo Oriente y contener mucho más nutrientes que los vegetales terrestres las algas marinas están casi ausentes en la dieta occidental. Y sin embargo son ricas en vitaminas y minerales -destacando una sustancia vital como el yodo-, fibra no asimilable rica en prebióticos y otras sustancias lo que hace de ellas un producto con propiedades bactericidas, antivirales, antioxidantes, antiinflamatorias y antitumorales. Es más, actúan simultáneamente como quelantes, hipolipemiantes e hipoglucemiantes. En suma, hablamos de un alimento extraordinario que no debería faltar en nuestras mesas.

Desde que Cristóbal Colón y Vasco de Gama inauguraron los grandes viajes trasatlánticos a finales del siglo XV el escorbuto diezmó sin piedad a los marinos sin respetar razas ni jerarquías durante casi 300 años a pesar de que el médico James Lind averiguó en 1747 que la enfermedad se evitaba con la ingesta de cítricos. Hubo que esperar casi medio siglo -hasta 1795- para que el Almirantazgo británico ordenara su inclusión obligatoria en las dietas de los marinos a bordo de sus buques. Lo que nadie sospechó es que la muerte del 50% de las tripulaciones en las largas travesías se hubieran evitado de forma muy sencilla: recogiendo agua de mar y recuperando su contenido en algas porque ¡todas ellas son ricas en vitamina C! Hablamos pues de plantas marinas de las que hoy se conocen unas 45.000 especies si bien solo un millar se consideran comestibles. Tantas que vamos a centrarnos solo en las nueve más estudiadas y consumidas por su riqueza en nutrientes y por contener sustancias de constatado efecto terapéutico. Obviamente hay también algas de agua dulce pero por razones de espacio no vamos a hablar de ellas en este texto. Y permítasenos una breve aclaración antes de entrar en detalle: todas las algas que vamos a mencionar pertenecen al orden Laminariales que agrupa a miles de especies de grandes algas visibles.

Como decíamos, el contenido en nutrientes de las algas marinas es en general superior al de las plantas terrestres, especialmente en minerales vitales pues en el caso de algunos pueden llegan a duplicar o triplicar su cantidad; así acaece por ejemplo con el yodo, mineral que las plantas terrestres no necesitan para medrar y reproducirse por lo que contienen cantidades pequeñísimas. Dato importante ya que el yodo es fundamental para la vida y en el caso de los vertebrados y mamíferos su déficit puede ser mortal; de hecho por eso los animales herbívoros se ven obligados para obtenerlo a ingerir constantemente hierbas de forma masiva. Hablamos en suma de un mineral fundamental que se concentra en glándulas como la tiroides pero que tiene un problema: su exceso es igual de perjudicial. Obviamente no es lo habitual pues hoy se sabe que la mayoría de los humanos que se alimentan básicamente de carne y no ingieren apenas pescados, mariscos o algas tienen déficit de yodo. Así acaece de hecho entre los habitantes del interior, muy especialmente entre quienes viven en las montañas y de ahí que las autoridades sanitarias propusieran hace tiempo añadir yodo a la sal de mesa y que hoy nuestros supermercados estén llenos de “sal yodada”. Obviamente para sazonar a voluntad con mesura y criterio pero es que la industria alimentaria adquirió la pésima costumbre de añadir sal a casi todos sus productos alimenticios procesados y hoy el exceso de sodio constituye una auténtica pandemia que está dando lugar a muchos y serios problemas de salud; especialmente retención de líquidos, inflamación e hipertensión. Con lo que muchas personas resolvieron su carencia de yodo y empezaron a tener otros problemas.

Cabe añadir que la falta de este mineral en la dieta puede dar lugar tanto a bocio como a cretinismo pero también a muchos otros problemas; desde patologías mentales hasta cáncer. Lo mismo que su exceso. Es pues MUY importante no ingerirlo sin estar seguros de que se tiene déficit. Y, por supuesto, es mucho mejor obtenerlo ingiriendo alimentos ricos en yodo que tomado en forma de sal yodada, en pastillas o como Solución Lugol.

BENEFICIOS CONTRASTADOS

En cuanto a los estudios sobre los beneficios de incluir algas en la dieta destacaremos el ensayo clínico aleatorizado efectuado por un equipo de la University of South Carolina (EEUU) coordinado por el Dr. J. Teas -se publicó en 2007 en Journal of Medicinal Food- sobre sus efectos en la función tiroidea. El estudio se hizo sobre 25 mujeres sanas postmenopáusicas de 58 años de media que tomaron 5 gramos diarios de algas desecadas (0,5 miligramos de yodo) durante 7 semanas además de su dieta habitual observándose a su término notables mejorías en los síntomas de la menopausia, un aumento significativo de la hormona estimuladora de la tiroides (TSH) y una mejoría del equilibrio estrógenico a pesar de consumir también soja que, como se sabe, es goitrogénica (interfiere negativamente en la función tiroidea).

Un equipo de la Universidad de Santiago Compostela (España) coordinado por Vanessa Romaris-Hortas publicó por su parte en 2013 en Journal of Chromatography un trabajo según el cual el yodo de las algas marrones se encuentra en las formas de monoyodotirosina y diyodotirosina, moléculas básicas que el metabolismo transforma en triyodotirosina y tetrayodotirosina, sustancias de alta efectividad para regular la función tiroidea ciertamente preferibles a las tiroxinas de síntesis química.

Las algas marinas son además muy ricas en calcio -el alga wakame contiene por ejemplo 10 veces más que la leche-, fósforo, hierro, potasio, magnesio y manganeso, todos ellos minerales en forma orgánica de fácil asimilación. Y en vitaminas: la C, el complejo B (incluida la B12), betacarotenos (provitamina A), E y K. Y en grasas, en su inmensa mayoría omega 3. En cuanto a su contenido en proteínas es similar al de las legumbres con la ventaja de que incluyen todos los aminoácidos esenciales. Pero lo que más destaca es su contenido en polisacáridos sulfatados, tipo de carbohidratos de notables propiedades terapéuticas completamente diferentes a los almidones y azúcares de las plantas terrestres.

Y por si fuera poco cuentan con una propiedad interesante: sacian sin engordar, algo ideal para evitar el sobrepeso y la obesidad; tanto las algas como sus subproductos (carragenos, agar-agar). Ello se debe al hecho de que nuestro microbioma intestinal carece de las enzimas necesarias para transformar los polisacáridos que constituyen los carbohidratos de las algas en glucosa, luego la mayor parte de lo ingerido es fibra no asimilable. Algo interesante porque muchos de esos polisacáridos que quedan intactos tienen la capacidad de absorber toxinas y metales pesados que luego el organismo elimina con las heces. Son pues quelantes. Y los que sí se asimilan se transforman mayoritariamente en ácidos grasos de cadena corta, fundamentalmente butiratos, vitales para el mantenimiento de un epitelio intestinal sano. Lo corroboró un numeroso equipo de científicos del Waterford Insitute of Technology de Irlanda coordinado por Laurie O’Sullivan en un trabajo sobre la función prebiótica de los distintos tipos de algas que se publicó en 2010 en Marine Drugs. Parece pues claro que las algas, además de alimentar al microbioma intestinal, generan productos metabólicos beneficiosos para las células digestivas.

LOS POLISACÁRIDOS SULFATADOS Y SU ACCIÓN TERAPÉUTICA

El principal componente terapéutico de las algas son los polisacáridos, es decir, cadenas de monosacáridos unidas por enlaces de carbono. Ahora bien, mientras que los monosacáridos de las plantas terrestres son principalmente la glucosa y la fructosa en las algas marinas éstas también se encuentran pero predominan la galactosa, la manosa, la fumosa, la xilosa, el ácido algínico, el ácido glucurónico y otros. Es más, algunos géneros de algas tienen polisacáridos específicos a pesar de que las estructuras o cadenas sean muy similares; nos referimos a las laminarinas, porfirinas, agar-agar, carragenatos, fucoidinas, etc. Polisacáridos que representan del 30% al 50% del peso en seco de las algas que al no ser asimilables actúan en el tránsito intestinal como fibra no metabolizable cumpliendo funciones básicas en los mecanismos digestivos de absorción y eliminación.

Otra diferencia importante entre los polisacáridos de las plantas terrestres y los de las algas marinas es que los de éstas casi siempre están sulfatados, es decir, forman cadenas complejas en las que participan sales sulfatadas; principalmente, de sodio y potasio.

¿Y qué propiedades tienen los polisacáridos sulfatados de las algas marinas? Pues según demuestran centenares de ensayos in vitro y murinos antivíricas, antibacterianas, antiinflamatorias y antitumorales. Siendo en cualquier caso en sus propiedades viricidas donde más se ha centrado la investigación; hablemos pues de dos de los trabajos más recientes.

El primero lo efectuó un equipo de la Universidad de Burdwan (India) coordinado por el Dr. T. Gosh -se publicó en 2009 en Glycobiology– y es una puesta al día de lo investigado hasta el momento sobre su actividad antiviral. Y en él se severa que tienen la capacidad de impedir que los virus se adhieran a las membranas celulares humanas impidiendo la transferencia de material genético a la célula.

El segundo lo realizó un grupo de investigadores de la Universidad de Tanta (Egipto) coordinado por el Dr. S. F. Gheda -se publicó en 2016 en Iranian Journal of Pharmaceutical Research- y confirma esa actividad antiviral agregando que son especialmente eficaces frente al virus de la hepatitis C.

En cuanto a la actividad antiinflamatoria de los polisacáridos sulfatados diremos que un equipo de la Chinese University of Hong Kong coordinado por el Dr. R. C. Cheung publicó en 2016 en Applied Microbiology and Biotechnology un trabajo según el cual una dieta que incluya algas marinas combate la inflamación sistémica a que dan lugar numerosas patologías. Añadiendo que queda aún mucho por estudiar sobre la acción los terpenos, alcaloides y polifenoles, apenas investigados hasta ahora. Es el caso de los florotaninos de las algas pardas cuyas propiedades resumió en un reciente trabajo un equipo de la Jeju National University de Corea coordinado por K. K. Sanjeewa –se publicó en 2016 en Journal of Photochemitry and Photobiology– según el cual tras más de un centenar de ensayos puede afirmarse que poseen actividad antiinflamatoria, antioxidante, antitumoral, antialérgica e inmunomoduladora. Propiedades a las que un equipo de la Universidad de Oporto (Portugal) dirigido por el Dr. G. Lopes añadiría -tras experimentos in vitro y en ratones- una clara acción hipoglucemiante, antidiabética e incluso protectora de las células beta; lo dieron a conocer en diciembre de 2016 en Molecules.

Cabe agregar que un numeroso equipo de científicos de la Universidad de Malta coordinado por Michelle Briffaa publicó en enero de 2017 en Neuroscience Letters un trabajo in vitro sobre las propiedades de un alga marrón, la Padina pavonica, según el cual su extracto destruye las placas de proteínas amiloideas neuronales que caracterizan enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o el parkinson, entre otras.

En cuanto a la acción de los polisacáridos sulfatados hay que aclarar que en los experimentos científicos suele considerárseles casi siempre carragenanos aunque la mayoría de los que se comercializan se obtienen de un alga roja: el Musgo de Irlanda (Chondrus crispus).

Y por lo que se refiere a los estudios sobre sus propiedades antivíricas debemos decir que salvo en contados casos los investigadores no especifican de qué especie de alga han obtenido los “carragenanos” con los que trabajan limitándose a decir que son “carragenanos de algas rojas”. Problema habitual, por cierto, que encontramos siempre que buscamos antecedentes científicos sobre la acción terapéutica de productos naturales o de sus extractos. Cuando parece obvio que la acción terapéutica de los polisacáridos sulfatados que contiene un alga determinada no puede ser la misma que un carragenano obtenido industrialmente mediante largos procesos químicos en los que se tratan cantidades masivas de algas en varias etapas con reactivos ácidos y alcalinos, hidrataciones, filtrados, precipitaciones y secados. Como no es lo mismo el azúcar -producto químico sin valor nutricional- que el jugo de caña natural aunque los dos contengan sacarosa y endulcen.

TIPOS DE ALGAS

Hablemos ahora de los tipos de algas marinas más estudiadas y por tanto más aconsejables entre las que hoy se comercializan y empecemos explicando que en la mayoría de los artículos divulgativos se mencionan erróneamente los términos agar-agar y kelp. El primero es en realidad un polisacárido sulfatado que se extrae de diversos tipos de algas; no es pues un alga concreta sino un producto muy utilizado en la industria alimentaria que se extrae de varias algas. Y kelp tampoco es un tipo de alga sino un término que se utiliza para referirse a una gran acumulación de algas -normalmente de Fucus vesiculosum y Ascophyllium nodosum– y para designar genéricamente a todo complemento alimentario constituido por polvo de algas. Dicho esto veamos cuáles son las nueve algas más consumidas y sus principales propiedades terapéuticas:

 Kombu (Laminaria ochroleuca en el Atlántico y Laminaria japonica en el Pacifico). Se trata de las algas pardas más consumidas en el mundo por ser las más ricas en magnesio y yodo y contener un alto porcentaje de fucoidinas, polisacáridos sulfatados cuyos efectos terapéuticos han sido constatados tanto in vitro como en ensayos murinos por un gran número de trabajos por lo que vamos a limitarnos a citar el resumen publicado por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center -actualizado en abril de 2016 (vea www.mskcc.org/cancer-care/integrative-medicine/herbs/fucoidan)- según el cual la fucoidina es antivírica, antiinflamatoria, inmunomoduladora y antiangiogénica e induce la apoptosis de las células cancerosas. Siendo especialmente eficaz en casos de artritis. Es más, hay trabajos que indican que fluidifican la sangre por lo que serían anticoagulantes, antiagregantes plaquetarios y antitrombóticas. Lo ha constatado entre otros un grupo de investigadores de los Laboratorios Marinova Pty. Ltd. de Tasmania (Australia) coordinado por la Dra. Janet Helen Fitton en un trabajo que publicó en 2015 en Marine Drugs.

Y un numeroso equipo de la japonesa Universidad de Hiroshima dirigido por el profesor K. Iwamoto que los fucoides son eficaces en la dermatitis atópica al inhibir parcialmente la producción de la inmunoglobulina IgE causante de la reacción alérgica; así lo expusieron en 2011 en Archives for Dermatological Research con ensayos in vitro y murinos.

Además de fucoidinas el kombu contiene laminarinas, otros polisacáridos sulfatados de claras propiedades antivíricas como constató un equipo de la Universidad de Malasia en Kuala Lumpur coordinado por A. Ahmadi cuyo trabajo se publicó en 2015 en BioMed Research International. Sus ensayos in vitro demuestran que bloquean tanto los sistemas de adherencia de los virus a las membranas celulares como los mecanismos de transferencia de ácidos nucleicos de los virus hacia el citoplasma.

Y además posee propiedades quelantes pues ayudan a eliminar las toxinas acumuladas en el organismo; lo han constatado numerosos trabajos. Entre ellos el de un equipo del Fukuoka Institute of Health and Environmental Sciences (Japón) coordinado por K. Morita y T. Nakano según el cual elimina las dioxinas acumuladas por vía fecal; el trabajo se publicó en 2002 en Journal of Agricultural and Food Industries.

Dato curioso es que los tallos de kombu se usan desde tiempo inmemorial para dilatar el cérvix y facilitar los abortos, método mucho más eficaz que los sistemas de dilatación que utilizan productos químicos osmóticos según aseveraron en 1995 en Obstetrics and Gynecology los doctores de la Indiana Unversity School of Medicine (EEUU) S. B. Kline, H. Meng y R. A. Munsick.

 Wakame (Undaria pinnatifica). La segunda alga parda más consumida del mundo tras el kombu es rica en proteínas, vitaminas, minerales y grasas omega 3, previene la obesidad y es antidiabética. Así se expone en el trabajo que un equipo de la Universidad Gabriele D’Annunzio (Italia).coordinado por los doctores M A. Gammone y N. D’Orazio publicó en 2015 en Marine Drugs con el significativo título de Anti-obesity activity of the marine carotenoid fucoxantine (Actividad antiobesidad del carotenoide marino fucoxantina). Según explican la fucoxantina del wakame disminuye la resistencia a la insulina y los niveles de glucosa sérica mediante la potenciación de la proteína UCP1 (proteína desacoplante 1 o termogénica) en el tejido adiposo blanco.

Un equipo del State Institut of Gerontology de Kiev (Ucrania) coordinado por K. Muradian publicó por su parte en 2015 en Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases un trabajo según el cual el consumo de fucoxantina podría ayudar a prevenir la obesidad y todas sus patologías asociadas, como el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2 e, incluso, la salud cardiovascular.

Un año después -en diciembre de 2016- un equipo de la Universidad de Malasia en Kuala Lumpur coordinado por el Dr. Chu Wan-Loy publicaría en Marine Drugs un trabajo en el que se enfatiza que la fucoxantina inhibe el proceso de crecimiento y replicación de los adipocitos retardando así el aumento de volumen y masa del tejido adiposo blanco (abdominal).

En cuanto a a sus propiedades antitumorales las constató un equipo de investigadores japoneses de la Nagoya University School of Medicine coordinado por H. Funahashi –su trabajo se publicó en 2001 en Journal of Cancer Research- según el cual tanto en ensayos in vitro como murinos se observó que la simple ingesta de wakame tiene efectos supresores en tres tipos de cáncer de mama. Destacando que promueve la apoptosis de las células tumorales de forma más eficaz que los quimioterápicos que usan habitualmente los oncólogos. Y encima sin afectar negativamente a las células sanas.

Algo que de alguna forma ha corroborado un equipo del University College Dublin dirigido por P. P. Smyth que en 2016 publicó en Current Opinion in Endocrinology, Diabetes and Obesity un trabajo llamando la atención sobre el bajo número de casos de hipotiroidismo y cánceres de pecho, endometrio y ovarios de las mujeres japonesas, consumidoras habituales de algas ricas en yodo.

El wakame tiene asimismo propiedades antivíricas; al menos frente al virus del herpes como constató un equipo de la Toyama Medical and Pharmaceutical University de Japón bajo la dirección del Dr. J. B. Lee que en un trabajo publicado en 2004 en Chemical & Pharmaceutical Bulletin (Tokio) asevera que sus polisacáridos son eficaces ante los virus del herpes HSV-1 y HSV-2 así como ante el citomegalovirus. Lo que corroboraría un equipo de la University of Toyama coordinado por K. Hayashi en un trabajo publicado en 2008 en International Immunopharmacology.

Y sus fucoides podrían ser eficaces asimismo ante el virus de la gripe A. Lo constató un equipo de la misma universidad coordinado por K. Hayashi en un trabajo publicado en 2013 en Microbes and Infections. Actividad antivírica notable tanto en pacientes con inmunidad comprometida como en personas sanas.

Terminamos este apartado indicando que un equipo del Central Salt and Marine Chemicals Research Institute de la India coordinado por M. Shanmugan y K. H. Mody publicó en 2000 en Current Science una completa síntesis sobre las propiedades anticoagulantes de varios polisacáridos sulfatados de las algas marinas aseverando que poseen una clara actividad fibrinolítica. De hecho afirman que podrían ser una opción mucho más económica y de menos efectos secundarios negativos potenciales que la heparina obtenida de tejidos animales.

 Fucus (Fucus vesiculosus) Aunque hay varias especies del género Fucus la más universal y abundante de este género en el Atlántico es la F. vesiculosus siendo sus principales polisacáridos sulfatados las laminarinas y un grupo de fucoides que poseen propiedades antiinflamatorias que las hacen útiles en muy distintas patologías, tanto crónicas como agudas. Janet H. Fitton, de los Laboratorios Marinova de Australia, publicó en 2011 en Marine Drugs un extenso resumen con 130 referencias de revistas científicas en las que se da cuenta de los numerosos ensayos in vitro y murinos realizados que así lo avalan. Es más, en algunos de ellos se asegura que el fucus potencia además la hematopoyesis.

Asimismo poseen actividad antitumoral. Jon-Young Kwak -de la Dong-A University de Corea- publicó en 2014 en Marine Drugs un resumen de los estudios que demuestran la acción anticancerígena de sus fucoides en distintos ensayos preclínicos. Inhiben la angiogénesis y el crecimiento tumoral, potencian el sistema inmunitario y llevan las células cancerosas a la apoptosis.

Siendo interesante apuntar al respecto por cierto que un grupo de investigadores de la University of Alabama at Birmingham (EEUU) coordinado por el Dr. J. Zhang publicó en 2016 en BMC Complementary and Alternative Medicine un trabajo según el cual en los canceres de mama, endometrio y ovarios el extracto de F. vesiculosus actúa por vía antiestrogénica. Lo que confirmaría lo publicado en 2004 por Christine F. Skibola en BMC Complementary and Alternative Medicineen según el cual el extracto de fucus regula por vía hormonal el ciclo menstrual y las anomalías estrogénicas en la fase pre-menopáusica. Lo que de alguna manera corrobora el uso ancestral de esta alga como emenagoga entre los pueblos de Extremo Oriente.

Y además es antidiabética. Hay muchas evidencias de ello aunque mencionaremos solo el trabajo que un equipo de la Laval University de Quebec (Canadá) coordinado por K. T. Kim publicó en 2014 en Phytochemistry en el que se valoró el efecto inhibidor de sus polisacáridos sobre las enzimas amilasa y glucosidasa ralentizando así el metabolismo de los carbohidratos dando ello como resultado una menor demanda de insulina postprandial.

 Espagueti de mar (Himanthalia elongata). Alga parda poco conocida en Oriente pero abundante en el Atlántico Norte es rica en fósforo y hierro por lo que se recomienda en los casos de anemias ferropénicas así como cuando se sufren edemas y retención de líquidos por su abundante contenido en potasio. Puede consumirse de muy distintas maneras; en ensalada, en panes, fermentada de forma similar al chucrut…

Además mejora la absorción de calcio y magnesio, disminuye en sangre el nivel de triglicéridos y aumenta la producción intestinal de ácidos grasos de cadena corta. Así lo constató un equipo de la Universidad Complutense de Madrid coordinado por Maria Jose Villanueva tras dársela a ingerir a ratones y comprobar que mejora los perfiles metabólicos de los lípidos. El trabajo se publicó en 2014 en European Food Research and Technology.

Nori (Porphyra umbilicalis, Porphyra tenera y Porphyra yezoensis) Nori es en realidad un término usado por los japoneses para designar a varias especies comestibles del genero Porphyra aunque las tres señaladas son las más frecuentes y todas contienen similares sustancias terapéuticas. Se trata de algas rojas -coloración debida a su contenido en la proteína ficoeritrina- y ocupan el tercer puesto en las preferencias mundiales de consumo siendo la favorita para preparar el sushi en Japón (se comercializan como tiras secas que parecen papel). Es también muy apreciada en Irlanda y Gales donde se la conoce con el nombre de laver.

Su contenido en nutrientes es similar al de las algas marrones si bien es destacable su riqueza en vitamina B12, algo que se puso en duda hasta que un equipo de la Tottori University de Japón dirigido por el Dr. Fumio Watanabe publicó en 2014 los resultados de sus análisis en Nutrients. Otro dato excepcional es su alto contenido en un aminoácido no esencial como la taurina, presente en la carne animal pero no en los demás vegetales. Lo comprobó un equipo de la Hankyong National University de Corea coordinado por Eun-Sun Hwang publicándolo en un trabajo que apareció en 2013 en Preventive Nutrition and Food Science.

Estas algas contienen además un péptido que activa los mecanismos moleculares de apoptosis de las células tumorales; al menos in vitro inhibe el factor de crecimiento insulínico IGF-1R sobre las células MCF-7 del cáncer de mama provocando su autolisis. Lo constató un grupo de investigadores de la Pukyong University de Corea coordinado por Su-Jin Park en un trabajo aparecido en 2015 en Oncology Reports.

Y hay más: un grupo de científicos de la empresa Showa Sangyo Ltd. de Chiba (Japón) coordinado por el Dr. Y. Yoshizawa reveló que varios de los polisacáridos sulfatados de estas algas rojas estimulan la actividad de los macrófagos potenciando así la eficacia del sistema inmune. Tal actividad fue observada in vitro y se publicó en 1995 en Bioscience, Biotechnology, Biochemistry siendo más tarde confirmada por el mismo equipo mediante ensayos murinos en un trabajo que apareció en 1996 en la misma revista.

Esta alga es asimismo eficaz ante el virus del papiloma. Lo corroboró in vitro un equipo del National Cancer Institute de Bethesda (EEUU) dirigido por C. B. Buck en el trabajo Carrageenan is a potent inhibitor of papilloma virus infection (El carragenano es un potente inhibidor de la infección por el virus del papiloma) que se publicó en 2006 en PloS Pathology. Probablemente por eso se ha incluido en algunos lubricantes sexuales pero según estos investigadores en una cantidad tan pequeña que es insuficiente.

Un equipo de la Nagasaki University de Japón dirigido por el Dr. S. Isaka constató por su parte que sus polisacáridos sulfatados tienen una visible acción antiinflamatoria y antioxidante; lo dieron a conocer en 2015 en International Journal of Biological Macromolecules.

Cabe agregar que un grupo de investigadores del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (España) coordinado por J. Marques ha planteado la hipótesis de que si la heparina -un glicosaminoglicano- muestra efectos anti-malaria cabría esperar una acción similar de los polisacáridos sulfatados de estas algas de propiedades anticoagulantes. Lo postulan en un artículo publicado en 2016 en Scientific Reports explicando que dieron a ratones polisacáridos de esta alga roja y vieron que bloquean o retrasan la entrada del protozoo Plasmodium causante de la malaria en los glóbulos rojos facilitando así la actuación del sistema inmunitario.

Dulse (Palmaria palmata) Palabra gaélica que significa comestible. Los vikingos tenían la costumbre de mascarla cruda y ello podría explicar que nunca sufrieran escorbuto. Y aun hoy los islandeses hacen bocadillos con ella. Hoy día está constatado con trabajos in vitro que gracias a su riqueza en polifenoles es antioxidante, inhibe la peroxidación lipídica y evita la proliferación de las células HeLa del adenocarcinoma cervical. Lo constató un grupo de investigadores de la Ryerson University de Toronto (Canadá) dirigido por Y. V. Yuan en un trabajo que publicó en 2005 en Food and Chemical Toxicology.

Además baja la tensión arterial; lo constató un grupo de científicos del Teagasc Food Research Centre de Dublín coordinado por Claran Fitzgerald aseverando que se debe a un nuevo péptido bioactivo que lograron aislar con capacidad inhibitoria sobre el sistema renina-angiotensina. El trabajo apareció en 2012 en Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Musgo de Irlanda (Chondrus crispus). Alga roja característica del Atlántico Norte muy utilizada industrialmente para obtener carrageno –o carragenano-, polisacárido sulfatado de galactosa utilizado por la industria alimentaria como gel para dar consistencia. La decocción de esta alga en leche se utiliza desde hace siglos en Irlanda para tratar bronquitis y catarros así como para calmar la tos dado su efecto emoliente y favorecedor de las mucosas; a lo que hay que agregar sus efectos antibióticos y antiinflamatorios.

Algas del agar-agar (Gelidium sesquipedale y Gracilaria verrucosa). Las dos algas rojas citadas -muy ricas en polisacáridos sulfatados- se emplean habitualmente para obtener el agar-agar -utilizado desde hace veinte siglos en China como conservante de carnes y pescado- y tienen las mismas acciones terapéuticas que las mencionadas al hablar de Dulse y Musgo de Irlanda. Llama pues la atención que apenas haya estudios específicos sobre sus propiedades terapéuticas aunque un numeroso grupo de investigadores de varias universidades coordinado por el doctor de la Jimei University de Xiamen (China) Q. M. Lin publicó en 2016 en Journal of Agricultural and Food Chemistry las evidencias de que uno de los polisacáridos sulfatados de una especie muy similar, la Gracilaria lemaneiformis, muestra actividad inmunosupresora. Lo que explicaría la acción antialérgica de esta alga.

Lechuga de mar (Ulva lactuca). Esta alga verde es rica en un polisacárido sulfatado denominado ulvano que tiene propiedades antiinflamatorias y antihelmínticas. Un equipo de la Vietnam Academy of Science and Technology coordinado por el Dr. T. T. Thanh comprobó recientemente in vitro que posee una fuerte actividad citotóxica contra las células cancerosas de hígado, mama y cérvix. En el artículo que publicaron en 2016 en International Journal of Biological Macromolecules lo atribuyen a la peculiar química del ulvano, formado por un complejo de monosacáridos de galactosa, manosa, ramnosa, xilosa y glucosa además de un alto porcentaje de sulfatos.

Un grupo de investigadores de la Universidade Federal do Ceará de Brasil coordinado por I. W. de Araujo publicó el mismo año -2016- y en la misma revista un trabajo con ratones demostrativo de que sus polisacáridos tienen efectos antiinflamatorios y analgésicos.

CONCLUSIONES

En suma, la ingesta de las algas reseñadas -que pueden obtenerse sin dificultad en grandes superficies, supermercados y herbolarios- ofrece varias ventajas para la salud:

-Aporta numerosos nutrientes entre los que cabe destacar el yodo, mineral que escasea en otros muchos alimentos.

-Aporta sustancias antivirales, bactericidas, antioxidantes, antiinflamatorias y antitumorales al tiempo que inmunomoduladoras e inmunopotenciadoras.

-Los carbohidratos metabolizables por el organismo son muy escasos por lo que su ingesta apenas requiere insulina.

Suficientes razones para acostumbrarnos a incluir un puñado de algas en nuestras ensaladas. Y a ingerir mayor cantidad cuando se quiera ir más allá de la prevención. Eso sí, le sugeríos que ingiera algas o, en su defecto, extractos; no carragenanos ni agar-agar. Utilice algas enteras -frescas o deshidratadas- y crudas, siempre que sea posible.

 

Paula M. Mirre

Este reportaje aparece en
202
Marzo 2017
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