Tomar a diario lata y media de refrescos multiplica por 2,4 el riesgo de padecer diabetes

Beberse al día dos refrescos de 200 ml -en España las latas suelen ser de 330 ml por lo que bastaría poco más de una- multiplica por 2,4 el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Tanto si se trata de bebidas azucaradas como si son light o dietéticas, es decir, si en lugar de azúcar llevan edulcorantes artificiales. Tal es al menos la conclusión a la que ha llegado en 2016 un grupo de investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia). Lo singular es que su publicación ha coincidido con la aparición de documentos internos de la industria azucarera que demuestran cómo ésta pagó en la década de los sesenta del pasado siglo XX a varios científicos para que restaran importancia a la relación entre el azúcar y las enfermedades del corazón y las achacaran a la grasa saturada.

Refrescos

La diabetes se ha convertido en las últimas décadas en una auténtica epidemia mundial siendo la dejación de funciones de las autoridades -especialmente de las sanitarias- absolutamente irresponsable ya que conocen perfectamente la principal causa: la presencia masiva de azúcares en todo tipo de productos alimenticios. Dejación intolerable teniendo en cuenta el enorme e injustificado gasto sanitario de los estados. Es más, los azúcares son una de las principales causas de acidificación del organismo y por tanto de la mayoría de las patologías que padece la sociedad; sobrepeso y obesidad incluidos, problemas que hoy afectan a gran parte de los niños a los que irresponsablemente se atiborra de carbohidratos refinados y azúcares, presentes especialmente en las colas y bebidas refrescantes azucaradas.

Es verdad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda en su Plan de acción para enfermedades no transmisibles de 2013 a 2020 -entre otras cosas- “desalentar el consumo de alimentos no saludables como los refrescos azucaradospero eso no es en modo alguno suficiente. Es hora de que se adopten medidas drásticas porque son ya innumerables los trabajos que establecen una relación directa de muchas patologías con las bebidas azucaradas, asunto concreto del que volvemos a ocuparnos con motivo del informe Sweetened beverage intake and risk of latent autoimmune diabetes in adults (LADA) and type 2 diabetes (La ingesta de bebidas azucaradas y el riesgo de diabetes autoinmune latente en adultos (LADA) y de diabetes tipo 2) que acaba de publicar un equipo del Instituto de Medicina Medioambiental -adscrito al Instituto Karolinska de Estocolmo /(Suecia) coordinado por la nutróloga Josefin E Löfvenborg.

“Nuestros resultados –se dice en él se suman a la evidencia ya acumulada que sugiere que un alto consumo de bebidas azucaradas -tanto endulzadas con azúcar como artificialmente- es un potencial factor de riesgo de diabetes tipo 2. Siendo importante destacar que los efectos adversos para la salud de una excesiva ingesta de bebidas endulzadas incluye las formas autoinmunes de la diabetes. Aumento del riesgo que no parece poder justificarse totalmente por un exceso de calorías o con el índice de masa corporal (IMC) abriendo ello paso a otras explicaciones. Como la de los efectos adversos que ocasionan las bebidas azucaradas en la homeostasis de la glucosa y en la sensibilidad a la insulina”.

El trabajo tiene un fuerte impacto porque los investigadores consideran “alta ingesta” un mero consumo diario de dos refrescos de 200 ml -aumenta 2,4 veces el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2-, lo que no es sino poco más de una lata al día en España porque aquí suelen tener 330 ml. Siendo asimismo sorprendente que según el estudio el riesgo es similar si las bebidas llevan edulcorantes artificiales en lugar de azúcar.

LA EPIDEMIA SILENCIOSA

Sobre la diabetes hemos publicado ya amplia información; de hecho le sugerimos que consulte en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos ¿Puede curarse la diabetes mellitus tipo 2 con una simple dieta hipocalórica?, El peligro de las bebidas industriales, ¿Se ha encontrado la solución a la diabetes? y El tratamiento de la diabetes con productos naturales se publicaron en los números 171, 160, 103 y 67 respectivamente.

Diremos no obstante a modo de resumen que se llama diabetes mellitus tipo 2 al hecho de tener en sangre un alto nivel de glucosa, bien porque el páncreas no segrega suficiente insulina para metabolizarla, bien porque las células del cuerpo no logran obtener la glucosa que necesitan; asegurándose que ello se debe a que “se resisten” (y a ello se llama “resistencia a la insulina“). Representa casi el 90% de los casos y se trata con hipoglucemiantes orales o insulina. Y se habla de diabetes mellitus tipo 1 cuando hay ya que proporcionar insulina artificialmente porque el organismo no la produce por destrucción autoinmune de las células beta de los llamados Islotes de Langerhans del páncreas. Situaciones ambas que se consideran irreversibles.

Hasta hace unas décadas la diabetes se consideraba además una enfermedad relacionada con la edad porque el mayor porcentaje de quienes la padecían eran personas mayores pero hoy se asiste con preocupación a su aparición en jóvenes, especialmente entre quienes sufren obesidad.

Agregaremos que actualmente se habla de un tercer tipo, la llamada Diabetes autoinmune latente del adulto (LADA por sus siglas en inglés), que comparte características de las otras dos y suele aparece a partir de los 30 años.

En fin, el caso es que el exceso de azúcar en sangre puede dar lugar a numerosas patologías: desde problemas en los riñones, el páncreas, el bazo y el hígado hasta la ceguera pasando por accidentes cardiovasculares y la amputación de las extremidades. Los datos indican que aproximadamente el 2% de quienes han tenido diabetes durante 15 años acaba quedándose ciega y un 10% desarrolla graves lesiones visuales como consecuencia de retinopatía diabética, edema macular o cataratas. Y por lo que a amputaciones de extremidades inferiores se refiere entre el 40% y el 70% están relacionadas con la diabetes yendo el 85% precedida de alguna úlcera en el pie.

En cualquier caso el principal problema de los diabéticos es la alta incidencia de patologías cardiovasculares ya que a ellas se achaca el 70% de las muertes por disfunciones coronarias; de hecho entre el 60% y 65% de los diabéticos sufre hipertensión y presentan de 2 a 4 veces más posibilidades de sufrir un ictus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2016 un Informe global sobre la diabetes según el cual los casos de diabetes casi se han duplicado desde 1980 pues ha pasado de afectar a un 4.7% de la población adulta a un 8.5%. En 1980 había en el mundo 108 millones de diabéticos adultos y en 2014 eran ya 422 millones. Provocando la enfermedad millón y medio de muertes en 2012. Fallecimientos a los que hay que añadir 2,2 millones más provocados por las consecuencias de una hiperglucemia mantenida.

En cuanto a España el Estudio di@bet.es del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas publicado en 2011 señalaba que el 13,8% de los españoles mayores de 18 años padecía entonces diabetes tipo 2 -es decir, más de 5.300.000- de los que un 43% lo ignoraba. Un auténtico sinsentido que se justificó alegando que la enfermedad avanza de forma “silenciosa” -sin apenas síntomas- y solo se sabe que te afecta cuando comienzan a aparecer ya complicaciones. El estudio agregaría que más de 4,8 millones de españoles tienen además intolerancia a la glucosa o una glucosa basal alterada, situaciones consideradas pre-diabéticas. Y que más del 25% de los españoles son ya obesos y, por tanto, proclives a sufrir diabetes tipo 2.

El gran peligro está sin embargo en la cada vez mayor incidencia en niños y adolescentes según explica el trabajo Type 2 diabetes mellitus in children and adolescents (Diabetes mellitus tipo 2 en niños y adolescentes) publicado en 2013 en World Journal of Diabetes por Thomas Reinehr –de la Universidad Herdecke de Witen (Alemania). Y de ahí que advierta: “La prevención y tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 ha de ser uno de los principales objetivos de los programas de intervención de salud pública. Los médicos deben informar al público tanto de la epidemia de obesidad infantil y de sus graves consecuencias como del no menos importante problema de la diabetes mellitus tipo 2”. Y es que el riesgo de padecer patologías cardiovasculares es mayor cuanto más joven se sufre estos problemas.

LOS REFRESCOS, ¿CON AZÚCAR O CON EDULCORANTES SINTÉTICOS?

 Hasta hoy se pensaba que mejor con edulcorantes sintéticos no azucarados y quizás siga siendo así… pero no porque éstos no den lugar a diabetes. También podrían causarla según los más recientes estudios. Ya en 2015 un equipo de la Medical Research Council Epidemiology Unit de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) coordinado por Fumiaki Imamura publicó en British Medical Journal un trabajo titulado Consumption of sugar sweetened beverages, artificially sweetened beverages, and fruit juice and incidence of type 2 diabetes: systematic review, meta-analysis and estimation of population attributable fraction (Consumo de bebidas endulzadas con azúcar, bebidas endulzadas artificialmente y zumos de frutas e incidencia de diabetes tipo 2: revisión sistemática, metaanálisis y estimación de población) según el cual “hay evidencias concluyentes de que el consumo habitual de bebidas azucaradas y endulzadas artificialmente así como de zumos de frutas se asocia con la diabetes tipo 2, independientemente del grado de adiposidad”. Añadiendo: “Ni las bebidas endulzadas artificialmente ni los zumos de frutas son alternativas adecuadas a las azucaradas para prevenir la diabetes tipo 2”.

Pues bien, el trabajo de los investigadores suecos publicado en 2016 ratifica esas conclusiones explicando que basta ingerir 400 ml para multiplicar por 2,4 el riesgo de sufrir diabetes pero además que por cada 200 ml diarios más de refresco éste aumenta otro 15% (el 20% en el caso de los grandes consumidores). Riesgo relacionado con la resistencia a la insulina, su negativo efecto en la homeostasis de la glucosa y el aumento en sangre de proteína C-reactiva. No se descarta en todo caso que el aumento del riesgo pueda deberse a un exceso de peso o a un proceso autoinmune.

La explicación más plausible –se dice en el trabajo– es que el aumento de riesgo de padecer LADA entre los grandes consumidores de bebidas azucaradas esté relacionado con mecanismos que implican resistencia a la insulina y otras características fisiopatológicas compartidas con la diabetes tipo 2. Pero los resultados también apoyan la hipótesis de que sea el estrés de las células beta causado por la resistencia a la insulina lo que active el sistema inmune y por tanto sea la apoptosis de las células beta lo que provoque la diabetes”.

En todo caso lo que más sorprende del trabajo sueco es que bebidas dietéticas sin azúcares, endulzadas con edulcorantes sintéticos, puedan relacionarse con la aparición de diabetes tipo 2. Y de ahí que contactáramos con la propia Josefin E. Löfvenborg para manifestarle directamente nuestra sorpresa.

La verdad es que también para nosotros resultó sorprendente –nos confesó- así que hemos formulado algunas hipótesis sobre los posibles mecanismos. Una de ellas sería que el consumo de refrescos dietéticos estimula el apetito y eso hace aumentar la ingesta de alimentos, especialmente de dulces que lleven al sobrepeso, claro factor de riesgo también para la diabetes. Y otra que los edulcorantes artificiales también afecten negativamente al necesario equilibrio entre las especies microbianas ‘buenas’ y ‘malas’ del intestino y ello provocar intolerancia a la glucosa”.

No descartando tampoco que los resultados pudieran deberse al hecho de que entre los que dijeron en la encuesta beber refrescos dietéticos hubiera muchos que lo hacían porque habían decidido dejar poco antes las bebidas azucaradas para así intentar adelgazar. “”No podemos descartarlo como posible explicación -nos reconocería-. De hecho el grupo que consumía grandes cantidades de refrescos dietéticos era el que había tenido el mayor incremento anual promedio de su índice de masa corporal desde los 20 años”.

Lo que esos investigadores sí tienen en todo caso claro es que “la ingesta de bebidas azucaradas, en combinación con un estilo de vida poco saludable, perjudica la salud aumentado el riesgo de obesidad, diabetes y otras patologías -nos diría Josefin Löfvenborg-. Es pues preocupante que tantos adolescentes las consuman habitualmente”.

LA CIENCIA EN VENTA

Lo que es evidente es que si la sociedad ve como algo normal y de forma despreocupada el consumo de colas y bebidas refrescantes azucaradas y/o dietéticas es porque la industria lleva décadas haciendo creer que están ricas y son inocuas para la salud. Y lo ha hecho con la complicidad criminal de políticos y el silencio culpable y a menudo doloso de la inmensa mayoría de médicos y periodistas. Claro que para ello ha contado con científicos -algunos de presunto prestigio- que aceptaron promocionar y justificar con “trabajos” tal falacia a cambio de grandes cantidades de dinero. Se sabe desde hace mucho tiempo, lo ha denunciado esta revista de manera amplia y continuada y acaba de corroborarlo un equipo del Philip R. Lee Institute for Health Policy Studies de San Francisco (EEUU) coordinado por Cristin E. Kearns con un trabajo publicado en noviembre de 2016 en JAMA titulado Sugar Industry and Coronary Heart Disease Research. A Historical Analysis of Internal Industry Documents (La industria del azúcar y la investigación de las enfermedades del corazón. Análisis histórico de documentos internos de la industria). Se trata de un informe que da cuenta de documentos internos de la industria azucarera -miles de páginas- que esos investigadores descubrieron en archivos de la Universidad de Harvard, la Universidad de Illinois y otras según los cuales la Sugar Research Foundation (Fundación para la Investigación del Azúcar) -conocida hoy como Sugar Association (Asociación del Azúcar)- pagó en 1966 a tres importantes científicos de Harvard para que publicasen una “revisión” sobre los datos que existían hasta ese momento sobre el impacto del azúcar y la grasa en las enfermedades del corazón a fin de centrar la atención solo sobre ésta y eximir de responsabilidad al azúcar. Los documentos demuestran que fue el vicepresidente de esa fundación, John Hickson, quien ideó en 1964 el plan con otros ejecutivos de la industria para convencer a la opinión pública de las bondades del azúcar con “investigaciones”, “programas de información” y, posteriormente, “propuestas legislativas”. Y es que la Asociación Médica Americana había avisado dos años antes -en 1962- que las dietas de bajo contenido graso pero altas en azúcar estimulan el desarrollo de triglicéridos y colesterol y que otros trabajos indicaban que un exceso de grasa saturada y colesterol aumentan el riesgo de accidentes cardiacos. Ante lo que Hickson postuló que había que “financiar” trabajos que dijeran lo contrario para refutarlo y contratar a médicos y convertirlos en referencias médicas para dar credibilidad a los mismos.

Dicho y hecho: dos días después de que el New York Herald Tribune publicara -en julio de 1965- un artículo a toda página en el que se afirmaba que el azúcar en sangre estaba relacionado con la formación de placas la Sugar Research Foundation (SRF) aprobaba el llamado Proyecto 226, una supuesta revisión de la literatura científica sobre el metabolismo del colesterol que debía desacreditar los estudios que demostraban los peligros en tal sentido del azúcar para lo cual contrató a tres importantes investigadores de Harvard a los que pagó 6.500 dólares de la época (unos 49.000 dólares de hoy). Con control absoluto, revisando lo que se iba a publicar y dejando claro desde el principio que el resultado final tenía que ser favorable al azúcar.

Uno de esos investigadores fue el doctor Hegsted quien tras mostrarse dispuesto a “colaborar” puso sus condiciones a las que -según consta en uno de los documentos encontrados- se le respondió: “Somos muy conscientes de su particular interés y cubriremos sus necesidades lo mejor que podamos”.

El caso es que el 2 de noviembre de 1966 Hickson recibió el borrador definitivo para su aprobación y respondió así a sus autores: “Les aseguro que esto es exactamente lo que teníamos en mente”.

El artículo se publicaría en 1967 -en dos partes- nada menos que en el New England Journal of Medicine. Obviamente sin mencionar la relación entre la industria azucarera y los investigadores porque los autores de artículos científicos no estuvieron obligados a declarar sus conflictos de intereses hasta 1984.

Interrogados los actuales ejecutivos de la Sugar Research Foundation sobre el tema se limitaron a reconocer que debían “haber tenido mayor transparencia en todas las actividades relacionadas con la investigación” pero que “cuando los estudios en cuestión se publicaron las revelaciones sobre la financiación y las reglas de transparencia no eran la norma” y que, dicho eso, “es difícil para nosotros hacer comentarios sobre acontecimientos que supuestamente se produjeron hace 60 años”.

UN RETRASO IMPERDONABLE

Lamentablemente aquellos científicos de Harvard y los ejecutivos de la industria del azúcar con los que colaboraron ya no viven pero su vergonzoso comportamiento lo han sufrido y sufren aún en sus cuerpos cientos de millones de personas. La influencia de uno de ellos, el Dr. Marcos Hegsted, fue además de tal calibre que fue responsable de las guías nutricionales del Departamento de Agricultura norteamericano. Y eso explica que en 1977 lograra que oficialmente se considerara a las grasas saturadas las principales responsables de las enfermedades cardiovasculares y el azúcar solo de la caries dental.

En cuanto al Dr. Fredrick J. Stare, otro conocido testaferro de la industria, llegó a ser presidente del Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard a pesar de que sus trabajos estuvieron habitualmente rodeados de grandes controversias. De hecho ya en abril de 1973 la publicación The Present Illness incluyó un diagrama con sus conexiones en la industria alimentaria y denunció que su departamento había recibido regalos de General Foods, Nestlé, Kellogg, Nabisco, la Asociación del Azúcar y el Instituto de Cereales.

Tales son quienes, junto a otros muchos científicos de similar ética posteriormente “contratados” por la industria, han llevado a la sociedad a admitir el irracional consumo de azúcar, presente hoy en casi todas las colas, refrescos, chuches, conservas y alimentos procesados.

Agregaremos que el artículo de denuncia se acompaña de un editorial escrito por la profesora de Nutrición de la Universidad de Nueva York Marion Nestle titulado Food Industry Funding of Nutrition Research. The Relevance of History for Current debates (La industria alimentaria financia investigaciones sobre nutrición. La relevancia de la historia en los actuales debates en el que afirma: “Puede que este incidente de hace 50 años parezca una vieja historia pero es relevante porque responde a varias preguntas actuales como si es cierto que las empresas alimentarias se propusieron deliberadamente entonces manipular la investigación científica a su favor. Y la respuesta es sí… y sigue haciéndolo. En 2015 el New York Times obtuvo correos electrónicos que revelan las relaciones de Coca Cola con investigadores patrocinados por ella para realizar estudios dirigidos a minimizar los efectos de las bebidas azucaradas en la obesidad. Y Associated Press obtuvo recientemente correos electrónicos que demuestran que una asociación comercial de caramelos financió e influyó en los estudios para demostrar que los niños que comen dulces tienen un peso más saludable que los que no los consumen. Hablamos de resultados con graves implicaciones para la salud pública” (vea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Coca-Cola, acusada de subvencionar a científicos para que desmientan los efectos perjudiciales de sus bebidas publicó la revista en el nº 187).

Stanton Glantz, profesor de Medicina de la Universidad de California, declararía sobre todo esto al New York Times: “Esa gente, con su comportamiento, fue capaz de descarrilar el debate sobre el azúcar durante décadas”.

Marion Nestle concluye su editorial con una reflexión de futuro en la misma línea de alerta que Discovery DSALUD mantiene desde hace años: “Los autores de la denuncia instan a los políticos a valorar los estudios que financia la industria con escepticismo y se trata de un excelente consejo. La divulgación de las fuentes de financiación ayuda pero no es suficiente para abordar los potenciales conflictos. Sus autores han hecho a la comunidad de Ciencias de la Nutrición un gran servicio público desvelando este histórico episodio que advierte a los responsables de la formulación de políticas, investigadores, clínicos, revisores, editores de revistas y periodistas de la necesidad de considerar el enorme daño que a la credibilidad científica y la salud pública producen los estudios financiados por empresas alimentarias con intereses en ellos. Hay pues que encontrar nuevas formas de financiarlos y divulgarlos así como de controlar los posibles conflictos de intereses”.

 

 Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
PORTADA 201
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Febrero 2017
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